martes, 26 de enero de 2010

DIEZ AÑOS DEL PLAN COLOMBIA: PLOMO, MÁS PLOMO Y NEOLIBERALISMO


Jueves, 21 de Enero de 2010 09:07 Aurelio Suárez Montoya Colombia

En Estados Unidos, donde se conoció en primer lugar y en inglés el texto del Plan Colombia, se aprobó bajo la denominación de Alianza Act, ley S1758, presentado por los senadores republicanos Coverdell, Dewine y Glaseley. Dentro del capítulo “Focos Integrados del Plan”, se planteaba como objetivo central (para Estados Unidos) la reducción en seis años en un 50% de los cultivos y en igual proporción de la producción de cocaína. En el Congreso de Colombia jamás se discutió, y mucho menos se aprobó, no obstante, luego de una década, en dicho Plan se condensó la estrategia general del país en todos los órdenes, lo cual impele necesariamente a hacer un balance de los efectos del mismo.

Del documento preliminar al respecto, elaborado en octubre de 2008 por Jo Biden actual vicepresidente de Estados Unidos y entonces presidente del comité de relaciones exteriores del Senado, “Plan Colombia: Las metas en reducción de drogas no fueron alcanzadas, pero la seguridad ha mejorado…”, se deduce que los fines con los que se justificó no se lograron. No resultó porque Colombia haya incumplido sus compromisos, al contrario, luego de un enorme costo fiscal y de miles de vidas, es centro mundial de producción y comercio básico de cocaína.

¿En qué se invirtieron entre 1999 y 2008 los 52.241 millones de dólares, que el país ha prodigado en este Plan, de un valor total de 58.688 al que hasta entonces había llegado? El monto mayor, 37.209 millones, (75 billones de pesos de hoy, un promedio de 7,5 billones al año, casi más del 3% del PIB por año en dicho periodo) se ha gastado en triplicar el rubro de seguridad y defensa y en duplicar el número de efectivos de la fuerza pública. Colombia se convirtió, a la larga, en uno de los países que más gasta con estos fines en el mundo y, si se evalúa en el contexto de las cuentas presupuestales ejecutadas, este importe puede equivaler a la mitad del valor de toda la deuda contratada entre diciembre de 1999 y diciembre de 2008, es decir, uno de cada dos pesos del endeudamiento público se ha ido en el conflicto.

La “ayuda” norteamericana, tan publicitada y que se muestra indispensable, aún excluyendo las demás colaboraciones del extranjero, es solamente el 11% del importe total del Plan. Además ha tenido dos condiciones: una, desde 2003, la Contraloría advirtió que el 75% de esa “ayuda” era manejada por agencias gringas; y, otra, la mitad corrió para contratos con las empresas del complejo militar-industrial norteamericano; esto es, negocios (de yo con yo) fundados en la lucha contra el narcotráfico en Colombia, aún sin importar si se alcanzan o no las metas.

Un vínculo entre este Plan y los acuerdos con el FMI, en la misma década, que persiguieron la reducción del gasto social y el aumento del recaudo de impuestos por la vía de contribuciones indirectas como el IVA para ampliar la capacidad de crédito del gobierno central, lleva a concluir que en todas las imposiciones de política económica neoliberal del Fondo van ocultos, entre sus muchos perversos propósitos, el de buscar espacios para compra de armamento y gasto bélico. Un verdadero oprobio. Por algo hay documentos cruzados con el FMI donde se especifica el aval para los compromisos con el Plan Colombia y por lo mismo un capítulo amplio del Plan se titula “reencauzando la economía”. ¿Qué tal esto? El futuro está marcado. Con la indigna cesión de soberanía, y toda suerte de prebendas, para la operación de fuerzas de Estados Unidos en siete bases militares colombianas y que pueden extenderse a todo el territorio patrio, continuará la afrenta del Plan Colombia. A partir de 2007 ya tuvo su segunda versión hasta el 2013, con dos componentes claves: “lucha contra el terrorismo” y “apertura de mercados”. Se recrudecerá el teatro de guerra. Adam Isacson, del Center for International Policy, que patrocina una política de “acción integrada” del Estado en la consolidación de los territorios donde se ha expulsado la guerrilla, exige ante todo, un “esfuerzo militar intensivo”, coordinado entre el Ejército de Colombia y el Comando Sur de US Army. Sin ello, agrega, los programas sociales no fructificarán. Parece cumplirse la premonición de Kissinger en 2001, respecto al Plan Colombia: “soy especialmente sensitivo cuando los conflictos armados comienzan con fines nobles, pero lamentablemente siempre terminan en un punto muerto, sin ilusiones,...acaban por convertirse en una amenaza para la estabilidad y la seguridad”. Así vamos…, por tanto, seguirá plomo y más plomo y, desde luego, más neoliberalismo para financiarlo.

Bogotá, 20 de enero de 2010

http://www.desdeabajo.info/index.php/actualidad/colombia/6182-diez-anos-del-plan-colombia-plomo-mas-plomo-y-neoliberalismo.html

UN BALANCE DE LA ''LARGA NOCHE NEOLIBERAL''

La búsqueda de nuevas formas para combatir la pobreza y la desigualdad en América Latina es un imperativo para las nuevas generaciones
Un balance de la “larga noche neoliberal”


Santiago Munevar

Rebelión




“Entonces América Latina se reformó”

Paul Krugman [1]



“Una estrategia de reforma que prometió crear una prosperidad sin precedentes
ha fracasado de una manera casi sin precedentes”


Joseph Stiglitz [2]



El neoliberalismo parece ser hoy en día el culpable de todos los males en América Latina. Los dirigentes de izquierda no pueden evitar nombrar esta palabra cuando se trata de encontrar la causa de algún problema. Con el viraje a la izquierda de gran parte de los gobiernos latinoamericanos desde comienzos del siglo XXI, la “larga noche neoliberal” parece haber llegado a su fin, al menos en gran parte de los países. A partir de la segunda mitad de la década de 1970 pero principalmente después de la crisis de la deuda que estalló en 1982, América Latina empezó a verse sometida a los famosos “Planes de Ajuste Estructural” (PAE). Estas reformas económicas, propias al neoliberalismo que empezaba a reinar en el mundo, tuvieron un impacto social considerable y crearon un descontento general hacia las instituciones democráticas de la región. El objetivo de este artículo no es hacer una crítica ideológica más de estos acontecimientos, las cuales abundan, sino intentar caracterizar los principales cambios y transformaciones que tuvieron lugar en las últimas dos décadas e intentar esclarecer con estadísticas cuál fue el real impacto social de estas medidas.

“Para mediados de los años ochenta, muchos economistas latinoamericanos habían abandonado los viejos puntos de vista estatales de los años cincuenta y sesenta a favor de lo que llegó a conocerse como el Consenso de Washington: la mejor manera de lograr el crecimiento era a través de presupuestos viables, una inflación baja, mercados desregulados y libre comercio” [3]. Así como lo dice Krugman sucedió, la mayoría de los países de América Latina tuvieron que someterse a una reestructuración de sus economías para poder pagar las deudas que habían contraído con los organismos internacionales: el FMI y el Banco Mundial. Los pilares del Consenso de Washington fueron la austeridad fiscal, la privatización y la liberalización de los mercados [4]. En palabras de los más críticos del neoliberalismo, el “pensamiento único” llevó a cabo una “fetichización del mercado, la satanización del Estado y la instrumentalización de lo social en función de nuevas formas de acumulación capitalista” [5]. Chile se irguió como el laboratorio de estas políticas durante la dictadura de Pinochet a partir del golpe de Estado de 1973. El sistema político en el que se instauraban las medidas no tenía por qué ser una democracia liberal, como lo muestra el ejemplo de Chile, y estas palabras de von Hayek, padre del neoliberalismo, lo dejan claro, «Un dictador puede gobernar de manera liberal, así como es posible que una democracia gobierne sin el menor liberalismo. Mi preferencia personal es una dictadura liberal y no un gobierno democrático donde todo liberalismo está ausente» [6]. México fue otro caso ejemplar, en donde a finales de los años setenta, el hallazgo de petróleo, el alto precio de éste y los grandes préstamos de los bancos extranjeros [7] hicieron que la economía entrara en un boom que fue insostenible y creó un desequilibrio en la balanza de pagos, lo que generó su incapacidad para el pago de la deuda. Pero ¿cuáles fueron realmente las transformaciones que se llevaron a cabo y cuál fue el impacto social?

El crecimiento económico estuvo lejos de cumplir con las promesas. Como lo dice Atilio Boron, “Cabe señalar que el pobre desempeño económico de la era neoliberal difícilmente pueda ser considerado como sorprendente (…) Difícilmente podría haber sido más decepcionante” [8]. “Mientras la tasa de crecimiento medio del PIB latinoamericano durante las décadas de 1960 y 1970 era respectivamente del 5,32% y del 5,86%, ha pasado al 1,18% durante la década perdida de 1980, y a 3,05% durante la década de 1990. Aun admitiendo que el crecimiento vigoroso del periodo precedente, basado en un modelo de “sustitución de importaciones” por la producción local, se caracterizaba por un horizonte de sostenibilidad limitada, los rendimientos del modelo neoliberal son globalmente desastrosos” [9]. Queda claro entonces que el rendimiento económico fue limitado. Ahora, ¿se hizo realidad aquella teoría del “derrame” que sostenía que el crecimiento (sin tener que ser muy grande) iba a generar una abundancia suficiente para todos mediante un proceso de “derrame” de las riquezas creadas?

Para responder a esta pregunta miremos cómo fluctuaron los índices de pobreza e indigencia durante estas décadas. En 1980, el número de personas pobres era de 135,9 millones, cifra que representaba el 40,5% de la población total, en 1990 eran ya 200,2 millones de personas bajo el nivel de pobreza (48,3%) y en 1999 los pobres sumaban 211,4 millones (43,8%). Los indigentes eran 62,4 millones (18,6%) en 1980, 93,4 millones (22,5%) en 1990 y 89,4 millones (18,5%) en 1999. El número de pobres aumentó entonces 75,5 millones a lo largo del período. A pesar de que hubo pequeñas variaciones, al parecer los grifos se quedaron cerrados y el derrame nunca llegó. Por su parte, la CEPAL afirma que “Los procesos de recesión, auge y estancamiento económicos por los que pasaron los países de América Latina en los años ochenta y noventa, afectaron significativamente los niveles de pobreza e indigencia” [10]. Sin embargo, la década de los noventa se caracterizó por las reformas de “segunda generación” o “Consenso de Washington plus” que tenían como objetivo un replanteo de las formulaciones originales, con el fin de combatir la pobreza y la desigualdad. Se pretendió construir un “capitalismo de rostro más humano” [11]. Estas nuevas medidas hicieron menos fatal el rumbo de los pobres pero no lograron impedir la tendencia general. Un caso excepcional fue el de Chile, cuyo índice de pobreza total era de 33,3% en 1990 y se redujo a 16,6% en el año 2000. No obstante, en el otro extremo está Venezuela que es tal vez el país que más sufrió durante esta década. El índice de pobreza pasó de 34,2% en 1990 a un 44% en 1999 [12]. Sin entrar en detalles, podemos concluir que las políticas de ajuste en la región no favorecieron la reducción de la pobreza y en algunos casos la situación se agravó. Para algunos analistas, como Noam Chomsky, “En vez de combatir la pobreza, los gobiernos neoliberales se han dedicado a combatir a los pobres” [13].

Paralelamente, según estadísticas del propio FMI, “a lo largo de los últimos veinticinco años (1982-2007) los ingresos por habitante en América Latina aumentaron apenas el 10%, contra el 82% entre 1960 y 1980” [14]. Otro dato interesante es la desigualdad en la distribución del ingreso. En el mundo “la diferencia entre el ingreso de la quinta parte de los seres humanos que viven en los países más ricos y el de la quinta parte de los que habitan en los países más pobres llegaba a 74 a 1 en 1997 contra 60 a 1 en 1990 y 30 a 1 en 1960 (…) El 20% de la población mundial que vive en los países más ricos se divide el 86% del PIB mundial contra apenas el 1% para (el 20%) los más pobres” [15]. América Latina no se escapó a esta tendencia evidentemente. La CEPAL dice al respecto, “De 17 países analizados, sólo dos, Uruguay y probablemente Honduras, finalizaron la década con avances en materia de igualdad distributiva. Incluso allí donde se logró mantener un ritmo de crecimiento alto y sostenido, como en Chile, la distribución del ingreso mostró una enorme rigidez y persistieron las disparidades” [16]. Finalmente, el desempleo tampoco salió bien librado. Entre 1982 y 1984 la tasa de desempleo varió del 6,9% al 8,7%. Luego, esta tasa volvió a caer hasta situarse en 6,2% en 1991 pero se elevó al 8,1% en 1996 [17]. En el año 2002 el porcentaje de desocupados era del 11% [18]. Cabe notar que no solamente ha aumentado el número de desempleados sino que las condiciones de trabajo se han degradado: “El trabajo, que es el recurso más importante de los grupos de ingresos medios y bajos, se ha visto afectado por la apertura externa, las exigencias de la competitividad y la flexibilización del mercado laboral. En este marco, se ha incrementado la tendencia secular a la desocupación estructural y la informalidad, lo cual ha estado acompañado de la precarización del empleo, del debilitamiento de las organizaciones sindicales y la disminución de su capacidad de negociación” [19].

Habiendo llegado a este punto, tenemos un coctel un tanto peligroso. Una tasa de crecimiento incipiente, una pobreza que no para de crecer, una desigualdad alarmante que tampoco se sale de su tendencia a aumentar, un desempleo terco que no quiere responder a las políticas de liberalización y una precarización del empleo que conduce a una mayor vulnerabilidad de los hogares frente a la pobreza. Estos son los impactos sociales de aquella “larga noche neoliberal” de la que tanto se habla actualmente. Para Stiglitz, “el problema radicó en que muchas de esas políticas se transformaron en fines en sí mismas, más que en medios para un crecimiento equitativo y sostenible. Así las políticas fueron llevadas demasiado lejos y demasiado rápido” [20]. A todos los elementos analizados en al artículo, hay que añadir que muchos de los responsables económicos de la región no optaron por políticas macroeconómicas de tipo intervencionista para aliviar los problemas de la pobreza y la miseria por miedo a no tener una buena calificación ante los ojos de los inversionistas, por el “juego de la confianza” del que habla Krugman [21]. En este contexto social degradado surgieron voces de protesta como la revuelta zapatista de México en 1994 contra el neoliberalismo, las guerras del agua y del gas en Bolivia, la destitución de sucesivos presidentes en Ecuador, el “Caracazo” en Venezuela, entre otras. Se puede atribuir gran parte de la causa del viraje a la izquierda en América Latina al agotamiento de este modelo neoliberal. Para finalizar, este contexto creó un “anhelo de cambio de los pueblos latinoamericanos, (…) una búsqueda de alternativas” [22], un deseo de mejorar la eficiencia de las instituciones, que como lo afirma la CEPAL, estas mejoras en eficiencia “están íntimamente ligadas a una mayor participación ciudadana”. La búsqueda de nuevas formas para combatir la pobreza y la desigualdad se volvió un imperativo para las nuevas generaciones. Los mecanismos de la democracia participativa, como el famoso caso de Porto Alegre, pueden llegar a ser bastante apropiados para esta búsqueda.

NOTAS


[1] KRUGMAN Paul, De vuelta a la economía de la gran depresión y la crisis del 2008, Grupo editorial Norma, 2008, p. 45.

[2] STIGLITZ Joseph E., "El rumbo de las reformas. Hacia una nueva agenda para América Latina", Revista de la CEPAL, n°80, agosto de 2003, citado en SAINT-UPÉRY Marc, El sueño de Bolívar, Ediciones Paidós Ibérica, 2008, p. 13.

[3] KRUGMAN, op. cit., p.45.

[4] STIGLITZ Joseph E., El Malestar en la globalización, Ediciones Taurus, 2002, p.81.

[5] VARONA Adalberto, "Crisis del capitalismo neoliberal y reformas al Consenso de Washington", Cuadernos de Nuestra América, No. 35 – 36 Vol. XVIII, enero-diciembre de 2005, p.9.

[6] Respuesta de von Hayek a un periodista chileno en 1981, citado por TOUSSAINT Eric en "De Friedman y von Hayek a Greenspan pasando por el dúo Banco Mundial-FMI. Los dogmas neoliberales", 25 de septiembre de 2009, http://www.cadtm.org/De-Friedman-y-von-Hayek-a .

[7] KRUGMAN, op. cit., p.45.

[8] BORON Atilio, “Después del Saqueo: el Capitalismo Latinoamericano a Comienzos del Nuevo Siglo” in Estado, Capitalismo y Democracia, CLACSO, 2004, p. 23.

[9] SAINT-UPÉRY Marc, El sueño de Bolívar, Ediciones Paidós Ibérica, 2008, p. 13.

[10] Una década de desarrollo social en América Latina 1990 - 1999, CEPAL, marzo de 2004, p. 33.

[11] VARONA, op. cit., p.23.

[12] Una década de desarrollo social en América Latina 1990 - 1999, CEPAL, marzo de 2004, p. 36.

[13] BORON, op. cit., p.29.

[14] SAINT-UPÉRY, op. cit., p.13.

[15] PNUD Informe mundial sobre el desarrollo humano, De Boeck, Bruselas, 1997, p.2, citado en DUMÉNIL et LÉVY, Crisis y salida de la crisis: orden y desorden neoliberales, Fondo de Cultura Económica, 2007, p. 18.

[16] Una década de desarrollo social en América Latina 1990 - 1999, CEPAL, marzo de 2004, p. 98.

[17] Estadísticas del BID, El desempleo en América Latina y el Caribe a mediados de los años 90, por Gustavo Márquez, OCE/BID, agosto de 1998, p. 4.

[18] Estadística de la CEPAL citada en el artículo “Cae desempleo y aumenta trabajo en América Latina”, Los Tiempos, 07 de diciembre de 2006, http://www.lostiempos.com/diario/actualidad/economia/20061207/cae-desempleo-y-aumenta-trabajo-en-america-latina_28276_28276.html

[19] Una década de desarrollo social en América Latina 1990 - 1999, CEPAL, marzo de 2004, p. 68 – 69.

[20] STIGLITZ Joseph E., El Malestar en la globalización, Ediciones Taurus, 2002, p.81.

[21] KRUGMAN, op. cit., p.45.

[22] VARONA, op. cit., p. 29.



http://www.rebelion.org/noticia.php?id=99173

SUSPENSIÓN TEMPORAL - CABLEOPERADORA SUSPENDEN CUATRO CANALES POR INCUMPLIR LEYES VENEZOLANAS

Las cableoperadoras suspendieron temporalmente este domingo en horas de la noche cuatro canales de producción nacional por no cumplir con la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión vigente.

A través de un comunicado que aparece en las pantallas de los canales suspendidos: American Network, America TV, Radio Caracas Televisión (RCTV) y TV Chile, las cableoperadoras exhortan a los referidos servicios de producción nacional audiovisual a dar cumplimiento inmediato a la ley, “a fin de restablecer sus servicios en la grilla de programación”.

A continuación se presenta el texto íntegro del comunicado emitido por las cableoperadoras:


Comunicado a los suscriptores

Es nuestro deber de velar por el cumplimiento de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión. Hemos detectado que determinados servicios de producción nacional audiovisual no han cumplido con las normas impuestas por el ordenamiento jurídico vigente y por tanto los siguientes canales: American Network, America TV, RCTV y TV Chile, deben ser suspendidos temporalmente de la parrilla de programación hasta tanto den cumplimiento a la normativa legal vigente.

Exhortamos a los referidos servicios de producción nacional audiovisual a dar cumplimiento inmediato a la ley y a la norma técnica, a fin de restablecer sus servicios en nuestra grilla de programación


El presidente de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), Diosdado Cabello, exhortó este sábado a las operadoras de televisión por cable a dar cumplimento al artículo 13 de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, el cual obliga a los canales considerados como productores nacionales audiovisuales a regirse por lo establecido en las leyes venezolanas.

En rueda de prensa realizada este sábado desde la sede principal de Conatel, en Las Mercedes, Cabello explicó que son las cableoperadoras las que están obligadas a hacer que los canales de televisión que forman parte de su parrilla de programación cumplan lo establecido en la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, Ley Orgánica de Telecomunicaciones y la Constitución Nacional.

De lo contrario, sostuvo Cabello, será a la operadora de cable a la que se le abrirá un procedimiento administrativo.

En ese sentido, reiteró que Conatel no pretende “cerrar” ningún canal como han hecho ver algunos sectores de oposición, “han sido las propias operadoras de cable las que han notificado a Conatel cuales canales están incumpliendo y es responsabilidad de éstas mantenerlos en su parrilla de programación”, dijo.

Cabello recordó que los canales que posean más de 70% de programación nacional están calificados como Productores Nacionales Audiovisuales, por lo tanto deben cumplir, entre otras normas, con: transmisión del Himno Nacional; especificación del tipo de producción y tipos de elementos; transmisión de programas de acuerdo a lo regulado por horarios todo usuario y supervisado; y transmisión de mensajes y alocuciones oficiales.

Fuente: http://abn.info.ve/noticia.php?articulo=217083&lee=3

domingo, 17 de enero de 2010

LA FIEBRE DEL COLTÁN: EL IMPERIALISMO CONTINÚA


Coltán, materia prima para nuevas tecnologías


- En las provincias del este de Congo Kinshasa se encuentra el 80 % de las reservas mundiales de coltan. Allí han puesto sus ojos las grandes multinacionales, en un fenómeno que la misma Madeleine Albright denominó como “la primera guerra mundial africana”.
El Imperialismo es un concepto pasado de moda para la mayor parte de los historiadores profesionales. Se lo puede o no reconocer vigente cuando se discute “política” actual, pero son muy pocas las veces que oímos hablar “de él” en las discusiones académicas. Claro que su aceptación o rechazo, su vigencia o su reemplazo, dependen del significado que se le otorgue, y dependen, en especial de la perspectiva política (reconocida o no) del que escribe, pero en general parece ser considerada una categoría “política” o anacrónica, sin demasiada importancia para los que estudiamos historia.

Sin embargo desde nuestra perspectiva, la historia que aquí esbozamos no puede ser aprehendida en sus rasgos más importantes si no retomamos la conceptualización que hiciera Lenin a principios del Siglo XX, y que no muchos otros desarrollaran y especificaran para épocas diferentes y países del tercer mundo. Además queremos dejar en claro, en una polémica que se cierne sobre nuestras cabezas mediáticas, que el contenido que el propio Lenin dio al concepto (más bien deberíamos decir el entramado conceptual) es originaria y esencialmente distinto de los significados predominantes hoy sobre el Imperialismo, muy cercanos, quizás a las desventuras de nuestro sentido común, guiado por la simplicidad y la ideología reproductora del orden. De otra manera, recuperamos las coordenadas básicas de la conceptualización leninista para ponerla en el terreno de la lucha por la construcción (que es permanente) de nuestro sentido común, sobretodo en lo que hace a la dilucidación de lo que constituyen los rasgos más significativos del capitalismo hoy, “pues sin si estudio será imposible valorar y comprender la política actual”.

Haremos desde aquí un sintético viaje al Africa Central. Y ustedes dirán, ¿en busca del Imperialismo? No, no, no. Iremos buscando el coltan, o si se prefiere, el colombio-tántalo. Lenin, por supuesto, no sabía de la existencia de este mineral de tan grandes propiedades...mercantiles. El coltan es la conjunción de dos minerales considerados materias primas estratégicas para el desarrollo de las nuevas tecnologías.

De acuerdo a lo que parecen ser propiedades fisico-químicas “mágicas”, este mineral es fundamental para las industrias de aparatos electrónicos, centrales atómicas y espaciales, misiles balísticos, video juegos, aparatos de diagnóstico médico no invasivos, trenes sin ruedas (magnéticos), fibra óptica, etc.. Sin embargo el 60 % de su producción se destina a la elaboración de los condensadores y otras partes de los teléfonos celulares. El coltan permite que uno de los sueños occidentales se haga realidad, con él las baterías de los minicelulares de bolsillo mantienen por más tiempo su carga, ya que los microchips de nueva generación que con él se elaboran optimizan el consumo de corriente eléctrica. Después de ser usado en un principio para los filamentos de las “lamparitas”, luego fue reemplazado en esta función por el más barato y accesible tugsteno, y parecía condenado al olvido.

Sin embargo en las últimas décadas el valor volvió a preñar al coltan, volvió a darle vivacidad, a convertirlo en mercancía. Mucho más cuando se produjo el boom comercial de los teléfonos móviles que en número de 500.000 inundaron el mercado en el 2000. Desde unos años antes, sin embargo, el colombio-tantalio que era extraído en Brasil, Australia y Tailandia había empezado a escasear. La japonesa Sony, por ejemplo, tuvo que aplazar el lanzamiento de la segunda versión del juguete preferido de los niños occidentales, el Play Station, debido a este incordio. El gran aumento de la demanda ha hecho establecer un mercado ilegal paralelo en el Africa central. Nótese el resultado de esta nueva “fuerza del mercado”: 3 millones de muertos en cuatro años. Veamos.

Para muchos países africanos, a finales del siglo XX, la devaluación de los productos agrícolas, y la desertificación, provocaron una fuerte revalorización de sus recursos mineros, nueva fase del errante camino para relacionarse con el mercado internacional. En las provincias del este de la República Democrática del Congo (RDC, Zaire), consideradas por la UNESCO reservas ecológicas de gran importancia, se encuentra el 80 % de las reservas mundiales de coltan. Allí han puesto sus ojos, sobretodo en los últimos diez años, las grandes multinacionales: Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi, IBM y muchas otras. Se han formado en la zona toda una serie de empresas (muchas de ellas “fantasmas”) asociadas entre los grandes capitales transnacionales, los gobiernos locales y las fuerzas militares (estatales o “guerrilleras”) para la extracción del coltan y de otros minerales como el cobre, el oro y los diamantes industriales. Las grandes marcas comenzaron la disputa por el control de la región a través de sus aliados autóctonos, en un fenómeno que la misma Madeleine Albright llamó “la primera guerra mundial africana”.

En 1997 fue derrocado el presidente congoleño Mobutu Sese Seko, de estrecha relación con los capitales imperialistas de origen francés. Kagame (sic), actual presidente de Ruanda, quién estudió en centros militares de EE.UU. e Inglaterra, y Museveni, presidente de Uganda, país considerado por Washington, un ejemplo para las naciones africanas, lideraron la conquista de la capital de la RDC, Kinshasa, y pusieron a cargo de este país a un amigo, Laurent Kabila. En un nuevo reparto se dispusieron concesiones mineras para empresas varias entre las cuales figuran la Barrick Gold Corporation, de Canadá, la American Mineral Fields (en la que Bush padre tenía intereses) y la surafricana Anglo-American Corporation, todo ello en desmedro de las antiguas “concesionarias” francesas.

En los años transcurridos hasta hoy han disputado la guerra dos bandos no demasiado estrictos. Ruanda, Uganda y Burundi, apoyados por los EE.UU., solventados por créditos del FMI y el Banco Mundial, y ligados a varias milicias “rebeldes” con nombres exóticos (Movimiento de Liberación del Congo, Coalición Congoleña para la democracia), por un lado, y la RDC (liderada por uno de los hijos de Kabila, luego de que su padre fuese asesinado por ruandeses), Angola, Namibia, Zimbabue y Chad y las milicias (hutus y maji-maji) correspondientes, por otro. En 1999 se establecieron las líneas divisorias entre las fuerzas opuestas, en el Acuerdo de Lusaka, una suerte (siempre provisional) de reparto del territorio, a la usanza de la Conferencia de Berlín de 1885, donde las potencias europeas se distribuyeron el continente para facilitar el saqueo y explotación . Una de las posibilidades futuras es, entonces, la partición de la RDC.

Si todas estas naciones se disputan el control del territorio, desde otra perspectiva son las propias corporaciones las que están repartiéndose la zona. Se han creado distintas empresas mixtas con este fin, la más importante de las cuáles es la SOMIGL (Sociedad Minera de los Grandes Lagos) que está integrada por tres sociedades: la Africom (belga), la Promeco (ruandesa) y la Cogecom (surafricana). Todas las licencias para la compra-venta del coltan fueron suprimidas a fines del 2000. Las fuerzas militares ruandesas ligadas a la SOMIGL han logrado de esta manera evitar el “gasto” de intermediarios, controlan monopólicamente la comercialización del coltan. Sus camiones y helicópteros hacen el traslado interno. Poseen, por supuesto, sus propias compañías de transporte que son propiedad de parientes cercanos a los presidentes de Ruanda y Uganda. Utilizan los aeropuertos de Kigali y Entebe entre otros. En estas verdaderas zonas militares las compañías aéreas privadas (una de las cuales - Sabena - de origen belga, está asociada a American Airlines) ingresan armas y se llevan minerales.

La mayor parte del coltan extraído (luego de ser acumulado hasta subir los precios) tiene como destino los EE.UU., Alemania, Bélgica y Kazajstán. La filial de Bayer, Starck, es la productora del 50% del tantalio en polvo a nivel mundial. Con el tráfico y la elaboración están vinculadas decenas de empresas, con participación en grandes corporaciones monopólicas de diversos países. Naturalmente “una entidad financiera, creada en 1996 con sede en la capital de Ruanda - Kigali - , el Banco de Comercio, Desarrollo e Industria (sic, BCDI) y que ejerce de corresponsal del CITIBANK en la zona , mueve fuertes sumas de dinero procedente de las operaciones relacionadas con coltan, oro y diamantes” .

Es de nuestro interés destacar cómo, para este negocio, se relacionan estrechamente los grandes capitales monopólicos de las grandes potencias con los poderes y capitales locales, a través de las formas típicas del capital imperialista : las asociaciones monopolistas de comercio, industria y bancos (organizadas a través del mecanismo de la participación, que ya destacara el propio Lenin) y la vinculación entre empresas privadas, estados y familiares del gobierno . No se trata de malas personas y gobernantes corruptos, estamos ante los mecanismos arquetípicos del imperialismo. Véase un ejemplo: “ Eagle Wings Resources (EWR) es una joint-venture (empresa d


"Primera Guerra Mundial Africana"

© afrol News

e riego compartido) entre la americana Trinitech y la holandesa Chemi Pharmacie Holland.

El representante local de EWR en la capital de Ruanda es Alfred Rwigema, el cuñado del presidente Paul Kagame. La ONU acusa al presidente ruandés de jugar un papel motor en la explotación de los recursos naturales de la RDC”.

Las grandes empresas financian, por supuesto, a las distintas fuerzas militares, que montadas en los preexistentes conflictos interétnicos, sostienen una guerra por el control de las minas, en la que en los últimos cuatro años han muerto entre 2,5 y 3 millones de personas. Ruanda y Uganda han diseminado unos 40.000 soldados, que cuentan con los mejores equipos, en los Parques Nacionales de la RDC, donde se hallan las reservas. Según el mismo Kofi Annan ha declarado: “la guerra del Congo se libra por el control de sus riquezas naturales”. En un informe del IPIS (investigación del Servicio de información para la Paz internacional independiente) se demuestra que las sociedades europeas y norteamericanas que comercian con el coltan contribuyen a la financiación de la guerra. Tienen un gran interés en que continúe la “inseguridad” para permanecer en el Congo a través de las tropas guerrilleras.

En las minas aluvionales trabajan diariamente más de 20.000 mineros, bajo un sistema represivo organizado por las fuerzas militares y los poderes locales - de los dos bandos en disputa. Estas pagan a los trabajadores unos diez dólares por kilo de coltan (que en el mercado de Londres cotiza alrededor de 250-300 dólares) y exigen además a estos para “permitirles” trabajar que se pongan con una cucharada diaria del mágico mineral, especie de tributo en especie, con el que recaudan alrededor de un millón de dólares mensuales.

La fuerza de trabajo aquí utilizada está compuesta fundamentalmente por ex campesinos y ganaderos (luego de que se devaluara la producción agrícola congoleña para la exportación - algodón y otros productos), que se alejan por largos períodos de sus comunidades y familias, refugiados, prisioneros de guerra (sobretodo hutus) a los que se les promete una reducción de la condena, además de miles de niños de la región, cuyos cuerpos pequeños pueden fácilmente adentrarse en las minas a ras de tierra. El reclutamiento de esta mano de obra opera en una doble dimensión, mercantil y coercitiva, en un doble mercado de trabajo. Las zonas mineras y las zonas de operación militar terminan por confundirse. Las migraciones frecuentes desde otras regiones hambreadas (entre 5 000 y 10 000 personas por año) son, muchas veces, definitivas, si observamos el número de muertos. Las poblaciones vecinas reclutadas a trabajar y trasladadas por la fuerza, sirven de cantera de mano de obra para esta empresa capitalista; hostigadas por grupos armados han abandonado sus residencias o se han convertido en mineros. Estos trabajadores rescatan coltan de sol a sol, y duermen y se alimentan en la selva montañosa de la zona. Se reproducen en las comunidades y en la selva por sus propios medios, alimentándose elefantes y gorilas autóctonos, mientras las guerrillas comercializan cueros y marfil.

En otros términos: el capital, por lo tanto, no se encarga de la totalidad de la reproducción de esta fuerza de trabajo, que además de aportar en la producción de plusvalía (del coltan), aporta una especie de renta en trabajo metamorfoseada. Superexplotación: los mineros dan valor al coltán con su trabajo, pagan un tributo al estado local y además trabajan para conseguir los medios de supervivencia, alimento y refugio. Superbeneficio para el capital invertido que obtiene tasas de ganancia exorbitantes, realizadas con el sustento indispensable de la represión y el trabajo forzado. Como es tradicional en África, el racismo, la xenofobia y la ideología discriminatoria en general, son esenciales para el funcionamiento de este doble mercado de trabajo (asalariado y forzado - no libre). Aquí se monta específicamente en los conflictos interétnicos: son reclutados en especial los pigmeos y los hutus.

El capital imperialista que desde siempre (sobretodo desde la colonización de África a fines del siglo XIX) contó con el poder local, sostenido “consuetudinariamente”, para la provisión y reproducción de mano de obra barata, encuentra a través de los mecanismos descriptos, una forma de su “actualización” (neocolonización dicen algunos). El trabajo forzado fue abolido por ley luego de la independencia, en la mayoría de los países africanos, pero como está sostenido en las particulares relaciones de poder consuetudinario de obediencia al jefe local, continua existiendo. Salongo lo llaman en el Congo actual. Los funcionarios de los estados locales asumieron históricamente, por supuesto, funciones de policía. Cuando los campesinos o los niños no acuden a las minas por el simple atractivo de los dólares, allí está la compulsión estatal-policial como forma alternativa de reclutamiento. Mercado y fuerza no son aquí contradictorios.

La patronal de las grandes empresas, los gobiernos de la región y los organismos internacionales “explotando la contradicción de la superexplotación” pretenden jugar el rol de mediadores entre los semiesclavizados trabajadores y las bandas militares xenófobas. La ONU propone un embargo provisorio de la mercadería. Mientras tanto las ONGs y los ecologistas denuncian ¡la extinción de los monos! En lo que constituye un sentimiento humanista maravilloso, titulan: “Los teléfonos celulares agravan la situación de los gorilas del Congo”. Y quieren que las mismas empresas que acumulan su capital aquí a sangre y fuego ¡inviertan en proyectos de ayuda para el tercer mundo!. En Angola y en Sierra Leona el tráfico de diamantes financia y necesita de una guerra muy similar desde hace años. Hace unos meses, el 30/7 de este año se celebró una fantochada de acuerdo de Paz entre Kagame y Kabila. ¿Quién fue el intermediario? El vicepresidente de Sudáfrica, país capitalista de primer orden, de donde provienen muchos de los capitales que explotan las minas congoleñas. Se regularán quizás, es decir, se legalizarán, las relaciones de explotación. Pero la masacre continua.

Guerra múltiple (económica, civil, interétnica, regional pero también solapadamente interimperialista o intraimperio como dirían algunos) y saqueo sistemático, nos hablan de un proceso de expoliación y proletarización (muchos no han conservado ni siquiera la vida), de acumulación primitiva de capital, continuamente renovada, que asume formas específicas en los países del tercer mundo: trabajo forzado, reclutamiento, endeudamiento, doble mercado de trabajo, propiedad de la tierra de hecho garantizada por las fuerzas armadas. Las multinacionales no han necesitado aquí muchos planes de modernización, se benefician de la fuerza de trabajo casi gratuita, un ejército industrial de reserva que vive en una pauperización absoluta en muchos casos. Esto, como es evidente, limita las posibilidades de desarrollo de un mercado interno y de una burguesía industrial local. Sólo quedan para ésta el control del comercio ilegal de armas y materias primas. La llamada transferencia de valor de la periferia hacia el centro significa que de la totalidad de la plusvalía producida en estos países, a costa de millones de muertos, las grandes multinacionales, acaparan la mayor parte, justificadamente de acuerdo a la concentración de sus capitales.

“Las crecientes necesidades de la industria tecnológica del mundo han creado graves conflictos en los países menos desarrollados” nos dice el rotativo canadiense The Industry Standart, en un comentario que es aplicable a cualquier época por lo menos desde el siglo XIX. Los países capitalistas periféricos reciben en el reparto mundial funciones específicas en beneficio de los grandes capitales monopólicos . La tasa de ganancia media se regula a nivel del Mercado Mundial, y para cada época, depende en especial de las ramas industriales de punta, que funcionan como motor de la acumulación del resto. Hoy el coltán es fundamental para que muchas de estas industrias “de punta” rindan sus frutos. En este sentido la explotación de las minas africanas, que el mismo Pentágono considera estratégicas, son fundamentales para la reproducción del capital imperialista globalmente considerado. Esta forma monopólica del capital, que en una lectura atenta del libro de Lenin, constituye el rasgo más importante en la definición del Imperialismo, organiza en la República Democrática del Congo y en muchos otros países, militar, política y económicamente, la vida de las masas proletarias de ayer y de hoy. Aquí reside, a nuestro entender, la clave de la actualidad y la pertinencia del concepto. El imperialismo es fundamentalmente una forma específica de organización de la producción y reproducción del capital y del trabajo, y no tanto la hegemonía de una nación sobre otras. Necesita en este sentido del Estado (de los estados) más allá de si estos asumen o no rasgos nacionales.

Sobre la tumba de los 2000 niños y campesinos africanos que mueren por día en el Congo, podemos, distraídos, seguir usando nuestros celulares.


© afrol News / Ramiro de Altube

http://www.afrol.com/es/features/13258

MEDIOS DE COMUNICACIÓN.. OFENSIVA MACABRA DE LA OLIGARQUÍA MEDIÁTICA

Escrito por Fernando Buen Abad Domínguez (CMI Fundación Federico Engels Rebelión)
Semiótica de la muerte y la “narcocultura” en los mass media y la farándula informativa

Armarse hasta los dientes también con mass media

Con el pretexto, nada inocente, de “informar” sobre la “guerra contra el narcotráfico”, y la “inseguridad”, que azuelan rentablemente a los pueblos latinoamericanos, las televisoras de las oligarquías se solazan, sin empacho, entre baños de sangre y espectáculos de cadáveres. Todos narran idéntico su placer, nada oculto, por exhibir víctimas ensangrentadas a destajo y para levantar las banderas de sus moralejas militaristas y represivas. Todos anhelan liderar el paraíso alienante en el que, a punta de pavor mediático, se justifique cualquier alianza, cualquier invasión, cualquier violación de los derechos humanos con el pretexto de luchar contra el “crimen organizado”. En décadas de saliva, gastos descomunales y muertes a mansalva, los resultados son paupérrimos. Hoy su “Alma Mater” son las bases militares yanquis en Colombia.


Todos, los burgueses, quieren más presupuestos y más “fuerzas del orden”, todos quieren más “asesores” extranjeros, más aplausos monetarios de la DEA y más presencia militar en las calles. Para eso han creado el monstruo mass media insaciable que, a mañana, tarde y noche, exhibe sin control escenas inenarrables de barbarie y desmoralización social. ¿Quién los frena? ¿Quién regula u ordena su discurso? ¿Quién pone por encima de este negocio macabro la salud mental de los pueblos, la integridad emocional de los niños, la salud colectiva de los imaginarios sociales? ¿Acaso el neoliberalismo mass media?

Esta forma del “Terrorismo Mediático”, envuelto en túnicas legalistas, oscila sus ambigüedades simbólicas entre la urgencia de control efectivo y contundente (que sólo los pueblos deben ejercer) y la tarea ideológica burguesa que camufla con filantropía de mercenarios su ofensiva de miedo contra el malestar social. Y entonces todo son excesos de obscenidad y pornografía “noticiosa”. Todo es exceso, demasiados militares de espalda a sus pueblos, demasiados operativos, demasiados crímenes en las pantallas, las radios y los periódicos del las oligarquías. Y aun así, ineficiencia, incapacidad e inoperancia. El crimen crece y se vuelve espectáculo... y se vuelve negocio, los anunciantes apuestan al raiting de la sangre.

“Censura” gritan las oligarquías mediáticas cada vez que uno exige medidas jurídicas, culturales o políticas para democratizar los medios y frenar sus abusos. Violación de la “Libertad de Expresión” proclaman los negociantes burgueses de los “mass media”, cada vez que uno exige que cumplan con su “Responsabilidad Social” y cesen en su ofensiva patológica contra la sensibilidad de los destinatarios. “Acoso”, patalean los lebreles de la “información” cada vez que uno se niega a seguir siendo esclavo o rehén de sus demagogias “periodísticas”. Los delincuentes de la cultura de masas capitalista, armados con cámaras y micrófonos, se hacen pasar por víctimas toda vez que el hastío y el asco social se torna en denuncia contra sus latifundios de impunidad. No dejaremos de insistir.

Luego de meses y años de ensayar su fórmula macabra de exhibicionismo criminal los mass media se han vuelto cómplices de la “cultura del narco”. Y los estragos atemorizantes (por señalar sólo lo menos) dejan huellas que son de suyo objetos de estudio y frentes de lucha social nuevos. Es imposible ser indiferentes. Los efectos de la “narcocultura” son realmente preocupantes, la burguesía mass media lucra de manera chantajista con el miedo real de la población.. Tal lucro mediatizado es un síntoma visible de descomposición capitalista. Todos los días, a todas horas se exhiben escenas de asesinatos, secuestros, extorsiones, robos y episodios de personas decapitadas y tal espectáculo de real barbarie son consecuencia de un sistema que produce pobreza, crisis de salud pública, educación paupérrima y corrupta, carencia de vivienda y destrucción del empleo. Y por colmo sistema económico y social que genera criminales disfrazados de empresarios y multimillonarios cómplices del saqueo y la explotación. El capitalismo sangriento que obliga a la población a convivir desaforadamente con la industria del narco desde su producción, distribución, consumo y consecuencias asesinas.

Tal es la base material del “crimen organizado” que cierra posibilidades a miles y miles de personas inocentes que, de un modo u otro, son víctimas del consumo y del acarreo, y además, pagan con sangre su situación de rehenes mientras por los bancos circulan las millonadas que tocan a gobiernos, ejércitos, policías y mass media. Quien intente probarlo es cadáver de inmediato con espacio televisivo asegurado. Circo redondo. El fondo real del asunto es usar los llamados medios de comunicación para endurecer las políticas represivas, la política de silenciar a los pueblos, amedrentarlos y hacerlos causa primera y última de más inversiones para militarizar a los países. Endurecer la represión contra el movimiento obrero

La clase obrera es mucho más poderosa

Los mass media como herramienta de la burguesía sostienen una guerra simbólica que legitima a la industria del narco y que saca dividendos convertidos en armas represoras de todo tipo, incluso mediáticas. Es necesaria una dirección marxista contra los latifundios semióticos, con base en el movimiento obrero, para tomara el poder de los mass media y derrotar la ofensiva burguesa alienante y militarizada. Cada vez esta más claro el problema de seguridad nacional que comporta la alianza mass media y barbarie. Cada vez esta más clara la necesidad de discutir y combatir continentalmente la concentración monopólica de herramientas mediáticas para descarrilar la voluntad democrática de nuestros pueblos. Cada vez esta más clara la urgencia de una Cumbre Latinoamericana en materia de Comunicación y las tareas de una Corriente Internacional de la Comunicación hacia el Socialismo. Tenemos enfrente la Guerra de IV generación y el pretexto burgués de la lucha contra el narco para armarse hasta los dientes contra las revoluciones nacientes. Eso no lo dicen en la “tele”... los trabajadores lo saben.

http://colombia.elmilitante.org/colombia/politica-nacional/108-medios-de-comunicacionofensiva-macabra-de-la-oligarquia-mediatica.html

LOS COSTOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL


Debido a la sequía que afectó las últimas campañas agrícolas, fenómeno que para los entendidos es una consecuencia del calentamiento global, Argentina tuvo una pérdida económica equivalente a 20 mil millones de dólares. Pero el dato revelado por un reciente informe del Banco Mundial es sólo un ejemplo menor del castigo que la alteración de la naturaleza está infligiendo a Latinoamérica, donde se concentra un tercio de las catástrofes naturales, que cada año se cobran no menos de 150 mil muertos. Sobre esta cuestión intentaron llamar la atención ayer especialistas de la Agencia para la Salud de Naciones Unidas en el Centro de Convenciones barcelonés, donde se prepara la próxima cumbre sobre Cambio Climático de Copenhague. Allí debería cerrarse un acuerdo global para mitigar la contaminación, algo que ayudaría a disminuir esas drásticas respuestas del planeta a la agresión humana. La organización católica Cáritas añadió una invocación a las naciones ricas para que el dinero que destinen a paliar los efectos de esos dramas no sea quitado del que hoy aportan para otro problema asociado: el de la pobreza. El dramatismo de los mensajes resultaba contrastante con la plácida belleza de este cálido otoño de Barcelona, ciudad del mundo rico donde todo aquel dolor pareciera estar lejos.

Los horrores que provoca una naturaleza cambiante no son patrimonio exclusivo de Asia, que recurrentemente se sacude con tsumamis o sequías pavorosas, seguidas de hambrunas. En ese escenario tiene lugar el 34 por ciento de esos fenómenos. Pero América latina está en segundo término, con un 30 por ciento de estas alteraciones, a veces expresadas como fenómenos de menor envergadura, pero igualmente dañinos. Las inundaciones o su versión opuesta, la sequía, son las dos formas en las que la agresiva corriente del Niño se expresa cada vez con más intensidad y frecuencia. Y según coinciden los especialistas, tanto la Argentina como Chile están en un lugar sensible de mapa a esos azotes.

Los números son contundentes. Según la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados, en los últimos veinte años se duplicó la cantidad de desastres naturales y las personas que lo perdieron todo a consecuencia de ello. Y en los próximos 50 años, 250 millones de personas podrían verse obligadas a desplazamientos como consecuencia de los cambios climáticos. Hay más.

Sólo el año pasado hubo más de 300 mil muertos en el mundo por los violentos espasmos naturales, que afectan básicamente a los más pobres. Valga un dato ilustrativo: por cada una de esas muertes en un país desarrollado –donde el calentamiento global también pasa su factura, como la ola de calor intensísima que temporada atrás afectó a Europa– se producen 60 en el otro costado del mundo.

Los responsables del Programa Mundial Alimentario también reconocen en el cambio climático un “multiplicador de las amenazas de seguridad alimentaria”, fundamentalmente para el segmento más vulnerable de la población. La tierra y el agua son recursos cada vez más escasos para los pobres, que por ello requieren mayor asistencia. Y no se trata sólo de un bálsamo para Africa: de 52 millones de personas rescatadas del hambre por planes de ONU, nueve millones son latinoamericanos.

El problema tiene su dimensión económica. El mismo trabajo del Banco Mundial en el que se cuantifican las pérdidas argentinas por la sequía consigna que por cada dólar que se invierte en obras destinadas a evitar catástrofes naturales, se economizan siete dólares del costo que es necesario afrontar cuando éstas se producen. Desde este punto de vista, la inversión en infraestructura o sistemas de alerta temprana parecen ser una inversión preventiva muy redituable. Pero no siempre existe decisión política de ejecutarla, ni cuando lo que está afectado es el territorio propio.

Ayer, uno de los responsables locales de Cáritas hizo junto a los especialistas de Naciones Unidas un llamado para que los países ricos no desvíen recursos que hoy tienen asignados a la atención de la asistencia hacia el desarrollo de proyectos que se ejecuten con la intención de disminuir la emisión de carbono. Así se estaría generando el dilema de la frazada corta que, si tapa un extremo, descubre el otro.

En la jerga técnica de las negociaciones ese problema se resolvería con la “adicionalidad”. Esto significa que los países ricos deben aportar más fondos para disminuir la contaminación sin restárselos a los que ya tienen comprometidos para otros conceptos. En la Unión Europea, por ejemplo, existe la obligación de los Estados de destinar el 0,7 por ciento de su PBI a la asistencia de pobres, compromiso que no todos honraron hasta el momento y del que no deberían estar eximidos.

Un punto clave en las negociaciones de Barcelona con miras a un acuerdo que permita prorrogar o reemplazar el Protocolo de Kioto es cuánto dinero aportarán las naciones desarrolladas para ayudar al resto del planeta a adaptarse a las alteraciones del clima que ya son inevitables o para mitigar la emisión de carbono, responsable del efecto invernadero. No hay ningún acuerdo cerrado: se barajan algunas alternativas como los “entre 15 y 22 mil millones de euros” anuales que la Unión Europea estaría dispuesta a aportar en el marco de un acuerdo que se ve muy difícil.

Por Cledis Candelaresi

http://www.desdeabajo.info/index.php/actualidad/internacional/5720-los-costos-del-calentamiento-global.html

THE WAR ON DEMOCRACY