Me hice, una y otra vez, esta pregunta la semana pasada al ver la impresionante arremetida del presidente Uribe contra la justicia. Primero acusó a los altos tribunales de presionar la detención de Mario Aranguren y luego se sacó de la manga una temeraria denuncia contra la jueza Jenny Jiménez, quien había ordenado la reclusión del director de la Uiaf.
Recordé que actitudes similares había tenido cuando se consolidó el proceso contra Jorge Noguera, director del DAS; en el momento en que se hizo inminente la orden de captura contra el senador Mario Uribe Escobar por 'parapolítica'; y con ocasión del proceso a Yidis Medina por el delito de cohecho en el trámite de la ley que dio vía libre a la primera reelección.
Me puse a examinar los momentos en que han ocurrido estos episodios de enfrentamiento agudo con la justicia y el papel que juegan las personas que suscitan la controversia, y saqué dos conclusiones fundamentales: han ocurrido en las dos crisis del gobierno de Uribe y los personajes que defiende son de su círculo más cercano y conocen al dedillo acciones indebidas fraguadas en el Palacio de Nariño.
La primera gran crisis de la coalición de gobierno se dio a finales del año 2007 y a principios del 2008. El 27 de septiembre del 2007, la Corte Suprema de Justicia llama a indagatoria a Mario Uribe y el 22 de abril del 2008 se expide la orden de captura; es el momento culmen de las investigaciones por 'parapolítica'. El 16 de noviembre del 2007 es destituido e inhabilitado por 16 años Jorge Noguera. El 25 de abril del 2008 la Corte Suprema dicta auto de detención contra Yidis Medina. En esos meses se dio también la ruptura de las negociaciones entre el Gobierno y los paramilitares y una andanada de acusaciones mutuas que develaban negociaciones debajo de la mesa y escabrosas promesas incumplidas a última hora.
Fue en ese tiempo en el que se gestó el complot contra el magistrado Iván Velásquez, principal investigador de la 'parapolítica', en el cual resultaron involucrados alias 'Tasmania', Mario Uribe Escobar y Santiago Uribe, hermano del Presidente. En esos meses se produjeron, igualmente, las tres visitas al Palacio de Nariño de Antonio López, alias 'Job', para entregar información que permitiera enlodar a la Corte Suprema. Y, según la Fiscalía, es también el periodo en que se realiza la reunión entre funcionarios del DAS y la Uiaf con Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria y César Mauricio Velásquez para organizar o perfeccionar las interceptaciones telefónicas y el espionaje a la vida y a las cuentas de magistrados, periodistas y miembros de la oposición.
La segunda gran crisis del uribismo se ha producido en estos primeros meses del 2010 con la caída del referendo que buscaba autorizar la segunda reelección; el proceso judicial contra los promotores de la iniciativa; la declaratoria de inexequibilidad de buena parte de las medidas de la emergencia social; la medida de aseguramiento contra Mario Aranguren, director de la Uiaf; las acusaciones del mayor Meneses, que ubican a Santiago Uribe como miembro del grupo paramilitar denominado los 12 apóstoles; y la conformación de un gran movimiento de opinión encabezado por Antanas Mockus, que reclama angustiosamente restaurar la legalidad y limpiar las instituciones colombianas de la aberrante corrupción en que se han hundido.
De la primera crisis el uribismo salió avante con la extradición de los 14 jefes paramilitares y la seguidilla de golpes a las Farc que culminaron en la deslumbrante 'Operación Jaque'. Las aguas se calmaron por un tiempo. La segunda crisis empezaron a superarla con el triunfo de Juan Manuel Santos en la primera vuelta y aspiran a conjurarla definitivamente con la instauración de un "Gobierno de Unidad Nacional" que debilite o anule a la oposición política y con una reforma de la justicia que coloque a la Fiscalía bajo el mando del Presidente y ponga una mordaza de hierro a las cortes.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/lenvalencia/por-que-es-importante-aranguren-para-el-presidente_7744675-1
miércoles, 9 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
Uribe, un adiós sin gloria
Por: Carlos Gutiérrez.
El mal no duró cien años. Aunque la propaganda enfatice en que fue el mejor de los gobiernos hasta ahora conocido en Colombia, el de Uribe será recordado como uno de los más nefastos para el país.
Estos ocho años de Álvaro Uribe al frente de los destinos de Colombia son para nunca olvidar. El doble período dejó un expediente abierto y un sello indeleble en buena parte de los connacionales. Sello imposible de borrar sin una terapia de reconciliación y un tratamiento que recorra el camino de la justicia, la soberanía; el fin de la pobreza extrema, el desempleo estructural y la ‘flexibilización’ laboral; la revisión de la gran propiedad rural y urbana, la inclusión social y la paz. Ojalá como tareas diarias de un gabinete de transición democrática.
Para no olvidar jamás. Bajo la marca comercial de ‘seguridad democrática’, desde el primer momento de su gestión, con su pregón y sus órdenes de guerra –secretas o públicas, ilegales o legales–, y el discurso de la derrota del contrario como requisito para resguardar los privilegios del establecimiento y de los dueños y testaferros de la tierra, Uribe Vélez puso sus cartas sobre la mesa: vinculación de la población civil al conflicto, como trasvase; y extensión ‘institucionalización’ o legitimación del dispositivo paramilitar de las auc. Aumento del pie de fuerza, de los soldados profesionales, y del aparato y su maquinaria militar. Sindicaciones y señalamientos a miles de personas. Todo bajo las premisas de orden, autoridad, tradición y un presidencialismo anticonstitucional. El archivo de nuestra soberanía, bajo la alianza incondicional con los Estados Unidos, y en forma creciente con las acciones encubiertas y de inteligencia con empresas de mercenarios y del Estado y el ejército israelíes que traspasan las fronteras.
En este contexto de sociedad en pie de guerra que Uribe ofreció, y que en una pasajera o más dilatada coyuntura cuenta todavía con montones de adherentes, una de sus primeras propuestas –avalada por su experiencia directa en las cooperativas Convivir– fue la de integrar un millón de ciudadanos armados e intercomunicados al servicio del Ejército, para lo cual actuó a través de diferentes mecanismos: soldados campesinos y guardabosques, taxistas en red comunicados a través de Avantel, hasta llegar a los estudiantes delatores. Y mucho más hizo a la par.
También, entrelazada y construida con dineros oficiales, mediante un entramado de organizaciones sociales afines al establecimiento, articuló una extensa red social con pretensiones corporativas y de prolongación del poder: empujada en la juventud, entre los indígenas, en el mundo sindical y en la política electoral. Asimismo, como parte de un modelo de guerra política, puso en acción un intenso modelo comunicativo y de mensajes y titulares desinformativos que no les dio descanso a los ojos y los oídos de los colombianos. Uribe quiso tapar la deuda del poder y su injusticia, que en su expresión de partidos liberal y conservador, hoy, tras las derrotas de blancos y colorados en Paraguay y del PRI en México, es la más vieja y desueta del continente.
Apenas se posesionó, anunció que al rendir el informe de sus primeros cien días daría cuenta del rescate vivos o muertos del gobernador de Antioquia y del ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri, y de la baja al menos de alguna cabeza reconocida de la guerrilla. Como se recordará, en ese informe no pudo satisfacer la promesa de campaña y la pretensión de una guerra rápida y triunfal en su primera Presidencia. El desafortunado rescate de los plagiados vendría después.
Transcurridos algunos meses, reafirmó ante todo el país su decisión de guerra a cualquier costo. En enero de 2003, llamó a los Estados Unidos a desembarcar sus tropas en el Amazonas, “antes de hacerlo en el territorio de Iraq”. Sin fórmula alguna de solución política –distinta de un irrealizable desarme de la insurgencia con origen campesino–, siete años después hizo realidad otro paso en su proyecto de “tierra arrasada”: entregó el territorio nacional –siete bases que en realidad son 10– para que opere la potencia del Norte con su ejército, potencia con la cual, en embriaguez antipatriótica y de afectación a los vecinos de la región y el continente, se identifica sin ambigüedades. Tanto, que en 2004, al apoyar públicamente la invasión de un tercer país dijo: “[Apoyamos] el uso de la fuerza en Iraq para desarmar dicho régimen y evitar que sus armas de destrucción masiva continúen como una amenaza contra la humanidad” (sic)1.
Proyecto de orden, control y disciplina que pese a disponer por ocho años initerrumpidos del mayor presupuesto para las FF.AA. y de los apoyos internacionales y militares con burla del debate en el Congreso, aún no logra que la sociedad se pliegue a la propuesta de derecha e inmoralidad financiera que se propone conservar el poder y la Casa de Nariño.
Son artimañas todas éstas de orden, autoridad y ‘moral’ antiterrorista, que del mismo modo que apoyan el cerco del antiguo imperio persa por parte de las barras y las estrellas –con su tenaza desde Iraq y Afganistán, y los intentos de estribos en Osetia e intromisión en Tíbet (con ocultación de los intereses en relación con el petróleo y el avance de posiciones frente a Rusia y China)– niegan las causas profundas del conflicto criollo que hace presencia desde hace un poco más de 60 años.
Tal proyecto de sociedad y relación internacional, levantado pieza a pieza sin descanso durante su doble gobierno, nos hizo decir hace ya ocho años: “Si esta concepción se aplica […] con este gobierno marcharemos hacia una sociedad disciplinaria, donde se corre el riesgo de convertirnos en el ojo del vecino, en su posible delator e inclusive, de ser necesario, en su asesino. Estaremos entonces ante una sociedad que no permitirá disidentes ni contradictores; una sociedad despótica que pone en profundo riesgo la democracia liberal […]”2.
Y los hechos confirman con creces ese modelo que niega la vida, la paz y la pluralidad: “pescas milagrosas” o detención arbitraria de centenares de activistas bajo sospecha de ser miembros de la insurgencia, la mayoría de ellos dejados en libertad por falta de pruebas luego de meses o años en prisión; testigos cautivados con el pago o la promesa de importantes sumas de dinero, que a la vez propician la corrupción dentro de las filas de los organismos de inteligencia militar; persecución y asesinato de quienes no se guardaron sus críticas al gobierno; espionaje telefónico, montaje de conspiraciones para hacerle creer a la sociedad que aquellos que piensan distinto del gobierno son terroristas; acciones de sabotaje para atemorizar articulistas, académicos o pensadores disidentes, e incluso a los jueces de la república que actúan basados en el estricto Derecho.
Proceder ilegal de grabaciones e interceptación de comunicación privada y personal que era vox populi, impune, pero reafirmado hace unas semanas, cuando vieron la luz pública unas órdenes operativas que fueron decomisadas en un allanamiento a las instalaciones del DAS. Años atrás, jefes paramilitares dieron detalles: muchos de sus asesinatos se produjeron por órdenes provenientes del cuerpo de inteligencia del gobierno. No es casual que estén en prisión, condenados o bajo investigación, por presuntos vínculos con el paramilitarismo, el ex director del DAS Jorge Noguera Cotes, el subdirector José Miguel Narváez, el ex director de informática de la central de inteligencia Rafael García y el ex funcionario de contrainteligencia Jorge Lagos. Un escabroso cuadro.
Las investigaciones se extienden al resto de aparatos de la guerra en sus desmanes y crímenes. “Hoy, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía tiene abiertos 1.273 procesos contra miembros del Ejército y civiles, que por ahora dejan un saldo de 2.077 asesinados, 59 de ellos menores de edad y 122 mujeres”. Pero no es sólo esto. Debemos recordar que por delitos como estos, que llegan a no menos de 2.000 homicidios a sangre fría, ya hay fallos de la justicia con 137 condenas de militares y 396 órdenes de captura expedidas. Del mismo modo, “en los últimos siete años, la Procuraduría abrió 1.274 investigaciones contra 2.965 miembros del Ejército. Los militares investigados son efectivos de 35 brigadas (10 de ellas móviles); 481 son oficiales, incluyendo 14 coroneles; 1.026 son suboficiales y 1.458 soldados”3. A todas luces, no son casos excepcionales, como les gusta decir ante los micrófonos a los Ministros de Defensa y los generales. Se trata de todo un diseño estratégico, denominado ‘seguridad democrática’, sello innegable del gobierno que entregará su mando el próximo 7 de agosto. Este sello ha llevado al país a la paranoia de que cientos de ciudadanos sean seguidos cada día, y no sólo ellos sino también sus hijos y familiares, y otros tantos sufran amenazas, hostigamiento, montajes, cárcel, difamación, exilio, desplazamiento.
Antes de conocerse estas prácticas, el país comprobó que Carlos Castaño no mintió al asegurar que el 35 por ciento del Congreso tenía control paramilitar. La investigación que adelanta la Corte Suprema de Justicia en contra de decenas de congresistas y otros políticos liberales y conservadores de importancia nacional, regional y local confirma con creces esta aseveración. Abre a la vez la aún no esclarecida pregunta: ¿Cuántos votos válidos y de fraude aportaron los paramilitares para la elección y la reelección de Álvaro Uribe? He aquí y de bulto una parte sustancial de la herencia del actual gobierno, que no puede quedar en olvido.
Otra también deja una estela de corrupción y de miseria en aumento y desempleo. La yidispolítica y su vínculo con una administración a favor de los intereses privados, con graves costos para los sectores mayoritarios del país (reforma laboral, venta de la red pública hospitalaria y de los bancos estatales, extensión del IVA a toda la canasta familiar), impunidad (copamiento del poder local en muchos lugares y regiones, y de las instituciones de seguridad y justicia, y “negociación” con los paramilitares), regresión a la economía de extracción, monocultivos, ganadería extensiva, poderes locales fortalecidos, crisis ambiental.
La sociedad busca escape y transición
Estas son las prácticas de seguridad y control, política económica y social que hoy tienen efecto en la situación electoral. No casa la pieza en el dominó. Miles de jóvenes no quieren que Uribe continúe desbarajustando la legalidad en el país en cuerpo ajeno. Ahora, con su opinión a favor de un candidato distinto de la continuidad uribista, hacen temblar al candidato delfín. Como no quieren que tampoco continúe la agresión a los procesos de integración suramericanos, que nos ha refrendado como un auténtico Caín de América del Sur y nos priva de un mercado que, como el venezolano, representaba la plaza más importante para nuestras exportaciones con mayor valor agregado. En los dos primeros meses de este año, las ventas hacia el vecino país se redujeron en un 75 por ciento y, pese a ello, la belicosidad no cesa. Pareciera que el desbordamiento del doctrinarismo de derecha se impusiera incluso sobre los cálculos económicos e invirtiera la lógica de lo prioritario.
¿Cómo ha sido posible que tanto desbarajuste junto haya sido prohijado y mostrado como exitoso? No cabe duda de que una parte importante de la respuesta debe buscarse en la anuencia de los medios de comunicación que convirtieron los desmanes en anécdotas folclóricas. La visita de un conocido delincuente y su abogado a la Casa de Nariño se tornó anodina discusión sobre si la entrada por los sótanos era subrepticia o transparente; los negocios ventajistas de los “hijos del Ejecutivo” se transformaron en la discusión sobre si el ‘emprendimiento’ era o no cualidad heredada; los asesinatos de civiles con los que se ha pretendido mostrar como exitosa la llamada política de la ‘seguridad democrática’ se tradujo en “falsos positivos”, que hoy son tratados casi como chistes cuando con él se alude a quien era Ministro de la Defensa, en cuyo mandato el escándalo alcanzó las mayores dimensiones, y que hoy como candidato se pasea como si nada.
Es cierto que en algunas ocasiones las revistas de opinión hicieron investigación crítica y que algunos periodistas tuvieron que pagar con el exilio cuando fue el caso de algunos que pertenecían a medios de difusión importantes, o con la vida si ejercían el periodismo en la provincia, pero eso no puede ocultar que, frente a la reacciones cínicas del gobierno cuando fue sorprendido con las manos en la masa, la prensa optara por una posición timorata rayana con el encubrimiento.
¿Y la academia? Quizá no cabe papel más gris en una coyuntura tan difícil y una posición más cómoda que la renuncia al estudio de un momento de la historia en el que se sigue pretendiendo cortarle el cuello a lo poco que queda de verdadero disentimiento.
No dejan de tener razón quienes se resisten a que a Uribe se le compare con Bordaberry o Fujimori, pues éstos, al final de cuentas, pudieron dar un parte de victoria. Sin embargo, no les cabe razón en el sentido de que tanto unos como otros fueron delegados para hacer el trabajo sucio de limpiar de disidentes sus países, tal como fue también la misión de Pinochet y en general la de todos los dictadores del Cono Sur, aunque se debe reconocer que allí cabe una pequeña diferencia: en Colombia, ese trabajo sucio se había inaugurado mucho antes. En este punto, no deja de picar la curiosidad por el futuro judicial de los actores principales del actual gobierno, independientemente de si en las elecciones que se avecinan gana aquel por el que apuestan u otro diferente. ¿Serán enjuiciados, así sea dentro de varias décadas, como hoy lo son Fujimori, Bordaberry o Jorge Rafael Videla? Es posible, aunque se puede dudar de que, igual que en el caso del sur del continente, los instigadores, los verdaderos titiriteros, salgan a la luz, pues, aunque en los corrillos se pronuncien sus nombres, los grandes usufructuarios del poder siempre han sabido lavarse las manos, y por eso pueden seguir llamándose sin empacho y sin escrúpulos “las gentes de bien”.
Puede que la opinión que ha florecido en pocas semanas, potenciada por decisiones de la justicia como la negativa a una nueva reelección y la captura de decenas de uribistas confesos, y que se expresa como descontento a través de las redes sociales, no se imponga a la maquinaria electoral oficial. Pero, como sucedió el 25 de octubre de 2003, cuando la opinión mayoritaria se opuso a su pretensión de ajuste neoliberal vía referendo: pese a todos los desmanes en curso y también a la andanada mediática, una franja no despreciable de colombianos se resiste a vivir bajo el dominio de los monopolios y el terror. Por ello, quiéranlo o no los obsecuentes del régimen, el modelo ya comenzó a hacer agua, y las pretensiones de su continuidad muestran obstáculos de tal dimensión que ignorarlos puede conducir a una verdadera hecatombe, pero no a la que aún se pretende fabricar con el fin de darle respiración artificial al continuismo.
http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1079&numero=89
1 Gutiérrez, Carlos, “Al presidente Uribe, el Norte no le deja ver...”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº21, marzo de 2004.
2 Gutiérrez, Carlos, “El nuevo orden”,Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº3, julio de 2002.
3 Matyas, Eduardo, “La ‘seguridad democrática’: otro falso positivo”, desde abajo Nº 156, abril-mayo de 2010, p.6.
El mal no duró cien años. Aunque la propaganda enfatice en que fue el mejor de los gobiernos hasta ahora conocido en Colombia, el de Uribe será recordado como uno de los más nefastos para el país.
Estos ocho años de Álvaro Uribe al frente de los destinos de Colombia son para nunca olvidar. El doble período dejó un expediente abierto y un sello indeleble en buena parte de los connacionales. Sello imposible de borrar sin una terapia de reconciliación y un tratamiento que recorra el camino de la justicia, la soberanía; el fin de la pobreza extrema, el desempleo estructural y la ‘flexibilización’ laboral; la revisión de la gran propiedad rural y urbana, la inclusión social y la paz. Ojalá como tareas diarias de un gabinete de transición democrática.
Para no olvidar jamás. Bajo la marca comercial de ‘seguridad democrática’, desde el primer momento de su gestión, con su pregón y sus órdenes de guerra –secretas o públicas, ilegales o legales–, y el discurso de la derrota del contrario como requisito para resguardar los privilegios del establecimiento y de los dueños y testaferros de la tierra, Uribe Vélez puso sus cartas sobre la mesa: vinculación de la población civil al conflicto, como trasvase; y extensión ‘institucionalización’ o legitimación del dispositivo paramilitar de las auc. Aumento del pie de fuerza, de los soldados profesionales, y del aparato y su maquinaria militar. Sindicaciones y señalamientos a miles de personas. Todo bajo las premisas de orden, autoridad, tradición y un presidencialismo anticonstitucional. El archivo de nuestra soberanía, bajo la alianza incondicional con los Estados Unidos, y en forma creciente con las acciones encubiertas y de inteligencia con empresas de mercenarios y del Estado y el ejército israelíes que traspasan las fronteras.
En este contexto de sociedad en pie de guerra que Uribe ofreció, y que en una pasajera o más dilatada coyuntura cuenta todavía con montones de adherentes, una de sus primeras propuestas –avalada por su experiencia directa en las cooperativas Convivir– fue la de integrar un millón de ciudadanos armados e intercomunicados al servicio del Ejército, para lo cual actuó a través de diferentes mecanismos: soldados campesinos y guardabosques, taxistas en red comunicados a través de Avantel, hasta llegar a los estudiantes delatores. Y mucho más hizo a la par.
También, entrelazada y construida con dineros oficiales, mediante un entramado de organizaciones sociales afines al establecimiento, articuló una extensa red social con pretensiones corporativas y de prolongación del poder: empujada en la juventud, entre los indígenas, en el mundo sindical y en la política electoral. Asimismo, como parte de un modelo de guerra política, puso en acción un intenso modelo comunicativo y de mensajes y titulares desinformativos que no les dio descanso a los ojos y los oídos de los colombianos. Uribe quiso tapar la deuda del poder y su injusticia, que en su expresión de partidos liberal y conservador, hoy, tras las derrotas de blancos y colorados en Paraguay y del PRI en México, es la más vieja y desueta del continente.
Apenas se posesionó, anunció que al rendir el informe de sus primeros cien días daría cuenta del rescate vivos o muertos del gobernador de Antioquia y del ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri, y de la baja al menos de alguna cabeza reconocida de la guerrilla. Como se recordará, en ese informe no pudo satisfacer la promesa de campaña y la pretensión de una guerra rápida y triunfal en su primera Presidencia. El desafortunado rescate de los plagiados vendría después.
Transcurridos algunos meses, reafirmó ante todo el país su decisión de guerra a cualquier costo. En enero de 2003, llamó a los Estados Unidos a desembarcar sus tropas en el Amazonas, “antes de hacerlo en el territorio de Iraq”. Sin fórmula alguna de solución política –distinta de un irrealizable desarme de la insurgencia con origen campesino–, siete años después hizo realidad otro paso en su proyecto de “tierra arrasada”: entregó el territorio nacional –siete bases que en realidad son 10– para que opere la potencia del Norte con su ejército, potencia con la cual, en embriaguez antipatriótica y de afectación a los vecinos de la región y el continente, se identifica sin ambigüedades. Tanto, que en 2004, al apoyar públicamente la invasión de un tercer país dijo: “[Apoyamos] el uso de la fuerza en Iraq para desarmar dicho régimen y evitar que sus armas de destrucción masiva continúen como una amenaza contra la humanidad” (sic)1.
Proyecto de orden, control y disciplina que pese a disponer por ocho años initerrumpidos del mayor presupuesto para las FF.AA. y de los apoyos internacionales y militares con burla del debate en el Congreso, aún no logra que la sociedad se pliegue a la propuesta de derecha e inmoralidad financiera que se propone conservar el poder y la Casa de Nariño.
Son artimañas todas éstas de orden, autoridad y ‘moral’ antiterrorista, que del mismo modo que apoyan el cerco del antiguo imperio persa por parte de las barras y las estrellas –con su tenaza desde Iraq y Afganistán, y los intentos de estribos en Osetia e intromisión en Tíbet (con ocultación de los intereses en relación con el petróleo y el avance de posiciones frente a Rusia y China)– niegan las causas profundas del conflicto criollo que hace presencia desde hace un poco más de 60 años.
Tal proyecto de sociedad y relación internacional, levantado pieza a pieza sin descanso durante su doble gobierno, nos hizo decir hace ya ocho años: “Si esta concepción se aplica […] con este gobierno marcharemos hacia una sociedad disciplinaria, donde se corre el riesgo de convertirnos en el ojo del vecino, en su posible delator e inclusive, de ser necesario, en su asesino. Estaremos entonces ante una sociedad que no permitirá disidentes ni contradictores; una sociedad despótica que pone en profundo riesgo la democracia liberal […]”2.
Y los hechos confirman con creces ese modelo que niega la vida, la paz y la pluralidad: “pescas milagrosas” o detención arbitraria de centenares de activistas bajo sospecha de ser miembros de la insurgencia, la mayoría de ellos dejados en libertad por falta de pruebas luego de meses o años en prisión; testigos cautivados con el pago o la promesa de importantes sumas de dinero, que a la vez propician la corrupción dentro de las filas de los organismos de inteligencia militar; persecución y asesinato de quienes no se guardaron sus críticas al gobierno; espionaje telefónico, montaje de conspiraciones para hacerle creer a la sociedad que aquellos que piensan distinto del gobierno son terroristas; acciones de sabotaje para atemorizar articulistas, académicos o pensadores disidentes, e incluso a los jueces de la república que actúan basados en el estricto Derecho.
Proceder ilegal de grabaciones e interceptación de comunicación privada y personal que era vox populi, impune, pero reafirmado hace unas semanas, cuando vieron la luz pública unas órdenes operativas que fueron decomisadas en un allanamiento a las instalaciones del DAS. Años atrás, jefes paramilitares dieron detalles: muchos de sus asesinatos se produjeron por órdenes provenientes del cuerpo de inteligencia del gobierno. No es casual que estén en prisión, condenados o bajo investigación, por presuntos vínculos con el paramilitarismo, el ex director del DAS Jorge Noguera Cotes, el subdirector José Miguel Narváez, el ex director de informática de la central de inteligencia Rafael García y el ex funcionario de contrainteligencia Jorge Lagos. Un escabroso cuadro.
Las investigaciones se extienden al resto de aparatos de la guerra en sus desmanes y crímenes. “Hoy, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía tiene abiertos 1.273 procesos contra miembros del Ejército y civiles, que por ahora dejan un saldo de 2.077 asesinados, 59 de ellos menores de edad y 122 mujeres”. Pero no es sólo esto. Debemos recordar que por delitos como estos, que llegan a no menos de 2.000 homicidios a sangre fría, ya hay fallos de la justicia con 137 condenas de militares y 396 órdenes de captura expedidas. Del mismo modo, “en los últimos siete años, la Procuraduría abrió 1.274 investigaciones contra 2.965 miembros del Ejército. Los militares investigados son efectivos de 35 brigadas (10 de ellas móviles); 481 son oficiales, incluyendo 14 coroneles; 1.026 son suboficiales y 1.458 soldados”3. A todas luces, no son casos excepcionales, como les gusta decir ante los micrófonos a los Ministros de Defensa y los generales. Se trata de todo un diseño estratégico, denominado ‘seguridad democrática’, sello innegable del gobierno que entregará su mando el próximo 7 de agosto. Este sello ha llevado al país a la paranoia de que cientos de ciudadanos sean seguidos cada día, y no sólo ellos sino también sus hijos y familiares, y otros tantos sufran amenazas, hostigamiento, montajes, cárcel, difamación, exilio, desplazamiento.
Antes de conocerse estas prácticas, el país comprobó que Carlos Castaño no mintió al asegurar que el 35 por ciento del Congreso tenía control paramilitar. La investigación que adelanta la Corte Suprema de Justicia en contra de decenas de congresistas y otros políticos liberales y conservadores de importancia nacional, regional y local confirma con creces esta aseveración. Abre a la vez la aún no esclarecida pregunta: ¿Cuántos votos válidos y de fraude aportaron los paramilitares para la elección y la reelección de Álvaro Uribe? He aquí y de bulto una parte sustancial de la herencia del actual gobierno, que no puede quedar en olvido.
Otra también deja una estela de corrupción y de miseria en aumento y desempleo. La yidispolítica y su vínculo con una administración a favor de los intereses privados, con graves costos para los sectores mayoritarios del país (reforma laboral, venta de la red pública hospitalaria y de los bancos estatales, extensión del IVA a toda la canasta familiar), impunidad (copamiento del poder local en muchos lugares y regiones, y de las instituciones de seguridad y justicia, y “negociación” con los paramilitares), regresión a la economía de extracción, monocultivos, ganadería extensiva, poderes locales fortalecidos, crisis ambiental.
La sociedad busca escape y transición
Estas son las prácticas de seguridad y control, política económica y social que hoy tienen efecto en la situación electoral. No casa la pieza en el dominó. Miles de jóvenes no quieren que Uribe continúe desbarajustando la legalidad en el país en cuerpo ajeno. Ahora, con su opinión a favor de un candidato distinto de la continuidad uribista, hacen temblar al candidato delfín. Como no quieren que tampoco continúe la agresión a los procesos de integración suramericanos, que nos ha refrendado como un auténtico Caín de América del Sur y nos priva de un mercado que, como el venezolano, representaba la plaza más importante para nuestras exportaciones con mayor valor agregado. En los dos primeros meses de este año, las ventas hacia el vecino país se redujeron en un 75 por ciento y, pese a ello, la belicosidad no cesa. Pareciera que el desbordamiento del doctrinarismo de derecha se impusiera incluso sobre los cálculos económicos e invirtiera la lógica de lo prioritario.
¿Cómo ha sido posible que tanto desbarajuste junto haya sido prohijado y mostrado como exitoso? No cabe duda de que una parte importante de la respuesta debe buscarse en la anuencia de los medios de comunicación que convirtieron los desmanes en anécdotas folclóricas. La visita de un conocido delincuente y su abogado a la Casa de Nariño se tornó anodina discusión sobre si la entrada por los sótanos era subrepticia o transparente; los negocios ventajistas de los “hijos del Ejecutivo” se transformaron en la discusión sobre si el ‘emprendimiento’ era o no cualidad heredada; los asesinatos de civiles con los que se ha pretendido mostrar como exitosa la llamada política de la ‘seguridad democrática’ se tradujo en “falsos positivos”, que hoy son tratados casi como chistes cuando con él se alude a quien era Ministro de la Defensa, en cuyo mandato el escándalo alcanzó las mayores dimensiones, y que hoy como candidato se pasea como si nada.
Es cierto que en algunas ocasiones las revistas de opinión hicieron investigación crítica y que algunos periodistas tuvieron que pagar con el exilio cuando fue el caso de algunos que pertenecían a medios de difusión importantes, o con la vida si ejercían el periodismo en la provincia, pero eso no puede ocultar que, frente a la reacciones cínicas del gobierno cuando fue sorprendido con las manos en la masa, la prensa optara por una posición timorata rayana con el encubrimiento.
¿Y la academia? Quizá no cabe papel más gris en una coyuntura tan difícil y una posición más cómoda que la renuncia al estudio de un momento de la historia en el que se sigue pretendiendo cortarle el cuello a lo poco que queda de verdadero disentimiento.
No dejan de tener razón quienes se resisten a que a Uribe se le compare con Bordaberry o Fujimori, pues éstos, al final de cuentas, pudieron dar un parte de victoria. Sin embargo, no les cabe razón en el sentido de que tanto unos como otros fueron delegados para hacer el trabajo sucio de limpiar de disidentes sus países, tal como fue también la misión de Pinochet y en general la de todos los dictadores del Cono Sur, aunque se debe reconocer que allí cabe una pequeña diferencia: en Colombia, ese trabajo sucio se había inaugurado mucho antes. En este punto, no deja de picar la curiosidad por el futuro judicial de los actores principales del actual gobierno, independientemente de si en las elecciones que se avecinan gana aquel por el que apuestan u otro diferente. ¿Serán enjuiciados, así sea dentro de varias décadas, como hoy lo son Fujimori, Bordaberry o Jorge Rafael Videla? Es posible, aunque se puede dudar de que, igual que en el caso del sur del continente, los instigadores, los verdaderos titiriteros, salgan a la luz, pues, aunque en los corrillos se pronuncien sus nombres, los grandes usufructuarios del poder siempre han sabido lavarse las manos, y por eso pueden seguir llamándose sin empacho y sin escrúpulos “las gentes de bien”.
Puede que la opinión que ha florecido en pocas semanas, potenciada por decisiones de la justicia como la negativa a una nueva reelección y la captura de decenas de uribistas confesos, y que se expresa como descontento a través de las redes sociales, no se imponga a la maquinaria electoral oficial. Pero, como sucedió el 25 de octubre de 2003, cuando la opinión mayoritaria se opuso a su pretensión de ajuste neoliberal vía referendo: pese a todos los desmanes en curso y también a la andanada mediática, una franja no despreciable de colombianos se resiste a vivir bajo el dominio de los monopolios y el terror. Por ello, quiéranlo o no los obsecuentes del régimen, el modelo ya comenzó a hacer agua, y las pretensiones de su continuidad muestran obstáculos de tal dimensión que ignorarlos puede conducir a una verdadera hecatombe, pero no a la que aún se pretende fabricar con el fin de darle respiración artificial al continuismo.
http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1079&numero=89
1 Gutiérrez, Carlos, “Al presidente Uribe, el Norte no le deja ver...”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº21, marzo de 2004.
2 Gutiérrez, Carlos, “El nuevo orden”,Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº3, julio de 2002.
3 Matyas, Eduardo, “La ‘seguridad democrática’: otro falso positivo”, desde abajo Nº 156, abril-mayo de 2010, p.6.
sábado, 5 de junio de 2010
Ni Santos ganó las elecciones, ni Mockus las perdió.
Por emmaflood el 4 de Junio 2010 12:49 PM
Elecciones, Santos, Mockus y gobierno- Reflexiones sobre la distorsión de la información.
Santos no ganó las elecciones- Nos quieren hacer creer a los colombianos que Santos ya ganó las elecciones y, que de acuerdo a esa afirmación falsa, Mockus debería renunciar a la segunda vuelta. Este es un excelente ejemplo de distorsión de la información liderada por el uribismo recalcitrante. Si Santos hubiera ganado las elecciones, Mockus y los demás candidatos hubieran aceptado públicamente el triunfo como suele suceder en las democracias que ellos, más que el gobierno, representan. Santos ganó a Mockus en la primera vuelta en porcentaje de votos pero no ganó las elecciones.
La información- Cuando no teníamos internet creíamos que el mundo era mejor y la información que no nos daban ni el periódico ni la radio nos llegaba por el medio más antiguo, la trasmisión oral de unos a otros, más lenta, bastante eficaz pero incompleta.
Hoy sabemos mucho de los candidatos por los medios oficiales, o los alternativos, y lo que no nos muestran por TV lo conocemos por Youtube. Se podría decir que tenemos acceso a una enorme cantidad de información.
La distorsión de la verdad- Sin embargo, cuando por fin vemos videos, la información soñada que nos muestra tanto debates, como campañas normales y fraudes electorales, se nos manipula de tal manera que terminamos creyendo que un candidato es malo porque se equivoca o duda frente a las camaras de TV, y no lo es aquél que promete mucho pero que comete fraude fuera de los canales de TV . La información que nos proporcionan los buenos reporteros o los astutos y hábiles minicamarógrafos que nos muestra todo aquello que los poderosos medios no nos muestran, parece no poder neutralizar el efecto y el poder de la información oficial .A juzgar por la incredulidad de los uribistas parecería que hoy, lo que no proviene de la TV no es verdad, aunque veamos las imágenes y los videos en Youtube. Es más, las mismas autoridades nos dicen que eso no es verdad. Nos dicen que la única verdad es la que ellos sustentan. ¿Pero entonces lo que estamos viendo y oyendo en TV es más verdad que lo que vemos suceder ante nuestros propios ojos, realidad que capturan los diestros camarógrafos y suben a internet?
La verdad y las versiones- En estos días nos hemos espantado por los sucesos en el Mediterráneo con los barcos que, con ayuda humanitaria, querían llegar a Gaza. Pero hay otra voz, la de Netanyahu que nos dice que eso que vemos es distinto de lo que vemos, y eso también nos desconcierta y asusta.
Pero lo que sucede aquí es exactamente lo mismo. El gobierno le atribuye veracidad únicamente a sus propias versiones a tal punto que enfrenta a la Corte Suprema si la versión no se ajusta a la suya .Las demás versiones, son declaradas falsas. ¿Pero desde cuando es un gobierno, el nuestro o cualquier otro, el que dictamina cuál es la información veraz? No creo que en ninguna parte del mundo exista una constitución que establezca:"Toda información dada o avalada por el gobierno es la verdadera".
¿De donde sacan entonces estos gobiernos (como el nuestro) que ellos son los que deciden cual es la verdad?-¿Y nosotros qué creemos que somos para aceptar dócilmente esa verdad? Ni nosotros ni el gobierno tenemos derecho a calumniar ni a mentir sobre la realidad de los hechos o de las personas, pero sí tenemos derecho a conocer la verdad y a opinar sobre ella. Pero el uribismo no opina, dictamina.
Elegir candidato-¿Qué es lo que lleva a las personas a elegir a un candidato que sabemos que no dice la verdad, que está dentro de un movimiento que nos miente y nos dice que su presidente ha sido el mejor en la historia del país? Nos dice que Colombia está en sus mejores días cuando estamos viendo el nivel de injusticia social y pobreza más vergonzoso de Sudamérica y la inequidad entre las mayores del mundo. ¿Eligen la versión del gobierno por encima de la que ven con sus propios ojos? ¿Les parece normal un país que por sostener una guerra inútil gaste más en matar que en dar de comer a sus habitantes? Insultan a quienes les hacen ver una realidad que no quieren aceptar y hasta mienten ellos mismos para encubrirla.
¿Qué elegimos, la verdad o la mentira?- ¿Preferimos el fraude, el reparto de dinero, el uso de los programas de ayuda de gobierno para conseguir votos que las campañas limpias de aquellos que como Mockus o Petro utilizan los medios que permite la ley?. Si cotejamos a los candidatos, ¿es más importante el discurso que lo que hace el candidato, es más importante lo que promete que lo que hace, o lo que ha hecho en su vida pública? ¿La verdad dejó de ser más importante que las falsas promesas?
¿Qué es lo que nos hace creer que no es válido lo que dice la gente en la calle si no lo publican los medios?
¿Por qué debemos dudar de muchísimas señoras incluidas en el programa de "Familias en Acción" que dicen que fueron citadas y transportadas en buses para reunirse públicamente con el candidato?
¿Honestidad?- Me pregunto si los que votan a Santos no han visto su actuación durante todos estos años.
¿Acaso es bueno mentirle al país sobre la Operación Jaque para que después, presionados por la información de los medios internacionales finalmente nos dijeran una parte de la verdad y mas tarde otra en cómodas cuotas para evitar que supiéramos toda la verdad? ¿Es lícito usar el logo de la Cruz Roja para una operación de inteligencia poniendo en riesgo la vida de los miembros de la Cruz Roja y su credibilidad como institución neutral que vela por el Derecho Internacional Humanitario y por la vida de las personas? ¿O es honesto mentirle a otro país después de haberlo invadido diciendo que el fuego provenía desde este lado de la frontera colombo ecuatoriana? Si el ministro Santos consideraba que esa era una acción legal ¿por qué tendría que mentir? Acaso debemos aceptar la imposición de la nueva versión "bushista" de la teoría de la legítima defensa aplicada a una nación vecina que nunca nos atacó ni nos pensaba atacar? ¿No es acaso Ecuador el que acoge y ayuda a los colombianos que huyen de Colombia por el conflicto armado, refugiados que no se contabilizan en la cifra de desplazados?
¿Es honesto mentir acerca de los falsos positivos y es honesto haber mantenido la disposición 029? ¿Y si es cierto que no se usaba como dijo el candidato Santos, por qué no denunció su existencia para poder eliminarla? Que los falsos positivos fueran parte de una historia que comenzó en el año 1990 no exime de culpa a quienes la heredaron, conocieron y no denunciaron ese estado de cosas. No es un argumento válido decir que porque los demás nos mintieron eso justifica al que sigue sosteniendo esa mentira.
Si queremos una Colombia como la que decimos que queremos, debemos empezar por conocer y decir la verdad. Sobre mentiras no hay construcción posible.
emmaflood@etb.net.co
Emma Flood
http://www.eltiempo.com/blogs/el_analisis_de_emma/2010/06/ni-santos-gano-las-elecciones.php?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter
Elecciones, Santos, Mockus y gobierno- Reflexiones sobre la distorsión de la información.
Santos no ganó las elecciones- Nos quieren hacer creer a los colombianos que Santos ya ganó las elecciones y, que de acuerdo a esa afirmación falsa, Mockus debería renunciar a la segunda vuelta. Este es un excelente ejemplo de distorsión de la información liderada por el uribismo recalcitrante. Si Santos hubiera ganado las elecciones, Mockus y los demás candidatos hubieran aceptado públicamente el triunfo como suele suceder en las democracias que ellos, más que el gobierno, representan. Santos ganó a Mockus en la primera vuelta en porcentaje de votos pero no ganó las elecciones.
La información- Cuando no teníamos internet creíamos que el mundo era mejor y la información que no nos daban ni el periódico ni la radio nos llegaba por el medio más antiguo, la trasmisión oral de unos a otros, más lenta, bastante eficaz pero incompleta.
Hoy sabemos mucho de los candidatos por los medios oficiales, o los alternativos, y lo que no nos muestran por TV lo conocemos por Youtube. Se podría decir que tenemos acceso a una enorme cantidad de información.
La distorsión de la verdad- Sin embargo, cuando por fin vemos videos, la información soñada que nos muestra tanto debates, como campañas normales y fraudes electorales, se nos manipula de tal manera que terminamos creyendo que un candidato es malo porque se equivoca o duda frente a las camaras de TV, y no lo es aquél que promete mucho pero que comete fraude fuera de los canales de TV . La información que nos proporcionan los buenos reporteros o los astutos y hábiles minicamarógrafos que nos muestra todo aquello que los poderosos medios no nos muestran, parece no poder neutralizar el efecto y el poder de la información oficial .A juzgar por la incredulidad de los uribistas parecería que hoy, lo que no proviene de la TV no es verdad, aunque veamos las imágenes y los videos en Youtube. Es más, las mismas autoridades nos dicen que eso no es verdad. Nos dicen que la única verdad es la que ellos sustentan. ¿Pero entonces lo que estamos viendo y oyendo en TV es más verdad que lo que vemos suceder ante nuestros propios ojos, realidad que capturan los diestros camarógrafos y suben a internet?
La verdad y las versiones- En estos días nos hemos espantado por los sucesos en el Mediterráneo con los barcos que, con ayuda humanitaria, querían llegar a Gaza. Pero hay otra voz, la de Netanyahu que nos dice que eso que vemos es distinto de lo que vemos, y eso también nos desconcierta y asusta.
Pero lo que sucede aquí es exactamente lo mismo. El gobierno le atribuye veracidad únicamente a sus propias versiones a tal punto que enfrenta a la Corte Suprema si la versión no se ajusta a la suya .Las demás versiones, son declaradas falsas. ¿Pero desde cuando es un gobierno, el nuestro o cualquier otro, el que dictamina cuál es la información veraz? No creo que en ninguna parte del mundo exista una constitución que establezca:"Toda información dada o avalada por el gobierno es la verdadera".
¿De donde sacan entonces estos gobiernos (como el nuestro) que ellos son los que deciden cual es la verdad?-¿Y nosotros qué creemos que somos para aceptar dócilmente esa verdad? Ni nosotros ni el gobierno tenemos derecho a calumniar ni a mentir sobre la realidad de los hechos o de las personas, pero sí tenemos derecho a conocer la verdad y a opinar sobre ella. Pero el uribismo no opina, dictamina.
Elegir candidato-¿Qué es lo que lleva a las personas a elegir a un candidato que sabemos que no dice la verdad, que está dentro de un movimiento que nos miente y nos dice que su presidente ha sido el mejor en la historia del país? Nos dice que Colombia está en sus mejores días cuando estamos viendo el nivel de injusticia social y pobreza más vergonzoso de Sudamérica y la inequidad entre las mayores del mundo. ¿Eligen la versión del gobierno por encima de la que ven con sus propios ojos? ¿Les parece normal un país que por sostener una guerra inútil gaste más en matar que en dar de comer a sus habitantes? Insultan a quienes les hacen ver una realidad que no quieren aceptar y hasta mienten ellos mismos para encubrirla.
¿Qué elegimos, la verdad o la mentira?- ¿Preferimos el fraude, el reparto de dinero, el uso de los programas de ayuda de gobierno para conseguir votos que las campañas limpias de aquellos que como Mockus o Petro utilizan los medios que permite la ley?. Si cotejamos a los candidatos, ¿es más importante el discurso que lo que hace el candidato, es más importante lo que promete que lo que hace, o lo que ha hecho en su vida pública? ¿La verdad dejó de ser más importante que las falsas promesas?
¿Qué es lo que nos hace creer que no es válido lo que dice la gente en la calle si no lo publican los medios?
¿Por qué debemos dudar de muchísimas señoras incluidas en el programa de "Familias en Acción" que dicen que fueron citadas y transportadas en buses para reunirse públicamente con el candidato?
¿Honestidad?- Me pregunto si los que votan a Santos no han visto su actuación durante todos estos años.
¿Acaso es bueno mentirle al país sobre la Operación Jaque para que después, presionados por la información de los medios internacionales finalmente nos dijeran una parte de la verdad y mas tarde otra en cómodas cuotas para evitar que supiéramos toda la verdad? ¿Es lícito usar el logo de la Cruz Roja para una operación de inteligencia poniendo en riesgo la vida de los miembros de la Cruz Roja y su credibilidad como institución neutral que vela por el Derecho Internacional Humanitario y por la vida de las personas? ¿O es honesto mentirle a otro país después de haberlo invadido diciendo que el fuego provenía desde este lado de la frontera colombo ecuatoriana? Si el ministro Santos consideraba que esa era una acción legal ¿por qué tendría que mentir? Acaso debemos aceptar la imposición de la nueva versión "bushista" de la teoría de la legítima defensa aplicada a una nación vecina que nunca nos atacó ni nos pensaba atacar? ¿No es acaso Ecuador el que acoge y ayuda a los colombianos que huyen de Colombia por el conflicto armado, refugiados que no se contabilizan en la cifra de desplazados?
¿Es honesto mentir acerca de los falsos positivos y es honesto haber mantenido la disposición 029? ¿Y si es cierto que no se usaba como dijo el candidato Santos, por qué no denunció su existencia para poder eliminarla? Que los falsos positivos fueran parte de una historia que comenzó en el año 1990 no exime de culpa a quienes la heredaron, conocieron y no denunciaron ese estado de cosas. No es un argumento válido decir que porque los demás nos mintieron eso justifica al que sigue sosteniendo esa mentira.
Si queremos una Colombia como la que decimos que queremos, debemos empezar por conocer y decir la verdad. Sobre mentiras no hay construcción posible.
emmaflood@etb.net.co
Emma Flood
http://www.eltiempo.com/blogs/el_analisis_de_emma/2010/06/ni-santos-gano-las-elecciones.php?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter
miércoles, 2 de junio de 2010
ISRAEL ARREMETE CONTRA EL MUNDO POR CASO DE LA FLOTILLA
El primer ministro denuncia un ataque de hipocresía internacional.

Benyamin Netanyahu se encastilló la noche del miércoles frente al “ataque de la hipocresía internacional”. En un discurso televisado, el primer ministro israelí anunció que mantendría el bloqueo de Gaza pese a las presiones procedentes de todo el mundo. Levantar el bloqueo, dijo, supondría convertir Gaza en “una base de misiles iraníes que amenazarían a Israel y a Europa”.
Netanyahu justificó el violento asalto a la flotilla que intentaba romper el bloqueo llevando hasta Gaza material humanitario: “Aquellos no eran barcos de amor, sino de odio”. Según el jefe del Gobierno israelí, “el objetivo de la flotilla no consistía en transportar ayuda, sino en romper el bloqueo, y si eso se hubiera consentido decenas y centenares de barcos cargados de armas habrían llegado a Gaza inmediatamente después”.
El discurso de Netanyahu apeló a un sentimiento profundo de muchos israelíes, el de ciudadanos sitiados en un entorno muy hostil, con la propia existencia en juego e incomprendidos por el mundo. Y siguió descartando cualquier posibilidad de coexistencia pacífica con un enclave gobernado por Hamás, un partido considerado terrorista por las principales potencias occidentales.
El mensaje que Netanyahu y su servicio diplomático intentaban hacer llegar al mundo se basaba en justificar el bloqueo, el asalto a la flotilla (que dejó nueve muertos y decenas de heridos) y cualquier otra acción por razones puramente bélicas. El embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, había declarado poco antes en una entrevista televisiva que el asalto a los barcos que navegaban rumbo a Gaza en aguas internacionales había sido “perfectamente legal, perfectamente humanitario y responsable”, añadiendo que los estadounidenses hicieron cosas similares “cuando combatieron contra los alemanes y los japoneses en la Segunda Guerra Mundial”.
El conjunto de la clase política israelí parecía sometida a la tensión psicológica de un estado de sitio. Aunque en privado se expresaran duras críticas a Netanyahu y un profundo desaliento ante la situación, en público se mostraba unanimidad y una actitud desafiante ante la presión internacional. El primer ministro británico, David Cameron, se sumó el miércoles a las críticas y pidió que se levantara el bloqueo de Gaza. El enviado europeo a Oriente Próximo, el ex primer ministro Tony Blair, fue más ambiguo: dijo que el bloqueo no servía, pero que tampoco veía cómo podía levantarse.
La tensión ambiental se reflejó en una tormentosa sesión de la Knesset, el Parlamento israelí. La diputada árabe-israelí Hanin Zoabi, que viajaba a bordo de una de las naves de la flotilla, proclamó que la intención del asalto consistía en causar el máximo número de muertos y preguntó por qué el Gobierno no publicaba todas las filmaciones efectuadas. Hubo reacciones durísimas por parte de otros diputados. Uno de ellos, del partido ultranacionalista Yisrael Beitenu (Israel ante todo), lamentó que los soldados se hubieran contenido y hubieran causado sólo nueve muertos. Otros diputados le gritaron cosas como “traidora, solterona, vete a Gaza” y pidieron que se le retirara la inmunidad parlamentaria. El riesgo de violencia física llegó a ser tan alto que en ese mismo momento la Mesa le concedió a Zoabi una escolta de dos guardaespaldas, para evitar agresiones de sus colegas.
Otro diputado árabe, Mohamed Barakeh, defendió a Zoabi y afirmó que sus intenciones al unirse a la flotilla habían sido “nobles”. “Están ustedes tratando de justificar el asesinato a sangre fría de activistas; los soldados no son responsables, lo son quienes organizaron la operación”, dijo. Y siguió: “Ningún país está ahora del lado de Israel. Están solos contra el mundo. Están dañando su propia nación”.
Los ánimos de los diputados y los ciudadanos árabes israelíes estaban especialmente crispados porque la liberación de todos los participantes en el trágico viaje a Gaza había tenido cuatro excepciones: los cuatro árabes israelíes que iban a bordo y que, a diferencia de Zoabi, no disfrutaban de la inmunidad parlamentaria. A esos ciudadanos se les prorrogó la detención por ocho días más, a la espera de la presentación de acusaciones por el fiscal.
Los centenares de activistas liberados, entre ellos los tres españoles, también veían amenazada su salida del país, pese a llevar horas embarcados en aviones, porque varios ciudadanos y organizaciones ultranacionalistas habían presentado recursos judiciales contra la orden gubernamental de deportación inmediata. Los recursos pedían al juez que antes de la deportación se examinaran las posibles responsabilidades penales de cada activista.
http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-206595-israel-arremete-contra-elmundo-caso-de-flotilla

Benyamin Netanyahu se encastilló la noche del miércoles frente al “ataque de la hipocresía internacional”. En un discurso televisado, el primer ministro israelí anunció que mantendría el bloqueo de Gaza pese a las presiones procedentes de todo el mundo. Levantar el bloqueo, dijo, supondría convertir Gaza en “una base de misiles iraníes que amenazarían a Israel y a Europa”.
Netanyahu justificó el violento asalto a la flotilla que intentaba romper el bloqueo llevando hasta Gaza material humanitario: “Aquellos no eran barcos de amor, sino de odio”. Según el jefe del Gobierno israelí, “el objetivo de la flotilla no consistía en transportar ayuda, sino en romper el bloqueo, y si eso se hubiera consentido decenas y centenares de barcos cargados de armas habrían llegado a Gaza inmediatamente después”.
El discurso de Netanyahu apeló a un sentimiento profundo de muchos israelíes, el de ciudadanos sitiados en un entorno muy hostil, con la propia existencia en juego e incomprendidos por el mundo. Y siguió descartando cualquier posibilidad de coexistencia pacífica con un enclave gobernado por Hamás, un partido considerado terrorista por las principales potencias occidentales.
El mensaje que Netanyahu y su servicio diplomático intentaban hacer llegar al mundo se basaba en justificar el bloqueo, el asalto a la flotilla (que dejó nueve muertos y decenas de heridos) y cualquier otra acción por razones puramente bélicas. El embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, había declarado poco antes en una entrevista televisiva que el asalto a los barcos que navegaban rumbo a Gaza en aguas internacionales había sido “perfectamente legal, perfectamente humanitario y responsable”, añadiendo que los estadounidenses hicieron cosas similares “cuando combatieron contra los alemanes y los japoneses en la Segunda Guerra Mundial”.
El conjunto de la clase política israelí parecía sometida a la tensión psicológica de un estado de sitio. Aunque en privado se expresaran duras críticas a Netanyahu y un profundo desaliento ante la situación, en público se mostraba unanimidad y una actitud desafiante ante la presión internacional. El primer ministro británico, David Cameron, se sumó el miércoles a las críticas y pidió que se levantara el bloqueo de Gaza. El enviado europeo a Oriente Próximo, el ex primer ministro Tony Blair, fue más ambiguo: dijo que el bloqueo no servía, pero que tampoco veía cómo podía levantarse.
La tensión ambiental se reflejó en una tormentosa sesión de la Knesset, el Parlamento israelí. La diputada árabe-israelí Hanin Zoabi, que viajaba a bordo de una de las naves de la flotilla, proclamó que la intención del asalto consistía en causar el máximo número de muertos y preguntó por qué el Gobierno no publicaba todas las filmaciones efectuadas. Hubo reacciones durísimas por parte de otros diputados. Uno de ellos, del partido ultranacionalista Yisrael Beitenu (Israel ante todo), lamentó que los soldados se hubieran contenido y hubieran causado sólo nueve muertos. Otros diputados le gritaron cosas como “traidora, solterona, vete a Gaza” y pidieron que se le retirara la inmunidad parlamentaria. El riesgo de violencia física llegó a ser tan alto que en ese mismo momento la Mesa le concedió a Zoabi una escolta de dos guardaespaldas, para evitar agresiones de sus colegas.
Otro diputado árabe, Mohamed Barakeh, defendió a Zoabi y afirmó que sus intenciones al unirse a la flotilla habían sido “nobles”. “Están ustedes tratando de justificar el asesinato a sangre fría de activistas; los soldados no son responsables, lo son quienes organizaron la operación”, dijo. Y siguió: “Ningún país está ahora del lado de Israel. Están solos contra el mundo. Están dañando su propia nación”.
Los ánimos de los diputados y los ciudadanos árabes israelíes estaban especialmente crispados porque la liberación de todos los participantes en el trágico viaje a Gaza había tenido cuatro excepciones: los cuatro árabes israelíes que iban a bordo y que, a diferencia de Zoabi, no disfrutaban de la inmunidad parlamentaria. A esos ciudadanos se les prorrogó la detención por ocho días más, a la espera de la presentación de acusaciones por el fiscal.
Los centenares de activistas liberados, entre ellos los tres españoles, también veían amenazada su salida del país, pese a llevar horas embarcados en aviones, porque varios ciudadanos y organizaciones ultranacionalistas habían presentado recursos judiciales contra la orden gubernamental de deportación inmediata. Los recursos pedían al juez que antes de la deportación se examinaran las posibles responsabilidades penales de cada activista.
http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-206595-israel-arremete-contra-elmundo-caso-de-flotilla
martes, 1 de junio de 2010
DESASTRE AMBIENTAL EN EL GOLFO DE MÉXICO
Por: Eloy A González.

Por: Eloy A González.
Las noticias están ahí, solo basta asomarse a los noticiarios para encontrar esta información que estremece. Asistimos a uno de los más grandes desastres ambientales que se han producido y es considerado el mayor desastre ecológico en los Estados Unidos. Esta ahí no solo en las noticias, es parte de una realidad tan actual, que hoy seguimos paso a paso la solución a un problema que se les escapa de las manos a todos. Las aguas del Golfo de México, un escenario muy cercano a nosotros están siendo contaminadas por un extenso y continuo vertido de petróleo. Hasta este momento en que escribo estas líneas, el derrame es incontenible.
El día 20 de abril tuvo lugar en el Golfo de México un desastre natural cuando una plataforma petrolífera de la compañía British Petroleum (BP) se incendió y se hundió después de una explosión. Esto ocurrió frente a las costas de Luisiana y el incidente dejo 13 muertos. Con el hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon a unos 1525 metros de profundidad se produjo una fuga de petróleo que hasta la fecha no se han logrado detener a pesar de todos los esfuerzos.
El escenario de esta calamidad es la región norte del Golfo de México. El Golfo de México es una cuenca marítima contenida entre los litorales de México, Estados Unidos y Cuba. Los estados mexicanos que tienen costa con el golfo son: Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán. Los estadounidenses son: Florida, Alabama, Misisipi, Luisiana y Texas. La isla de Cuba ocupa en la parte oriental del Golfo la salida de éste hacia el océano Atlántico, en tanto que la península de Yucatán, también al poniente, separa al golfo del mar Caribe. Esto nos da una idea de cuánto puede afectar el vertido de gran cantidad de petróleo en esta zona.
También el Golfo de México y en específico la costa sur de los Estados Unidos, sobre todo la costa de Luisiana y Misisipi, es un área muy vulnerable y el daño al sistema ambiental puede ser catastrófico si no se actúa a tiempo.
El vertido ha continuado imparable. Se estima que la cantidad de petróleo que se está derramando al océano es equivalente a 3,5 barriles de crudo por minuto. Esto supera por 5 las primeras estimaciones y según los cálculos, se han vertido entre 8 y 9 millones de litros de petróleo en las aguas profundas del Golfo de México desde el pasado día 20. Hasta el momento, el derrame ha creado una mancha que mide unos 77 kilómetros de largo por unos 129 de ancho, y se localiza a unos 50 kilómetros del frágil ecosistema costero de Luisiana. Dependiendo de las mareas y los vientos esta mancha puede moverse a las costas de los países y estados arriba mencionados.

La solución o soluciones a tan complicado y desastroso evento han sido buscadas y empleadas por las partes implicadas, esto es, la compañía BP y el gobierno. El asunto es alarmante y puede perderse el control si no se toman decisiones rápidas. Las consecuencias económicas de este desastre ya producen resultados desfavorables en la industria pesquera de los Estados envueltos en el problema al contaminarse sus zonas de pesca. Estos han visto con impotencia como se ha detenido el desempeño de esta industria esencial para la economía de los estados costeros del sur de EEUU.
Se condujeron medidas para evitar que el crudo derramado llegara a las costas, con este propósito se colocaron barreras en la superficie para contener el vertido en tanto que varios barcos se mantienen succionando el petróleo. La compañía BP envió robots hasta el fondo para activar el sistema de seguridad que frenaría parte del escape; uno de los escapes, el menor, fue controlado pero aun así continuó el derrame en los otros 2 escapes. La otra solución definitiva, que ya se ha puesto en marcha, consiste en tapar las fugas principales con una campana conectada a un barco mediante tuberías que extraerían el petróleo. El problema es que nunca se ha realizado una maniobra de este tipo en aguas tan profundas; esto establecía un desafío tecnológico; pero se construyó la campana y ayer finalmente se instaló. Parece que funciona, aunque hay informaciones contradictorias en tal sentido.
¿Qué consecuencias traerá esta catástrofe ambiental? Desde el primer momento que comenzó el derrame de tal cantidad de crudo, los daños económicos son evidentes al paralizarse una industria millonaria como es la industria pesquera. La ambientalista Wilma Subra señaló que el 40% de los productos del mar que se consumen en Estados Unidos provienen de esta región.
Un derrame de petróleo como este, desde el momento que se produjo, daña todo el ecosistema marino y en la costa; sobre todo los refugios de vida silvestre, playas y estuarios en Luisiana, Mississippi, Alabama y Florida. Se estima que aun deteniendo la fuga hoy, se requerirá entre 5 a 10 años para reparar los daños causados.
Una de las consecuencias que podemos esperar es que los planes para continuar la prospección y explotación petrolera en aguas profundas se verá afectada. La intención de permitir esto en otras zonas costeras del país se verá detenida. Por una parte se exigirá medias estrictas para continuar estas prácticas y garantías de que esté disponible la tecnología apropiada para evitar estos desastres en el futuro.
Esta ruina también le provee argumentos a los ambientalistas que se oponen a la explotación petrolera tal y como viene haciéndose y su extensión a otras áreas. Muchos "ecologistas de pancarta" se aprovecharán de este desastre para oponerse a esto. Los partidarios de las energías alternativas o renovables tendrán también sus argumentos a la mano. El país demorará en desprenderse de su dependencia al petróleo proveniente del extranjero.
Por último. ¿Quién pagará la factura por el control de este desastre? Sabemos que la compañía ha asumido los costos… ¿pero hasta que punto? Seguro que el gobierno asumirá parte de los gastos. ¿Cuánto será? No sabemos, pero la cifra cuando se conozca será perturbadora. Una parte del gasto, quiera o no el gobierno federal o los gobiernos estatales, saldrá del bolsillo del contribuyente.
Hasta tanto nos preguntamos… ¿funcionará la inmensa campana?
http://www.conexioncubana.net/opinion/desastre-ambiental-en-el-golfo-de-mexico/

Por: Eloy A González.
Las noticias están ahí, solo basta asomarse a los noticiarios para encontrar esta información que estremece. Asistimos a uno de los más grandes desastres ambientales que se han producido y es considerado el mayor desastre ecológico en los Estados Unidos. Esta ahí no solo en las noticias, es parte de una realidad tan actual, que hoy seguimos paso a paso la solución a un problema que se les escapa de las manos a todos. Las aguas del Golfo de México, un escenario muy cercano a nosotros están siendo contaminadas por un extenso y continuo vertido de petróleo. Hasta este momento en que escribo estas líneas, el derrame es incontenible.
El día 20 de abril tuvo lugar en el Golfo de México un desastre natural cuando una plataforma petrolífera de la compañía British Petroleum (BP) se incendió y se hundió después de una explosión. Esto ocurrió frente a las costas de Luisiana y el incidente dejo 13 muertos. Con el hundimiento de la plataforma Deepwater Horizon a unos 1525 metros de profundidad se produjo una fuga de petróleo que hasta la fecha no se han logrado detener a pesar de todos los esfuerzos.
El escenario de esta calamidad es la región norte del Golfo de México. El Golfo de México es una cuenca marítima contenida entre los litorales de México, Estados Unidos y Cuba. Los estados mexicanos que tienen costa con el golfo son: Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán. Los estadounidenses son: Florida, Alabama, Misisipi, Luisiana y Texas. La isla de Cuba ocupa en la parte oriental del Golfo la salida de éste hacia el océano Atlántico, en tanto que la península de Yucatán, también al poniente, separa al golfo del mar Caribe. Esto nos da una idea de cuánto puede afectar el vertido de gran cantidad de petróleo en esta zona.
También el Golfo de México y en específico la costa sur de los Estados Unidos, sobre todo la costa de Luisiana y Misisipi, es un área muy vulnerable y el daño al sistema ambiental puede ser catastrófico si no se actúa a tiempo.
El vertido ha continuado imparable. Se estima que la cantidad de petróleo que se está derramando al océano es equivalente a 3,5 barriles de crudo por minuto. Esto supera por 5 las primeras estimaciones y según los cálculos, se han vertido entre 8 y 9 millones de litros de petróleo en las aguas profundas del Golfo de México desde el pasado día 20. Hasta el momento, el derrame ha creado una mancha que mide unos 77 kilómetros de largo por unos 129 de ancho, y se localiza a unos 50 kilómetros del frágil ecosistema costero de Luisiana. Dependiendo de las mareas y los vientos esta mancha puede moverse a las costas de los países y estados arriba mencionados.

La solución o soluciones a tan complicado y desastroso evento han sido buscadas y empleadas por las partes implicadas, esto es, la compañía BP y el gobierno. El asunto es alarmante y puede perderse el control si no se toman decisiones rápidas. Las consecuencias económicas de este desastre ya producen resultados desfavorables en la industria pesquera de los Estados envueltos en el problema al contaminarse sus zonas de pesca. Estos han visto con impotencia como se ha detenido el desempeño de esta industria esencial para la economía de los estados costeros del sur de EEUU.
Se condujeron medidas para evitar que el crudo derramado llegara a las costas, con este propósito se colocaron barreras en la superficie para contener el vertido en tanto que varios barcos se mantienen succionando el petróleo. La compañía BP envió robots hasta el fondo para activar el sistema de seguridad que frenaría parte del escape; uno de los escapes, el menor, fue controlado pero aun así continuó el derrame en los otros 2 escapes. La otra solución definitiva, que ya se ha puesto en marcha, consiste en tapar las fugas principales con una campana conectada a un barco mediante tuberías que extraerían el petróleo. El problema es que nunca se ha realizado una maniobra de este tipo en aguas tan profundas; esto establecía un desafío tecnológico; pero se construyó la campana y ayer finalmente se instaló. Parece que funciona, aunque hay informaciones contradictorias en tal sentido.
¿Qué consecuencias traerá esta catástrofe ambiental? Desde el primer momento que comenzó el derrame de tal cantidad de crudo, los daños económicos son evidentes al paralizarse una industria millonaria como es la industria pesquera. La ambientalista Wilma Subra señaló que el 40% de los productos del mar que se consumen en Estados Unidos provienen de esta región.
Un derrame de petróleo como este, desde el momento que se produjo, daña todo el ecosistema marino y en la costa; sobre todo los refugios de vida silvestre, playas y estuarios en Luisiana, Mississippi, Alabama y Florida. Se estima que aun deteniendo la fuga hoy, se requerirá entre 5 a 10 años para reparar los daños causados.
Una de las consecuencias que podemos esperar es que los planes para continuar la prospección y explotación petrolera en aguas profundas se verá afectada. La intención de permitir esto en otras zonas costeras del país se verá detenida. Por una parte se exigirá medias estrictas para continuar estas prácticas y garantías de que esté disponible la tecnología apropiada para evitar estos desastres en el futuro.
Esta ruina también le provee argumentos a los ambientalistas que se oponen a la explotación petrolera tal y como viene haciéndose y su extensión a otras áreas. Muchos "ecologistas de pancarta" se aprovecharán de este desastre para oponerse a esto. Los partidarios de las energías alternativas o renovables tendrán también sus argumentos a la mano. El país demorará en desprenderse de su dependencia al petróleo proveniente del extranjero.
Por último. ¿Quién pagará la factura por el control de este desastre? Sabemos que la compañía ha asumido los costos… ¿pero hasta que punto? Seguro que el gobierno asumirá parte de los gastos. ¿Cuánto será? No sabemos, pero la cifra cuando se conozca será perturbadora. Una parte del gasto, quiera o no el gobierno federal o los gobiernos estatales, saldrá del bolsillo del contribuyente.
Hasta tanto nos preguntamos… ¿funcionará la inmensa campana?
http://www.conexioncubana.net/opinion/desastre-ambiental-en-el-golfo-de-mexico/
LOS SANTOS INOCENTES
Por: Reinaldo Spitaletta
El gran perdedor en estas elecciones fue el pueblo colombiano. Parece un pueblo acostumbrado a las penas y a las derrotas, con cierto aire manifiesto de sadomasoquismo.
Dicen que cada pueblo elige el gobierno que se merece, pero no hay que olvidar que en los comicios –que dan la apariencia de democracia- hay en juego intereses suprapopulares, los de quienes ejercen el poder.
Ahora que estamos en efemérides bicentenarias, lo que se nota en nuestra historia de desgracias es el dominio secular de unas castas, de unos exclusivos –y excluyentes- clanes que han mantenido o incrementado su cuota de poder. Nada nuevo bajo el bíblico sol. El pueblo, o el rebaño, será siempre utilizado como carne de cañón, como elector de sus verdugos, o como “idiota útil”, expresión otra vez en boga a propósito de la resurrección del caso del grupo paramilitar los Doce apóstoles y el hermano del Presidente.
Por ahí dicen que perdieron las encuestas. Qué va. Cumplieron con su papel idiotizador, con sus fines de mercadeo, su intención de espectáculo y visceralidad. Insisto, perdió la mayoría, que son casi todos, tanto los que votaron como los que se abstuvieron, porque serán las víctimas propiciatorias de los próximos cuatro años, de un gobierno que, igual, favorecerá, como el de hoy, a los banqueros, a las transnacionales, a una élite privilegiada, que para eso son los dueños del país.
Se dirá, claro, que todavía falta la segunda vuelta. Ya todo está cocinado. Y consumado. El candidato oficial del régimen no perderá. El aparataje está diseñado para la continuidad. Todos (o casi todos) vieron la descarada injerencia presidencial en la campaña, los llamados, subliminales o no, a votar por Santos. Ah, las que también perdieron fueron las famosas redes sociales de internet. Alguien decía que una candidatura –como la del desteñido partido Verde- no se puede soportar en “culicagados”.
También se rumoraba en conversaciones de cafetín que no hay “nada más equivocado que el gusto de las mayorías”, una frase que pudo haber sido pronunciada por Wilde, o por el escritor Mario Escobar Velásquez, al cual alguien se la atribuyó en algún palique. Y ese “gusto”, auspiciado por mecanismos mediáticos y de otros poderes, se inclinó otra vez por una propuesta que volverá a castigar a los desposeídos.
Volverán entonces las oscuras maniobras de la corrupción y la politiquería, tan campantes en estos últimos ocho años. La vigencia del “todo vale”, de la cultura mafiosa, del amparo a la ilegitimidad y del irrespeto por la diferencia, será de nuevo el pan amargo de cada día. Para eso está diseñado el país. Y para eso se domestican las mayorías. No hay misterio.
Así que preparémonos para asistir al perfeccionamiento de los terroríficos “falsos positivos”, contra cuya impunidad continúan luchando, entre otros, las madres de Soacha. Este es un país en el cual lo anormal (y lo ilegal) se ha vuelto normal. Se prolongará, por ejemplo, el estado de miseria de más de veinte millones de colombianos, si no es que la cifra se tornará mayor. Crecerá –por qué no- el desplazamiento forzado, que ha sido vieja táctica del paramilitarismo y otros terratenientes, para quedarse con las mejores tierras, muchas de ellas dedicadas hoy al cultivo de palma africana. Seguiremos siendo el país latinoamericano con mayor índice de desempleo y hasta se ampliará la presencia de las bases militares estadounidenses.
Continuará el imperio de las “chuzadas”, de la degradación del sindicalismo, del negocio de la salud por encima de la salud de los colombianos, del negocio de la guerra, de los agroingresos seguros, en fin, que el catálogo siniestro es amplio. También se puede hacer una lectura de que hubo un “voto de confianza” a la parapolítica, la yidispolítica, al aumento de la inseguridad urbana, al enriquecimiento ilícito, etc. Pero, por otra parte, el candidato del gobierno, con todo el apoyo de la maquinaria oficial, no pudo ganar en primera vuelta, lo cual puede ser un aliciente para las “minorías” que votaron en su contra. Así que de hoy al 20 de junio, como diría don Perogrullo, cualquier cosa puede pasar.
Fuente: http://www.elespectador.com/columna-206202-los-santos-inocentes
El gran perdedor en estas elecciones fue el pueblo colombiano. Parece un pueblo acostumbrado a las penas y a las derrotas, con cierto aire manifiesto de sadomasoquismo.
Dicen que cada pueblo elige el gobierno que se merece, pero no hay que olvidar que en los comicios –que dan la apariencia de democracia- hay en juego intereses suprapopulares, los de quienes ejercen el poder.
Ahora que estamos en efemérides bicentenarias, lo que se nota en nuestra historia de desgracias es el dominio secular de unas castas, de unos exclusivos –y excluyentes- clanes que han mantenido o incrementado su cuota de poder. Nada nuevo bajo el bíblico sol. El pueblo, o el rebaño, será siempre utilizado como carne de cañón, como elector de sus verdugos, o como “idiota útil”, expresión otra vez en boga a propósito de la resurrección del caso del grupo paramilitar los Doce apóstoles y el hermano del Presidente.
Por ahí dicen que perdieron las encuestas. Qué va. Cumplieron con su papel idiotizador, con sus fines de mercadeo, su intención de espectáculo y visceralidad. Insisto, perdió la mayoría, que son casi todos, tanto los que votaron como los que se abstuvieron, porque serán las víctimas propiciatorias de los próximos cuatro años, de un gobierno que, igual, favorecerá, como el de hoy, a los banqueros, a las transnacionales, a una élite privilegiada, que para eso son los dueños del país.
Se dirá, claro, que todavía falta la segunda vuelta. Ya todo está cocinado. Y consumado. El candidato oficial del régimen no perderá. El aparataje está diseñado para la continuidad. Todos (o casi todos) vieron la descarada injerencia presidencial en la campaña, los llamados, subliminales o no, a votar por Santos. Ah, las que también perdieron fueron las famosas redes sociales de internet. Alguien decía que una candidatura –como la del desteñido partido Verde- no se puede soportar en “culicagados”.
También se rumoraba en conversaciones de cafetín que no hay “nada más equivocado que el gusto de las mayorías”, una frase que pudo haber sido pronunciada por Wilde, o por el escritor Mario Escobar Velásquez, al cual alguien se la atribuyó en algún palique. Y ese “gusto”, auspiciado por mecanismos mediáticos y de otros poderes, se inclinó otra vez por una propuesta que volverá a castigar a los desposeídos.
Volverán entonces las oscuras maniobras de la corrupción y la politiquería, tan campantes en estos últimos ocho años. La vigencia del “todo vale”, de la cultura mafiosa, del amparo a la ilegitimidad y del irrespeto por la diferencia, será de nuevo el pan amargo de cada día. Para eso está diseñado el país. Y para eso se domestican las mayorías. No hay misterio.
Así que preparémonos para asistir al perfeccionamiento de los terroríficos “falsos positivos”, contra cuya impunidad continúan luchando, entre otros, las madres de Soacha. Este es un país en el cual lo anormal (y lo ilegal) se ha vuelto normal. Se prolongará, por ejemplo, el estado de miseria de más de veinte millones de colombianos, si no es que la cifra se tornará mayor. Crecerá –por qué no- el desplazamiento forzado, que ha sido vieja táctica del paramilitarismo y otros terratenientes, para quedarse con las mejores tierras, muchas de ellas dedicadas hoy al cultivo de palma africana. Seguiremos siendo el país latinoamericano con mayor índice de desempleo y hasta se ampliará la presencia de las bases militares estadounidenses.
Continuará el imperio de las “chuzadas”, de la degradación del sindicalismo, del negocio de la salud por encima de la salud de los colombianos, del negocio de la guerra, de los agroingresos seguros, en fin, que el catálogo siniestro es amplio. También se puede hacer una lectura de que hubo un “voto de confianza” a la parapolítica, la yidispolítica, al aumento de la inseguridad urbana, al enriquecimiento ilícito, etc. Pero, por otra parte, el candidato del gobierno, con todo el apoyo de la maquinaria oficial, no pudo ganar en primera vuelta, lo cual puede ser un aliciente para las “minorías” que votaron en su contra. Así que de hoy al 20 de junio, como diría don Perogrullo, cualquier cosa puede pasar.
Fuente: http://www.elespectador.com/columna-206202-los-santos-inocentes
MEMORIA, ÉTICA Y PORVENIR
Por: Zabrina Molina, César Badillo y Héctor Arenas | Enviar Correo al Autor | Más Artículos del Autor
Pero ahora quiero recordar a aquellos
que ya no volverán aunque los llames.
M. C.
Llega el mes de abril y la luz cálida va venciendo la penumbra y el frío de un invierno lluvioso y prolongado; acudimos a una reunión con el Maestro Manuel Reyes Mate en la mítica y hermosa Residencia de Estudiantes: El año pasado, Reyes Mate obtuvo el Premio Nacional de Ensayo del Ministerio de Cultura de España, con su obra La herencia del olvido; el tema que nos convoca hoy es su especialidad: La Memoria.
La memoria es peligrosa
Walter Benjamin señaló que la memoria abre expedientes que el Derecho da por clausurados. Traemos a colación esta sentencia para iniciar el diálogo y Reyes Mate, que acaba de llegar de Turín de un encuentro en torno al Pensar en español, nos observa con sus ojos claros y serenos, y con voz grave y pausada nos dice: “La memoria es peligrosa y por eso los poderes políticos siempre han tenido una política de la memoria, es decir, una instrumentalización de la memoria. Cuando la memoria expresa las injusticias pasadas, cuando es la voz de las víctimas, entonces se convierte en un asunto peligroso, lo estamos viendo en España. Se hablaba mucho de memoria, pero la mayor parte de las veces se hacía en un plan retórico; cuando la memoria se ha convertido en el epicentro de una revisión crítica del franquismo y el juzgamiento de los responsables, han saltado las alarmas y se ha convertido en un problema político que divide al país, porque los falangistas están pretendiendo juzgar a quien ya asumió la responsabilidad de juzgarlos”.
Sus palabras nos evocan de manera inmediata el valor de la Corte Suprema de Justicia en Colombia, que se ha convertido en un bastión de la defensa de lo que queda de institucionalidad democrática –cada vez más reconocido internacionalmente–, por la extraordinaria entereza con la que ha protegido un principio de justicia, en un país que sufre la embestida arrasadora de un modelo totalitario con disfraz democrático, no desligado del resurgimiento del fascismo en la alianza atlántica, y vinculado esta vez a las redes corporativas del presente, y al capital acumulado en las armas, el narcotráfico y el lavado de activos**.
La memoria –continúa Reyes Mate– está estallando en el mundo: Memoria de la conquista, memoria del colonialismo, memoria de la esclavitud, memoria de la guerra civil, y este ascenso de la memoria nos permite conocer algo que la historia desconoce: lo oculto, lo declarado insignificante por la historia, lo vencido, lo fracasado, los no hechos, lo que subsiste sólo como posibilidad porque no pudo ser. En este sentido, es esclarecedora la frase de Gabriel García Márquez en Los funerales de la mama grande: “Vamos a contar los hechos tal y como fueron antes de que lleguen los historiadores”.
Las palabras de Reyes Mate son certeras y actúan como detonantes de nuestra propia memoria: la de los seres cuya vida fue arrebatada por soñar y buscar un país justo, la memoria de los que han asumido los riesgos y la zozobra de vivir amenazados por no callar la verdad frente al crimen y el régimen de oprobio, la memoria de los que no han permanecido indiferentes y que han renunciado al confort que brinda el halago astuto, o el silencio cómodo, y han asumido desde la ética en los diversos intersticios de la vida cotidiana, las dificultades que implica el no guardar silencio frente a la ausencia de soberanía y la captura mafiosa del Estado.
Memoria y justicia
Preguntamos entonces por otras novedades que estén aconteciendo en el plano de la memoria, y Reyes Mate nos contesta: ¡Su identificación con la Justicia! Y para explicar lo que esto significa, podemos recordar la respuesta que dio Primo Levy a una jovencita que estaba escuchando los relatos de los campos de exterminio y le preguntó: “Pero, ¿qué podemos hacer nosotros?” Y Primo Levy le respondió con una frase muy críptica: “Los jueces sois vosotros”. Uno se pregunta –continúa Reyes Mate– ¿qué justicia puede administrar un oyente? Mientras vivimos nosotros, los supervivientes, mantenemos viva la memoria de la injusticia, pero el día en que desaparezcamos no habrá memoria de la injusticia, y sin memoria de la injusticia es como si la injusticia no hubiera tenido lugar: Los muertos, los sacrificios, la bestialidad… Entonces, lo que pide Primo Levy a los jóvenes es mantener viva la memoria de la injusticia porque sin memoria de la injusticia no hay justicia posible. Eso no significa que la memoria de la injusticia repare todos los daños de la injusticia, pero el mantener viva la memoria de lo irreparable es imprescindible para cualquier derecho que asuma la tarea de la justicia.
Las reflexiones de Reyes Mate nos recuerdan el valor de la propuesta del ex magistrado Augusto Ibáñez, en el sentido de organizar un proceso que permita a nuestro pueblo saber lo que nos ha sucedido en las últimas décadas. Una nueva forma de memoria y divulgación que responda al hecho de que, sobre la persecución y el exterminio iniciado en 1948, o en 1985, en su fase más reciente, se ha tendido un manto de olvido y tergiversación que nos impide conocer lo que nos ha ocurrido como comunidad. Resulta imprescindible una memoria esclarecedora de lo sucedido si queremos dejar atrás el ciclo repetido del horror. En este proceso de memoria sería esencial –consideramos– el valeroso trabajo de Nunca Más (www.colombianuncamas.org).
El Maestro Reyes Mate nos regresa al presente: la memoria abre expedientes que el Derecho, la historia, dan por clausurados. Hay memoria de la injusticia mientras la injusticia no sea reparada. Y mientras la injusticia no sea reparada, no se puede hablar de prescripción ni de reconciliación ni de paz ni de nada. La memoria de la injusticia se rebela frente a todas las formas de olvido que tiene el Derecho, entre ellas las leyes de punto final.
Cuando hablamos de memoria, hay que tener en cuenta que se trata de un proceso, y muchas veces no sólo nos quedamos en el inicio sino que también admitimos sin deliberar, procedimientos preconcebidos y contrarios al acceso a una memoria esclarecedora y justa.
El final tendrá que ser la reconciliación; el criminal en los conflictos, además de hacerle daño a la víctima, le causa daño a la sociedad porque la divide entre quienes celebran las muertes y quienes las lloran. Además, empobrece a la sociedad porque la priva de la víctima y también de sí mismo, porque se reduce a la condición de delincuente.
Al hablar del conflicto en Colombia –pensamos mientras escuchamos a Reyes Mate–, debemos tener en cuenta que las víctimas corresponden a una amplia gama: las víctimas del capitalismo como sistema económico que degrada, enfrenta y aniquila; de la condición imperial que ubicó a Colombia hace tiempo como espacio geopolítico importante; las victimas de la guerra sucia que decretó el exterminio de quienes encarnaban ideas diferentes del orden segregador, heredado, y las victimas de las guerrillas, como resultado de la degradación del conflicto. El fascismo y el progreso tienen en común la no reparación en medios para alcanzar fines, la invisibilización de las víctimas.
Conflicto y memoria
Pensar en la superación del conflicto exige la memoria de las víctimas, y la reconciliación como horizonte supone recuperar la víctima y el verdugo. Quien extermina en el conflicto le envía un mensaje a la sociedad diciendo que la víctima es irrelevante para la sociedad política por la cual se lucha. Frente a esto, hay que afirmar la condición de ciudadano de la víctima, y esto está ligado a la recuperación del verdugo, la cual supone que él reconozca que hizo daño, que lo que hizo no fue un acto heroico. Supone también que acontezca el perdón, pero el perdón sólo lo puede dar la víctima si le nace hacerlo.
Las reflexiones de Reyes Mate sobre conflicto, memoria y olvido también nos recuerdan los nexos entre la crisis económica de 1929 y la estampida del fascismo en la década del 30, que culminó en la conflagración de la Segunda Guerra Mundial. La opción, entonces, fue la de la fuerza desnuda para el reparto armado del mundo y de los mercados, para la aniquilación de lo que se consideraba sobrante: gente, fábricas, recursos ambientales, etcétera. Hoy día, en los medios de comunicación y en la calle el tema de moda es la crisis, pero no se tiene en cuenta que las crisis recurrentes se enraízan en una concepción errónea de los fines de la existencia, como vislumbró José Martí, quien asistió a la crisis de 1893 con exceso de mercancías, con despidos masivos, etcétera. No se tiene en cuenta tampoco lo señalado con precisión por Evo Morales en la Cumbre de la Tierra: “Sólo tenemos dos caminos: La Pacha Mama o la muerte. Muere el capitalismo o muere la Madre Tierra”.
Identidad, autonomía, valores
Reyes Mate responde a nuestra inquietud: esta crisis ha sido un test muy interesante y nada hemos aprendido. Me producen gran perplejidad los límites de nuestro saber crítico. Pudo haber sido la ocasión para dar a luz algo alternativo. Se pudo haber dado una reflexión a fondo sobre el capitalismo. ¿Por qué no ha sido posible? Se entiende que los políticos no la promuevan porque eso cuestiona el statu quo de la clase política, pero lo que llama la atención es que tampoco haya habido, desde la reflexión crítica, desde el mundo intelectual, una propuesta atractiva. Hay una especie de resignación intelectual, como si tras la crisis del marxismo sólo se pudieran poner parches: mejorar unos derechos aquí, considerar otros derechos allí, pero no hay propuestas alternativas. Entonces, lo que sale reforzado es el capitalismo: hay que salvar a los bancos porque si no perdéis todo; lo vuestro depende de ellos.
Se entiende entonces que el bienestar de la ciudadanía depende del enriquecimiento de las élites. Así, cada vez estamos más sumidos en las contradicciones y al mismo tiempo más paralizados. Las desigualdades de hoy son heredadas, no son el producto del azar. No son hechos naturales como los ríos y lo montes. Las desigualdades pueden ser injusticias. Yo encontré alguna luz en Walter Benjamin. Él diferenciaba el examen del capitalismo del siglo XIX y el del siglo XX; en el primero, decía, hay que examinar la fábrica, en el segundo hay que analizar el escaparate, el escaparate orienta nuestros valores, nos sueña. El consumismo no es sólo la voracidad del consumo sino también la renuncia a pensar por nosotros mismos los valores.
Las reflexiones de Reyes Mate nos instan a tener presente la magnitud de los estragos causados en Colombia y el hecho de que la mayor parte de las opciones que ofrece el escenario político que se abre este año son las mismas soluciones que han sido raíz del desastre. En este tiempo preelectoral, esta memoria nos permite comprender que, sin revolución ética y ecológica, no tendremos porvenir. Comprender que, como tejido colectivo, aún carecemos de instrumentos que nos permitan oponernos masivamente a la astucia que nos condena a reeditar la dinámica que impele el ciclo de la miseria material y espiritual, pudiera brindarnos la clave para comenzar la labor. Pues, además de los ríos de sangre que no han cesado de correr, y del imperio de las más aberrantes injusticias que no ha cesado de funcionar, hemos sido catapultados a un proceso de involución cultural en el cual los medios masivos de comunicación han cumplido la pérfida tarea de manipular las conciencias y someter las mentes a la confusión y el odio. La mayor parte de la educación, salvo excepcionales e invaluables ínsulas, se ha plegado a este proceso por la conversión de las instituciones en una suerte de expendios mercantiles de títulos.
Sin embargo, en medio de la penumbra también alientan las semillas del decoro, las prefiguraciones diversas de un porvenir posible que se enraíza en el amor sin tregua. En nuestro país ha emergido un tejido de la honorabilidad en el proceder que porta en sí la energía invencible de la memoria de las víctimas sacrificadas por quienes no han dudado en derramar la sangre y desestancar los odios, para preservar el orden de privilegios y la red de capitales engordados en el crimen.
La alianza ética que reúna la amplísima diversidad que no es indiferente a los medios que se utilizan para alcanzar los fines, así como procura hacer bien el oficio o la labor en que se ocupa, nos permitirá cruzar el umbral que nos mantiene sumidos en una espiral de confusión y barbarie. Sin la ética, sin la fuerza espiritual, no tendrán lugar las variaciones que precisamos. De nada servirá cambiar un poder por otro si las ambiciones de honores y fortunas prevalecen sobre el deber de consagrar las energías a la curación de tantos destrozos en el tejido social, los universos interiores y la naturaleza. Aquí se hace urgente una nueva nemotecnia, un procedimiento claro que nos permita, con base en la memoria, acceder una reconciliación real.
La economía tendrá que salir del control corporativo y mafioso que hoy impera, e incorporar en los principios que la inspiren, el saber de las comunidades que labran con el ejemplo cotidiano una nueva-antigua manera de habitar: compartiendo, cooperando, sanando la tierra y reconociendo que pertenecemos a ella en lugar de creer tontamente que ella nos pertenece; apostando por la evolución cultural y espiritual, en lugar de colocar un acento excluyente en la acumulación de bienes materiales como horizonte de la existencia.
La justicia no tendrá que ser reducida a la dimensión vindicativa porque deje de ser justicia en su esencia de curación y transformación radical del orden heredado. La magnitud de los estragos exige un movimiento amplio que reúna la multi-com-plicidad diversa que comparte conciencia sobre lo imprescindible que resulta la evolución interior, como paso insoslayable para transformar el mundo, que también comparte el sentimiento del servicio en diferentes esferas como parte de nuestra responsabilidad al habitar esta tierra.
* Con base en una entrevista con Manuel Reyes Mate
** Ver La riqueza tras el poder, obra de Robert Brady.
http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1094&numero=89
Pero ahora quiero recordar a aquellos
que ya no volverán aunque los llames.
M. C.
Llega el mes de abril y la luz cálida va venciendo la penumbra y el frío de un invierno lluvioso y prolongado; acudimos a una reunión con el Maestro Manuel Reyes Mate en la mítica y hermosa Residencia de Estudiantes: El año pasado, Reyes Mate obtuvo el Premio Nacional de Ensayo del Ministerio de Cultura de España, con su obra La herencia del olvido; el tema que nos convoca hoy es su especialidad: La Memoria.
La memoria es peligrosa
Walter Benjamin señaló que la memoria abre expedientes que el Derecho da por clausurados. Traemos a colación esta sentencia para iniciar el diálogo y Reyes Mate, que acaba de llegar de Turín de un encuentro en torno al Pensar en español, nos observa con sus ojos claros y serenos, y con voz grave y pausada nos dice: “La memoria es peligrosa y por eso los poderes políticos siempre han tenido una política de la memoria, es decir, una instrumentalización de la memoria. Cuando la memoria expresa las injusticias pasadas, cuando es la voz de las víctimas, entonces se convierte en un asunto peligroso, lo estamos viendo en España. Se hablaba mucho de memoria, pero la mayor parte de las veces se hacía en un plan retórico; cuando la memoria se ha convertido en el epicentro de una revisión crítica del franquismo y el juzgamiento de los responsables, han saltado las alarmas y se ha convertido en un problema político que divide al país, porque los falangistas están pretendiendo juzgar a quien ya asumió la responsabilidad de juzgarlos”.
Sus palabras nos evocan de manera inmediata el valor de la Corte Suprema de Justicia en Colombia, que se ha convertido en un bastión de la defensa de lo que queda de institucionalidad democrática –cada vez más reconocido internacionalmente–, por la extraordinaria entereza con la que ha protegido un principio de justicia, en un país que sufre la embestida arrasadora de un modelo totalitario con disfraz democrático, no desligado del resurgimiento del fascismo en la alianza atlántica, y vinculado esta vez a las redes corporativas del presente, y al capital acumulado en las armas, el narcotráfico y el lavado de activos**.
La memoria –continúa Reyes Mate– está estallando en el mundo: Memoria de la conquista, memoria del colonialismo, memoria de la esclavitud, memoria de la guerra civil, y este ascenso de la memoria nos permite conocer algo que la historia desconoce: lo oculto, lo declarado insignificante por la historia, lo vencido, lo fracasado, los no hechos, lo que subsiste sólo como posibilidad porque no pudo ser. En este sentido, es esclarecedora la frase de Gabriel García Márquez en Los funerales de la mama grande: “Vamos a contar los hechos tal y como fueron antes de que lleguen los historiadores”.
Las palabras de Reyes Mate son certeras y actúan como detonantes de nuestra propia memoria: la de los seres cuya vida fue arrebatada por soñar y buscar un país justo, la memoria de los que han asumido los riesgos y la zozobra de vivir amenazados por no callar la verdad frente al crimen y el régimen de oprobio, la memoria de los que no han permanecido indiferentes y que han renunciado al confort que brinda el halago astuto, o el silencio cómodo, y han asumido desde la ética en los diversos intersticios de la vida cotidiana, las dificultades que implica el no guardar silencio frente a la ausencia de soberanía y la captura mafiosa del Estado.
Memoria y justicia
Preguntamos entonces por otras novedades que estén aconteciendo en el plano de la memoria, y Reyes Mate nos contesta: ¡Su identificación con la Justicia! Y para explicar lo que esto significa, podemos recordar la respuesta que dio Primo Levy a una jovencita que estaba escuchando los relatos de los campos de exterminio y le preguntó: “Pero, ¿qué podemos hacer nosotros?” Y Primo Levy le respondió con una frase muy críptica: “Los jueces sois vosotros”. Uno se pregunta –continúa Reyes Mate– ¿qué justicia puede administrar un oyente? Mientras vivimos nosotros, los supervivientes, mantenemos viva la memoria de la injusticia, pero el día en que desaparezcamos no habrá memoria de la injusticia, y sin memoria de la injusticia es como si la injusticia no hubiera tenido lugar: Los muertos, los sacrificios, la bestialidad… Entonces, lo que pide Primo Levy a los jóvenes es mantener viva la memoria de la injusticia porque sin memoria de la injusticia no hay justicia posible. Eso no significa que la memoria de la injusticia repare todos los daños de la injusticia, pero el mantener viva la memoria de lo irreparable es imprescindible para cualquier derecho que asuma la tarea de la justicia.
Las reflexiones de Reyes Mate nos recuerdan el valor de la propuesta del ex magistrado Augusto Ibáñez, en el sentido de organizar un proceso que permita a nuestro pueblo saber lo que nos ha sucedido en las últimas décadas. Una nueva forma de memoria y divulgación que responda al hecho de que, sobre la persecución y el exterminio iniciado en 1948, o en 1985, en su fase más reciente, se ha tendido un manto de olvido y tergiversación que nos impide conocer lo que nos ha ocurrido como comunidad. Resulta imprescindible una memoria esclarecedora de lo sucedido si queremos dejar atrás el ciclo repetido del horror. En este proceso de memoria sería esencial –consideramos– el valeroso trabajo de Nunca Más (www.colombianuncamas.org).
El Maestro Reyes Mate nos regresa al presente: la memoria abre expedientes que el Derecho, la historia, dan por clausurados. Hay memoria de la injusticia mientras la injusticia no sea reparada. Y mientras la injusticia no sea reparada, no se puede hablar de prescripción ni de reconciliación ni de paz ni de nada. La memoria de la injusticia se rebela frente a todas las formas de olvido que tiene el Derecho, entre ellas las leyes de punto final.
Cuando hablamos de memoria, hay que tener en cuenta que se trata de un proceso, y muchas veces no sólo nos quedamos en el inicio sino que también admitimos sin deliberar, procedimientos preconcebidos y contrarios al acceso a una memoria esclarecedora y justa.
El final tendrá que ser la reconciliación; el criminal en los conflictos, además de hacerle daño a la víctima, le causa daño a la sociedad porque la divide entre quienes celebran las muertes y quienes las lloran. Además, empobrece a la sociedad porque la priva de la víctima y también de sí mismo, porque se reduce a la condición de delincuente.
Al hablar del conflicto en Colombia –pensamos mientras escuchamos a Reyes Mate–, debemos tener en cuenta que las víctimas corresponden a una amplia gama: las víctimas del capitalismo como sistema económico que degrada, enfrenta y aniquila; de la condición imperial que ubicó a Colombia hace tiempo como espacio geopolítico importante; las victimas de la guerra sucia que decretó el exterminio de quienes encarnaban ideas diferentes del orden segregador, heredado, y las victimas de las guerrillas, como resultado de la degradación del conflicto. El fascismo y el progreso tienen en común la no reparación en medios para alcanzar fines, la invisibilización de las víctimas.
Conflicto y memoria
Pensar en la superación del conflicto exige la memoria de las víctimas, y la reconciliación como horizonte supone recuperar la víctima y el verdugo. Quien extermina en el conflicto le envía un mensaje a la sociedad diciendo que la víctima es irrelevante para la sociedad política por la cual se lucha. Frente a esto, hay que afirmar la condición de ciudadano de la víctima, y esto está ligado a la recuperación del verdugo, la cual supone que él reconozca que hizo daño, que lo que hizo no fue un acto heroico. Supone también que acontezca el perdón, pero el perdón sólo lo puede dar la víctima si le nace hacerlo.
Las reflexiones de Reyes Mate sobre conflicto, memoria y olvido también nos recuerdan los nexos entre la crisis económica de 1929 y la estampida del fascismo en la década del 30, que culminó en la conflagración de la Segunda Guerra Mundial. La opción, entonces, fue la de la fuerza desnuda para el reparto armado del mundo y de los mercados, para la aniquilación de lo que se consideraba sobrante: gente, fábricas, recursos ambientales, etcétera. Hoy día, en los medios de comunicación y en la calle el tema de moda es la crisis, pero no se tiene en cuenta que las crisis recurrentes se enraízan en una concepción errónea de los fines de la existencia, como vislumbró José Martí, quien asistió a la crisis de 1893 con exceso de mercancías, con despidos masivos, etcétera. No se tiene en cuenta tampoco lo señalado con precisión por Evo Morales en la Cumbre de la Tierra: “Sólo tenemos dos caminos: La Pacha Mama o la muerte. Muere el capitalismo o muere la Madre Tierra”.
Identidad, autonomía, valores
Reyes Mate responde a nuestra inquietud: esta crisis ha sido un test muy interesante y nada hemos aprendido. Me producen gran perplejidad los límites de nuestro saber crítico. Pudo haber sido la ocasión para dar a luz algo alternativo. Se pudo haber dado una reflexión a fondo sobre el capitalismo. ¿Por qué no ha sido posible? Se entiende que los políticos no la promuevan porque eso cuestiona el statu quo de la clase política, pero lo que llama la atención es que tampoco haya habido, desde la reflexión crítica, desde el mundo intelectual, una propuesta atractiva. Hay una especie de resignación intelectual, como si tras la crisis del marxismo sólo se pudieran poner parches: mejorar unos derechos aquí, considerar otros derechos allí, pero no hay propuestas alternativas. Entonces, lo que sale reforzado es el capitalismo: hay que salvar a los bancos porque si no perdéis todo; lo vuestro depende de ellos.
Se entiende entonces que el bienestar de la ciudadanía depende del enriquecimiento de las élites. Así, cada vez estamos más sumidos en las contradicciones y al mismo tiempo más paralizados. Las desigualdades de hoy son heredadas, no son el producto del azar. No son hechos naturales como los ríos y lo montes. Las desigualdades pueden ser injusticias. Yo encontré alguna luz en Walter Benjamin. Él diferenciaba el examen del capitalismo del siglo XIX y el del siglo XX; en el primero, decía, hay que examinar la fábrica, en el segundo hay que analizar el escaparate, el escaparate orienta nuestros valores, nos sueña. El consumismo no es sólo la voracidad del consumo sino también la renuncia a pensar por nosotros mismos los valores.
Las reflexiones de Reyes Mate nos instan a tener presente la magnitud de los estragos causados en Colombia y el hecho de que la mayor parte de las opciones que ofrece el escenario político que se abre este año son las mismas soluciones que han sido raíz del desastre. En este tiempo preelectoral, esta memoria nos permite comprender que, sin revolución ética y ecológica, no tendremos porvenir. Comprender que, como tejido colectivo, aún carecemos de instrumentos que nos permitan oponernos masivamente a la astucia que nos condena a reeditar la dinámica que impele el ciclo de la miseria material y espiritual, pudiera brindarnos la clave para comenzar la labor. Pues, además de los ríos de sangre que no han cesado de correr, y del imperio de las más aberrantes injusticias que no ha cesado de funcionar, hemos sido catapultados a un proceso de involución cultural en el cual los medios masivos de comunicación han cumplido la pérfida tarea de manipular las conciencias y someter las mentes a la confusión y el odio. La mayor parte de la educación, salvo excepcionales e invaluables ínsulas, se ha plegado a este proceso por la conversión de las instituciones en una suerte de expendios mercantiles de títulos.
Sin embargo, en medio de la penumbra también alientan las semillas del decoro, las prefiguraciones diversas de un porvenir posible que se enraíza en el amor sin tregua. En nuestro país ha emergido un tejido de la honorabilidad en el proceder que porta en sí la energía invencible de la memoria de las víctimas sacrificadas por quienes no han dudado en derramar la sangre y desestancar los odios, para preservar el orden de privilegios y la red de capitales engordados en el crimen.
La alianza ética que reúna la amplísima diversidad que no es indiferente a los medios que se utilizan para alcanzar los fines, así como procura hacer bien el oficio o la labor en que se ocupa, nos permitirá cruzar el umbral que nos mantiene sumidos en una espiral de confusión y barbarie. Sin la ética, sin la fuerza espiritual, no tendrán lugar las variaciones que precisamos. De nada servirá cambiar un poder por otro si las ambiciones de honores y fortunas prevalecen sobre el deber de consagrar las energías a la curación de tantos destrozos en el tejido social, los universos interiores y la naturaleza. Aquí se hace urgente una nueva nemotecnia, un procedimiento claro que nos permita, con base en la memoria, acceder una reconciliación real.
La economía tendrá que salir del control corporativo y mafioso que hoy impera, e incorporar en los principios que la inspiren, el saber de las comunidades que labran con el ejemplo cotidiano una nueva-antigua manera de habitar: compartiendo, cooperando, sanando la tierra y reconociendo que pertenecemos a ella en lugar de creer tontamente que ella nos pertenece; apostando por la evolución cultural y espiritual, en lugar de colocar un acento excluyente en la acumulación de bienes materiales como horizonte de la existencia.
La justicia no tendrá que ser reducida a la dimensión vindicativa porque deje de ser justicia en su esencia de curación y transformación radical del orden heredado. La magnitud de los estragos exige un movimiento amplio que reúna la multi-com-plicidad diversa que comparte conciencia sobre lo imprescindible que resulta la evolución interior, como paso insoslayable para transformar el mundo, que también comparte el sentimiento del servicio en diferentes esferas como parte de nuestra responsabilidad al habitar esta tierra.
* Con base en una entrevista con Manuel Reyes Mate
** Ver La riqueza tras el poder, obra de Robert Brady.
http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1094&numero=89
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