AL PRINCIPIO PENSÉ QUE DETRÁS DE Uribe estaban “los que no se rinden” a la justicia colombiana: el general retirado Rito Alejo del Río —íntimo del Alemán—; el “héroe de Invercolsa”, Fernando Londoño, y el siniestro Plinio Apuleyo Mendoza.
No me equivocaba, pero la cosa era peor. Detrás del trono estaba —y está— José Obdulio Gaviria, ahora también al lado de Juan Manuel Santos. Así, la cosa era grave, pero más al fondo ya es siniestra: quien está detrás de todos los nombrados es J.J. Rendón, experto internacional en “rumorología”, es decir, en levantar y divulgar chismes y mentiras sobre una persona, un partido, un gremio. No tiene ningún escrúpulo. Inventa y echa a correr cualquier rumor que le sirva: que fulano es de las Farc, que zutano es marica, que perencejo es basuquero. Fabrica una imagen al destajo, la divulga y cobra por ello. Debe cobrar por kilos. Ahora entiendo por fin el origen de los correos que nos escriben entre otros a Felipe Zuleta, a Ramiro Bejarano y a mí, todos iguales y diciéndonos lo mismo: maricas, basuqueros, terroristas. Lo dicho: se originan en las mismas oficinas de donde se chuzan los teléfonos.
En 2007 hubo en el Congreso un debate sobre este bandido internacional citado por un pariente del Presidente, Nicolás Uribe. Wilson Borja lo acusó de vincular a Carlos Gaviria y a Carlos Lozano con las Farc; el malogrado Castro Caicedo sugirió que J.J. tenía relación con el atentado a Vargas Lleras; Manuel José Vives denunció la relación de Rendón con José Obdulio y con Bernardo Moreno. Las piezas casan. En 2007 era ministro de Defensa Santos y J.J. era asesor del Ministerio desde 2006. Por esos días el DAS hacía de las suyas con la llamada “inteligencia ofensiva”, que no es otra cosa que una de las técnicas del terrorismo de Estado. Más claro: detrás de todo el escabroso tema de las chuzadas del DAS —que llevan por la ley de la gravedad hasta el Palacio de Nariño— debe estar J.J., como está H.H. detrás de la masacre del Naya. Más al fondo, siendo asesor del Ministerio de Defensa, también puede ser el “inventor de la metodología” de los llamados falsos positivos, que son asesinatos a jóvenes desempleados. Pero J.J. no sólo montaba operativos de “guerra política” que son parte de ella, también creaba imágenes heroicas para lavarles la cara y las manos a las FF. AA. Y lo logró: los soldaditos empujándole el carro viejo a la señora sepultaban los muertos de Ocaña, la mano de Iván Ríos y el cuerpo en pijama de Reyes en Lago Agrio. Una de las consecuencias de esta transustanciación es que el país no sabe a ciencia cierta qué es una cosa y qué es otra, porque todas son imágenes mediáticas construidas ex profeso. El efecto champú. ¿Qué hay de cierto en las bajas de insurgentes que presentan los generales? ¿Qué hay de real en los avances militares de la tal Seguridad Democrática? ¿Son una imagen ad hoc o son reales? ¿Qué guerra se está ganando y contra quién? ¿El clima bélico que vive Colombia con Venezuela y con Ecuador es producto de una estrategia de la rumorología para ganar una campaña electoral, así como el Caguán fue el caballito de batalla de Uribe para llegar a la Presidencia y sostenerse ocho largos y sangrientos años? ¿Qué realidad estamos viviendo, la creada por J.J. y sus técnicas, o la creada por unos hechos cada vez más desconocidos? Y alargando el caletre, y ya metidos en el reino de la ficción: ¿No somos víctimas de una esquizofrenia elaborada a conciencia por la trinca J.J.-Santos-Uribe? ¿Qué país real nos deja Uribe y qué país imaginario nos van a crear si se elige Santos? ¿Y si no se elige llegará por fin la hecatombe? Corren ya rumores de que si gana Mockus, los militares darían un golpe. ¿Será Santos el mismísimo Uribe? ¿O J.J. será José Roberto Prieto Uribe, el nuevo gerente de la campaña Santos Presidente, que no se rinde a la Corte Suprema de Justicia escapándosele a un fallo por fraude judicial? Vaya uno a saber.
A propósito: los dirigentes campesinos de Suárez, donde hubo una masacre hace pocos días, recibieron la siguiente amenaza, que por el estilo hace pensar que cambiaron de redactores en la oficina donde las ordenan hacer: “Nomads ddhh cut sintra unicol cric pcn latoma buenos aires polo hp auxiliadores de las milicias los tenemos no vamos a fallar bere olachiqui diego escbar wilsom machet jose milciades felician valencia goyes emriq licifredi edwar recheche villegas senen plutarco ibestrujillo att aguilas negras nueva generac”.
fuente:http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/alfredo-molano-bravo/columna202147-vaya-uno-saber
jueves, 10 de junio de 2010
DOS SUCESOS DE LA POLÍTICA
Con el inicio del mes de Junio de éste año la actualidad política ha traído consigo numerosos sucesos que dejan tras de sí enseñanzas de suma importancia. De no ser grandes parangones, por lo menos se puede hablar de elementos políticos que podrían marcar de manera considerable la manera de actuar y ver la política en un futuro próximo. Los dos sucesos a los que me refiero son disímiles en el espacio y en el ámbito de influencia al que atañen, pero dada su importancia y la manera en que ocurrieron tienen redes invisibles que sirven como ejes de argumentación transversal para alimentar la acción política de la ciudadanía colombiana. Hablo por supuesto de lo ocurrido en Israel y Colombia.
Pero ¿cómo relacionar temas tan dispares y de países en apariencia tan diferentes? La conexión no la he hecho voluntaria ni arbitrariamente. Por el contrario, el mérito de ésta conexión compete exclusivamente al tino político de la Senadora Piedad Córdoba. Fiel activista en defensa de los Derechos Humanos, en las salas del Congreso de La República de Colombia denunció el ataque israelí a la flotilla humanitaria.
Evidentemente este acto desproporcionado ha suscitado la reacción y una inagotable controversia con el Estado de Israel. En primer lugar –aquí el tejido que permite relacionar las dos realidades- un Estado definido por cruentas luchas contra las insurgencias y los terrorismos fundamentalistas, Estados de Seguridad que argumentan tesis altamente controversiales, empiezan a ser acusados justamente por activistas de Derechos Humanos y por instituciones internacionales y multilaterales como actos desproporcionados y violatorios de Derechos Fundamentales. No hace mucho que el propio presidente estadounidense, de ése entonces, -George Bush- proclamara la tesis del ataque preventivo; tesis misma que no ha dejado de mostrar su inconveniencia y una contradicción casi plena con los límites del Derecho internacional Humanitario. Estados como Israel y Colombia –con la tesis de la “persecución en caliente”- sostienen doctrinas similares que han puesto de nuevo la discusión sobre los límites de la soberanía de los Estados; los límites del uso legítimo de la fuerza; la legitimidad misma de la fuerza en acciones que no la requerirían (envuelto en el misterio el ataque a la flotilla todavía se sostiene de la parte Israelí que los activistas estaban armados, mientras el Estado Turco y organizaciones defensoras de Derechos Humanos reiteran el carácter netamente humanitario de la misión); y ha centrado de nuevo la discusión sobre el terrorismo ya no sólo como un monopolio propio de fundamentalistas religiosos fuera de occidente, sino que ha centrado la atención pública sobre el Terrorismo de Estado en países de occidente, donde la obsesión por la seguridad los lleva a legitimar lo ilegítimo: toda acción de terror contra civiles desarmados, toda acción de guerra desproporcionada violentando el DIH.
Claro que éste tema tiene que llamar la atención de la Sociedad Civil colombiana. Claro que el tema de los DDHH no puede dejarse de lado en ningún país del mundo, mucho menos en Colombia donde se hace necesario revitalizar la política de elementos fundamentales para la convivencia y la construcción de una patria distinta. Lamentablemente, en plenas elecciones éstos temas adquieren sólo relevancia tangencial –cuando para nuestro país deberían ser temas centrales-. Candidatos que se abanderan de la ética y de la unidad nacional hacen oídos sordos de ésta materia tan importante. Tan sólo ayer escuché a Antanas Mockus hablar de la inconveniencia (ética) del Acuerdo Humanitario, vindicando la tesis que Gustavo Petro sostuviera en su Facebook de que el candidato Verde usa un discurso fuerte contra el Polo, y un discurso de mano firme para hacerse con los votos del Uribismo blando. De Santos mejor ni hablar, ya se puede intuir –como candidato oficial- su postura frente al Acuerdo Humanitario. ¿y quién se preocupa de las víctimas?
Aquí saltamos directamente al segundo tema que ocasiona la reflexión. La coyuntura electoral: la Senadora Piedad Córdoba en el mismo discurso –reivindicando lo sostenido en el último Congreso Liberal- hablaba de la necesidad de revitalizar el Partido Liberal.
¿La propuesta? Cumplir con el sueño del doctor Gaitán de llevar el Partido a las masas: Una gran Constituyente Liberal. Así, Perpleja frente al arribismo político de la bancada liberal, la Senadora Córdoba y el sector gaitanista del partido, fiel al ideario socialdemócrata que profesan, tienen que defender su carácter de oposición y poner en cintura aquellos congresistas que hoy abandonan las toldas del Partido sin miramientos frente a los principios que los rigen. De todas maneras hay un sector digno en el Partido Liberal que quiere llevar al liberalismo por las sendas de la equidad y acercar a la colectividad a las masas. Que considera que reivindicar la importante necesidad de “la restauración moral y democrática de la república” es una prioridad en el país –sí, parece que antes de Mockus ya existía en la política colombiana un discurso ético y moral, que no estaba divorciado de las reivindicaciones sociales y la equidad-. Si se quiere buscar nuevas formas de hacer política bien podríamos mirar el pasado, bien se podría releer a Gaitán y al gran Uribe (el bueno, Rafael Uribe Uribe), bien se podría escuchar a la Senadora Piedad Córdoba y sus propuestas innovadoras, incluyentes y democráticas (quitándonos, claro está, el sesgo mediático de verla como aliada del terrorismo y como una aliada de Chávez, bien podríamos aceptar la oposición democráticamente y sin sectarismos, olvidando lo que se ha dicho falsamente de ella, dejando de creer que son los cuernos de Satán lo que lleva bajo el turbante y aceptándola como una Colombiana digna, justa y negra, como los grandes negros a los que nunca se han dignado a escuchar en este país las élites políticas). Así, parece existir una separación sumamente preocupante entre la realidad social y la campaña electoral.
En éstos días también fue noticia (parece que para los grandes medios no lo fue, ni mucho menos para los dos candidatos que van a segunda vuelta) el informe de la ONU sobre la pobreza en Colombia. Y digo que pasó sin pena ni gloria porque ninguno de los dos ha chistado media frase de preocupación por las alarmantes cifras. Éste también debería ser un tema de discusión e incumbencia nacional que lamentablemente pasa de largo. Es lamentable que las únicas tres candidaturas que ofrecían soluciones a éste tema y lo consideraban central hayan quedado fuera de toda discusión, siendo particularmente el candidato amarillo, satanizados. Me refiero claro está a los candidatos Gustavo Petro, Araujo y Rafael Pardo.
Hay otros elementos sin los cuales no quiero finalizar esta sencilla reflexión. Creo importante que hoy se hable de corrupción como un enemigo de lo político y que su finalización se considere un objetivo de vital importancia para la Política. Lo que realmente es preocupante es que considero que el abanderado de la lucha contra la corrupción tiene nociones sumamente sesgadas al respecto. Consideremos lo siguiente para aumentar la reflexión:
Primero, toda ética democrática en contra de la corrupción no se puede considerar única y excluyente frente a otras visiones que alimenten –democráticamente y mediante el diálogo- una lucha que tiene que avocar a toda la sociedad colombiana. En segundo lugar, que la discusión partidista y democrática, y, que la negociación no son sinónimos de corrupción, que la política no implica un escenario altamente negativo, sino que por el contrario hay que rescatar la política y llevarla al seno de la ciudadanía, es decir, ser más políticos. Contrario a lo que hoy se argumenta en el partido verde, las democracias modernas se alimentan del dialogo y de concesiones que no afecten principios fundamentales; posiciones altamente sectarias pueden derivar en políticas altamente autocráticas, autoritarias y sumamente violentas. Tercero, que en un país con inequidades tan grandes como Colombia no se puede hablar de ética por un lado, y deslegitimar a partidos que piensan que la equidad social es una prioridad, una prioridad también ética.
Espero que estos temas expuestos sirvan para alimentar una noción distinta de la ética y de la política. Que nuevamente ponga el centro de la discusión no sólo en los medios (dinero y Ley) para alcanzar los objetivos sociales del Estado Colombiano (objetivos constitucionales, no se les olvide), sino que le dé su justo escenario a aquellos fines esenciales del Estado.
-Mientras escribo estas letras leo en el espectador que la Senadora Piedad, frente al futuro que se prevé con los dos candidatos, ha pedido al Presidente Uribe apostar por el Acuerdo Humanitario.
POR: BENDER
Pero ¿cómo relacionar temas tan dispares y de países en apariencia tan diferentes? La conexión no la he hecho voluntaria ni arbitrariamente. Por el contrario, el mérito de ésta conexión compete exclusivamente al tino político de la Senadora Piedad Córdoba. Fiel activista en defensa de los Derechos Humanos, en las salas del Congreso de La República de Colombia denunció el ataque israelí a la flotilla humanitaria.
Evidentemente este acto desproporcionado ha suscitado la reacción y una inagotable controversia con el Estado de Israel. En primer lugar –aquí el tejido que permite relacionar las dos realidades- un Estado definido por cruentas luchas contra las insurgencias y los terrorismos fundamentalistas, Estados de Seguridad que argumentan tesis altamente controversiales, empiezan a ser acusados justamente por activistas de Derechos Humanos y por instituciones internacionales y multilaterales como actos desproporcionados y violatorios de Derechos Fundamentales. No hace mucho que el propio presidente estadounidense, de ése entonces, -George Bush- proclamara la tesis del ataque preventivo; tesis misma que no ha dejado de mostrar su inconveniencia y una contradicción casi plena con los límites del Derecho internacional Humanitario. Estados como Israel y Colombia –con la tesis de la “persecución en caliente”- sostienen doctrinas similares que han puesto de nuevo la discusión sobre los límites de la soberanía de los Estados; los límites del uso legítimo de la fuerza; la legitimidad misma de la fuerza en acciones que no la requerirían (envuelto en el misterio el ataque a la flotilla todavía se sostiene de la parte Israelí que los activistas estaban armados, mientras el Estado Turco y organizaciones defensoras de Derechos Humanos reiteran el carácter netamente humanitario de la misión); y ha centrado de nuevo la discusión sobre el terrorismo ya no sólo como un monopolio propio de fundamentalistas religiosos fuera de occidente, sino que ha centrado la atención pública sobre el Terrorismo de Estado en países de occidente, donde la obsesión por la seguridad los lleva a legitimar lo ilegítimo: toda acción de terror contra civiles desarmados, toda acción de guerra desproporcionada violentando el DIH.
Claro que éste tema tiene que llamar la atención de la Sociedad Civil colombiana. Claro que el tema de los DDHH no puede dejarse de lado en ningún país del mundo, mucho menos en Colombia donde se hace necesario revitalizar la política de elementos fundamentales para la convivencia y la construcción de una patria distinta. Lamentablemente, en plenas elecciones éstos temas adquieren sólo relevancia tangencial –cuando para nuestro país deberían ser temas centrales-. Candidatos que se abanderan de la ética y de la unidad nacional hacen oídos sordos de ésta materia tan importante. Tan sólo ayer escuché a Antanas Mockus hablar de la inconveniencia (ética) del Acuerdo Humanitario, vindicando la tesis que Gustavo Petro sostuviera en su Facebook de que el candidato Verde usa un discurso fuerte contra el Polo, y un discurso de mano firme para hacerse con los votos del Uribismo blando. De Santos mejor ni hablar, ya se puede intuir –como candidato oficial- su postura frente al Acuerdo Humanitario. ¿y quién se preocupa de las víctimas?
Aquí saltamos directamente al segundo tema que ocasiona la reflexión. La coyuntura electoral: la Senadora Piedad Córdoba en el mismo discurso –reivindicando lo sostenido en el último Congreso Liberal- hablaba de la necesidad de revitalizar el Partido Liberal.
¿La propuesta? Cumplir con el sueño del doctor Gaitán de llevar el Partido a las masas: Una gran Constituyente Liberal. Así, Perpleja frente al arribismo político de la bancada liberal, la Senadora Córdoba y el sector gaitanista del partido, fiel al ideario socialdemócrata que profesan, tienen que defender su carácter de oposición y poner en cintura aquellos congresistas que hoy abandonan las toldas del Partido sin miramientos frente a los principios que los rigen. De todas maneras hay un sector digno en el Partido Liberal que quiere llevar al liberalismo por las sendas de la equidad y acercar a la colectividad a las masas. Que considera que reivindicar la importante necesidad de “la restauración moral y democrática de la república” es una prioridad en el país –sí, parece que antes de Mockus ya existía en la política colombiana un discurso ético y moral, que no estaba divorciado de las reivindicaciones sociales y la equidad-. Si se quiere buscar nuevas formas de hacer política bien podríamos mirar el pasado, bien se podría releer a Gaitán y al gran Uribe (el bueno, Rafael Uribe Uribe), bien se podría escuchar a la Senadora Piedad Córdoba y sus propuestas innovadoras, incluyentes y democráticas (quitándonos, claro está, el sesgo mediático de verla como aliada del terrorismo y como una aliada de Chávez, bien podríamos aceptar la oposición democráticamente y sin sectarismos, olvidando lo que se ha dicho falsamente de ella, dejando de creer que son los cuernos de Satán lo que lleva bajo el turbante y aceptándola como una Colombiana digna, justa y negra, como los grandes negros a los que nunca se han dignado a escuchar en este país las élites políticas). Así, parece existir una separación sumamente preocupante entre la realidad social y la campaña electoral.
En éstos días también fue noticia (parece que para los grandes medios no lo fue, ni mucho menos para los dos candidatos que van a segunda vuelta) el informe de la ONU sobre la pobreza en Colombia. Y digo que pasó sin pena ni gloria porque ninguno de los dos ha chistado media frase de preocupación por las alarmantes cifras. Éste también debería ser un tema de discusión e incumbencia nacional que lamentablemente pasa de largo. Es lamentable que las únicas tres candidaturas que ofrecían soluciones a éste tema y lo consideraban central hayan quedado fuera de toda discusión, siendo particularmente el candidato amarillo, satanizados. Me refiero claro está a los candidatos Gustavo Petro, Araujo y Rafael Pardo.
Hay otros elementos sin los cuales no quiero finalizar esta sencilla reflexión. Creo importante que hoy se hable de corrupción como un enemigo de lo político y que su finalización se considere un objetivo de vital importancia para la Política. Lo que realmente es preocupante es que considero que el abanderado de la lucha contra la corrupción tiene nociones sumamente sesgadas al respecto. Consideremos lo siguiente para aumentar la reflexión:
Primero, toda ética democrática en contra de la corrupción no se puede considerar única y excluyente frente a otras visiones que alimenten –democráticamente y mediante el diálogo- una lucha que tiene que avocar a toda la sociedad colombiana. En segundo lugar, que la discusión partidista y democrática, y, que la negociación no son sinónimos de corrupción, que la política no implica un escenario altamente negativo, sino que por el contrario hay que rescatar la política y llevarla al seno de la ciudadanía, es decir, ser más políticos. Contrario a lo que hoy se argumenta en el partido verde, las democracias modernas se alimentan del dialogo y de concesiones que no afecten principios fundamentales; posiciones altamente sectarias pueden derivar en políticas altamente autocráticas, autoritarias y sumamente violentas. Tercero, que en un país con inequidades tan grandes como Colombia no se puede hablar de ética por un lado, y deslegitimar a partidos que piensan que la equidad social es una prioridad, una prioridad también ética.
Espero que estos temas expuestos sirvan para alimentar una noción distinta de la ética y de la política. Que nuevamente ponga el centro de la discusión no sólo en los medios (dinero y Ley) para alcanzar los objetivos sociales del Estado Colombiano (objetivos constitucionales, no se les olvide), sino que le dé su justo escenario a aquellos fines esenciales del Estado.
-Mientras escribo estas letras leo en el espectador que la Senadora Piedad, frente al futuro que se prevé con los dos candidatos, ha pedido al Presidente Uribe apostar por el Acuerdo Humanitario.
POR: BENDER
Defendiendo la Abstención Activa
En estas elecciones tan polémicas, dónde el país se ha dividido en dos grandes personalismos, he sido increpado por mi decisión honesta y democrática de tomar una vía alterna: la abstención. ¿El argumento? No sólo hay uno, existen varios. El primero de todos lo vengo escuchando incluso con anterioridad a la coyuntura electorera actual, otros sólo los he escuchado –y he sido víctima de ellos- en éstas elecciones, es decir, parece ser un argumento meramente coyuntural. El primero que mencioné afirma que quien se abstiene de votar pierde poder de decisión, es antidemocrático y permite que otros decidan por él. Argumento notablemente contradictorio, fundamentalmente porque toda democracia representativa implica enajenar el poder popular, el poder de decisión mediante un fetiche particular: el sufragio. Votar es, entonces, transferir el poder de decisión propio y entregarlo a un tercero, a un representante. Supone erróneamente que con el voto se agota la participación política, restringe la capacidad colectiva de acción política y legitima un ideal político que -a mi modo de ver es incorrecto- excluye de la ciudadanía la obligación moral de ser un ente de control de la acción gubernamental y disminuye su capacidad política, en definitiva, establece una idealización del voto que reduce la democracia y la política a un mero acto de elección cuatrienal.
Pero debido al contexto y al tono que ha adquirido la contienda política aparecen nuevos argumentos: que con la abstención se apoya la deshonestidad, que es entreguismo político, que es complicidad con gobiernos corruptos futuros, que implica el apoyo a la ilegalidad, que con ésta se apoya un gobierno extranjero, en fin, varios tópicos que en vez de hacer un llamado a la conciencia lo que implican es un llamado al miedo y la etiquetación de las personas como “terroristas”, ”bandidos”, “corruptos” y otros apelativos claramente ofensivos. Estos llamados para conseguir votos adolecen de un grave problema antidemocrático: satanizan el pensamiento diferente.
El problema del maniqueísmo político deja consigo muchas enseñanzas históricas, entre ellas, que antes del advenimiento de gobiernos totalitarios, autocráticos y autoritarios se ha recorrido siempre el camino de la ofensa y la división entre un grupo “elegido y bueno” y un “otro” definido siempre como el enemigo que debe ser sistemáticamente eliminado –no simplemente físicamente, también mental y simbólicamente-. Léase esta columna no sólo como una defensa de la abstención activa y como una posición, legítimamente democrática, de acción política –que lo es-; sino también como una defensa del pensamiento diferente y como una alerta contra todo tipo de maniqueísmo político que puede derivar en un holocausto lamentable. Pero la división y la polarización política no es el único efecto de las tesis coyunturales manejadas hoy día para atraer votos, éstas también se alimentan y defienden una idea de política y democracia restrictiva. Casualmente la misma denunciada en el primer párrafo.
Amigos opositores al uribismo ponen en duda mi carácter de opositor. Afirman que al no apoyar a Mockus me estoy entregando a Santos, que estoy legitimando la corrupción y la violencia. ¡Argumento falaz y grosero! Respeto totalmente su posición de apoyar a un candidato como el mejor o como “el mal menor”, pero no la comparto en esta coyuntura. El Senador Jorge Robledo y el Representante a la Cámara Navas Talero –grandes enemigos de la corrupción, por lo que el argumento anti/abstencionista no se sostiene-, fueron los primeros (seguidos por la Senadora Piedad Córdoba) en denunciar la coyuntura política como incompatible con grandes principios de sus partidos. A mi entender esta elección plantea algo así como un Frente Nacional neoliberal: no me siento representado por ninguno de los dos candidatos ni en sus políticas ni en sus filosofías. Pese a ello, respeté la decisión del PDA de presentar una carta para un acuerdo programático a Mockus –decisión no sólo polémica dentro de las toldas del partido, sino además, una decisión noble luego de la satanización de la que fueron víctimas por parte del candidato verde-, posición que fue rechazada como todos los lectores y lectoras deben saber; así también respeté la posición de algunos liberales de oposición al apoyar a Mockus.
Por otro lado, creo firmemente en una política comprometida, en la defensa de mis ideales y en la acción política que se vindica a diario; que se hace real y concreta, no solamente en las grandes salas de los Poderes Públicos, sino que también la acción política y colectiva tiene que ser cotidiana. Que todo régimen democrático requiere no sólo la acción sufragista, que la representatividad tiene un límite y que los vacíos que deja sólo pueden ser llenados mediante la acción política cotidiana. Creo que existe una oposición más digna que la de apoyar un candidato que ha sido impuesto mediáticamente a la opinión pública, creo que la política está más allá de una decisión cada cuatro años y mucho más lejana de las oscuras intenciones con las que las encuestas deciden con anterioridad a las mismas elecciones. Creo que los candidatos no pueden ser impuestos a la opinión pública so pretexto del apoyo a la corrupción, al terrorismo y apelando al miedo.
Espero que todas aquellas personas que han rechazado mi posición tengan también la entereza de defender sus ideales –cualesquiera éstos sean- luego que su candidato gane o pierda; que se hagan partícipes de la vida política exigiendo a los políticos por quienes votaron que cumplan con el mandato que se les ha delegado y, que en caso de que el candidato de sus preferencias pierda, también sigan en una actitud política activa, demandando y exigiendo por el bien de la patria. Creamos en la participación ciudadana como un elemento indispensable de la democracia y desacralicemos la institución del voto que –siendo importante- es claramente insuficiente.
Por: Bender
Pero debido al contexto y al tono que ha adquirido la contienda política aparecen nuevos argumentos: que con la abstención se apoya la deshonestidad, que es entreguismo político, que es complicidad con gobiernos corruptos futuros, que implica el apoyo a la ilegalidad, que con ésta se apoya un gobierno extranjero, en fin, varios tópicos que en vez de hacer un llamado a la conciencia lo que implican es un llamado al miedo y la etiquetación de las personas como “terroristas”, ”bandidos”, “corruptos” y otros apelativos claramente ofensivos. Estos llamados para conseguir votos adolecen de un grave problema antidemocrático: satanizan el pensamiento diferente.
El problema del maniqueísmo político deja consigo muchas enseñanzas históricas, entre ellas, que antes del advenimiento de gobiernos totalitarios, autocráticos y autoritarios se ha recorrido siempre el camino de la ofensa y la división entre un grupo “elegido y bueno” y un “otro” definido siempre como el enemigo que debe ser sistemáticamente eliminado –no simplemente físicamente, también mental y simbólicamente-. Léase esta columna no sólo como una defensa de la abstención activa y como una posición, legítimamente democrática, de acción política –que lo es-; sino también como una defensa del pensamiento diferente y como una alerta contra todo tipo de maniqueísmo político que puede derivar en un holocausto lamentable. Pero la división y la polarización política no es el único efecto de las tesis coyunturales manejadas hoy día para atraer votos, éstas también se alimentan y defienden una idea de política y democracia restrictiva. Casualmente la misma denunciada en el primer párrafo.
Amigos opositores al uribismo ponen en duda mi carácter de opositor. Afirman que al no apoyar a Mockus me estoy entregando a Santos, que estoy legitimando la corrupción y la violencia. ¡Argumento falaz y grosero! Respeto totalmente su posición de apoyar a un candidato como el mejor o como “el mal menor”, pero no la comparto en esta coyuntura. El Senador Jorge Robledo y el Representante a la Cámara Navas Talero –grandes enemigos de la corrupción, por lo que el argumento anti/abstencionista no se sostiene-, fueron los primeros (seguidos por la Senadora Piedad Córdoba) en denunciar la coyuntura política como incompatible con grandes principios de sus partidos. A mi entender esta elección plantea algo así como un Frente Nacional neoliberal: no me siento representado por ninguno de los dos candidatos ni en sus políticas ni en sus filosofías. Pese a ello, respeté la decisión del PDA de presentar una carta para un acuerdo programático a Mockus –decisión no sólo polémica dentro de las toldas del partido, sino además, una decisión noble luego de la satanización de la que fueron víctimas por parte del candidato verde-, posición que fue rechazada como todos los lectores y lectoras deben saber; así también respeté la posición de algunos liberales de oposición al apoyar a Mockus.
Por otro lado, creo firmemente en una política comprometida, en la defensa de mis ideales y en la acción política que se vindica a diario; que se hace real y concreta, no solamente en las grandes salas de los Poderes Públicos, sino que también la acción política y colectiva tiene que ser cotidiana. Que todo régimen democrático requiere no sólo la acción sufragista, que la representatividad tiene un límite y que los vacíos que deja sólo pueden ser llenados mediante la acción política cotidiana. Creo que existe una oposición más digna que la de apoyar un candidato que ha sido impuesto mediáticamente a la opinión pública, creo que la política está más allá de una decisión cada cuatro años y mucho más lejana de las oscuras intenciones con las que las encuestas deciden con anterioridad a las mismas elecciones. Creo que los candidatos no pueden ser impuestos a la opinión pública so pretexto del apoyo a la corrupción, al terrorismo y apelando al miedo.
Espero que todas aquellas personas que han rechazado mi posición tengan también la entereza de defender sus ideales –cualesquiera éstos sean- luego que su candidato gane o pierda; que se hagan partícipes de la vida política exigiendo a los políticos por quienes votaron que cumplan con el mandato que se les ha delegado y, que en caso de que el candidato de sus preferencias pierda, también sigan en una actitud política activa, demandando y exigiendo por el bien de la patria. Creamos en la participación ciudadana como un elemento indispensable de la democracia y desacralicemos la institución del voto que –siendo importante- es claramente insuficiente.
Por: Bender
miércoles, 9 de junio de 2010
¿Por qué es importante Aranguren para el Presidente?
Me hice, una y otra vez, esta pregunta la semana pasada al ver la impresionante arremetida del presidente Uribe contra la justicia. Primero acusó a los altos tribunales de presionar la detención de Mario Aranguren y luego se sacó de la manga una temeraria denuncia contra la jueza Jenny Jiménez, quien había ordenado la reclusión del director de la Uiaf.
Recordé que actitudes similares había tenido cuando se consolidó el proceso contra Jorge Noguera, director del DAS; en el momento en que se hizo inminente la orden de captura contra el senador Mario Uribe Escobar por 'parapolítica'; y con ocasión del proceso a Yidis Medina por el delito de cohecho en el trámite de la ley que dio vía libre a la primera reelección.
Me puse a examinar los momentos en que han ocurrido estos episodios de enfrentamiento agudo con la justicia y el papel que juegan las personas que suscitan la controversia, y saqué dos conclusiones fundamentales: han ocurrido en las dos crisis del gobierno de Uribe y los personajes que defiende son de su círculo más cercano y conocen al dedillo acciones indebidas fraguadas en el Palacio de Nariño.
La primera gran crisis de la coalición de gobierno se dio a finales del año 2007 y a principios del 2008. El 27 de septiembre del 2007, la Corte Suprema de Justicia llama a indagatoria a Mario Uribe y el 22 de abril del 2008 se expide la orden de captura; es el momento culmen de las investigaciones por 'parapolítica'. El 16 de noviembre del 2007 es destituido e inhabilitado por 16 años Jorge Noguera. El 25 de abril del 2008 la Corte Suprema dicta auto de detención contra Yidis Medina. En esos meses se dio también la ruptura de las negociaciones entre el Gobierno y los paramilitares y una andanada de acusaciones mutuas que develaban negociaciones debajo de la mesa y escabrosas promesas incumplidas a última hora.
Fue en ese tiempo en el que se gestó el complot contra el magistrado Iván Velásquez, principal investigador de la 'parapolítica', en el cual resultaron involucrados alias 'Tasmania', Mario Uribe Escobar y Santiago Uribe, hermano del Presidente. En esos meses se produjeron, igualmente, las tres visitas al Palacio de Nariño de Antonio López, alias 'Job', para entregar información que permitiera enlodar a la Corte Suprema. Y, según la Fiscalía, es también el periodo en que se realiza la reunión entre funcionarios del DAS y la Uiaf con Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria y César Mauricio Velásquez para organizar o perfeccionar las interceptaciones telefónicas y el espionaje a la vida y a las cuentas de magistrados, periodistas y miembros de la oposición.
La segunda gran crisis del uribismo se ha producido en estos primeros meses del 2010 con la caída del referendo que buscaba autorizar la segunda reelección; el proceso judicial contra los promotores de la iniciativa; la declaratoria de inexequibilidad de buena parte de las medidas de la emergencia social; la medida de aseguramiento contra Mario Aranguren, director de la Uiaf; las acusaciones del mayor Meneses, que ubican a Santiago Uribe como miembro del grupo paramilitar denominado los 12 apóstoles; y la conformación de un gran movimiento de opinión encabezado por Antanas Mockus, que reclama angustiosamente restaurar la legalidad y limpiar las instituciones colombianas de la aberrante corrupción en que se han hundido.
De la primera crisis el uribismo salió avante con la extradición de los 14 jefes paramilitares y la seguidilla de golpes a las Farc que culminaron en la deslumbrante 'Operación Jaque'. Las aguas se calmaron por un tiempo. La segunda crisis empezaron a superarla con el triunfo de Juan Manuel Santos en la primera vuelta y aspiran a conjurarla definitivamente con la instauración de un "Gobierno de Unidad Nacional" que debilite o anule a la oposición política y con una reforma de la justicia que coloque a la Fiscalía bajo el mando del Presidente y ponga una mordaza de hierro a las cortes.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/lenvalencia/por-que-es-importante-aranguren-para-el-presidente_7744675-1
Recordé que actitudes similares había tenido cuando se consolidó el proceso contra Jorge Noguera, director del DAS; en el momento en que se hizo inminente la orden de captura contra el senador Mario Uribe Escobar por 'parapolítica'; y con ocasión del proceso a Yidis Medina por el delito de cohecho en el trámite de la ley que dio vía libre a la primera reelección.
Me puse a examinar los momentos en que han ocurrido estos episodios de enfrentamiento agudo con la justicia y el papel que juegan las personas que suscitan la controversia, y saqué dos conclusiones fundamentales: han ocurrido en las dos crisis del gobierno de Uribe y los personajes que defiende son de su círculo más cercano y conocen al dedillo acciones indebidas fraguadas en el Palacio de Nariño.
La primera gran crisis de la coalición de gobierno se dio a finales del año 2007 y a principios del 2008. El 27 de septiembre del 2007, la Corte Suprema de Justicia llama a indagatoria a Mario Uribe y el 22 de abril del 2008 se expide la orden de captura; es el momento culmen de las investigaciones por 'parapolítica'. El 16 de noviembre del 2007 es destituido e inhabilitado por 16 años Jorge Noguera. El 25 de abril del 2008 la Corte Suprema dicta auto de detención contra Yidis Medina. En esos meses se dio también la ruptura de las negociaciones entre el Gobierno y los paramilitares y una andanada de acusaciones mutuas que develaban negociaciones debajo de la mesa y escabrosas promesas incumplidas a última hora.
Fue en ese tiempo en el que se gestó el complot contra el magistrado Iván Velásquez, principal investigador de la 'parapolítica', en el cual resultaron involucrados alias 'Tasmania', Mario Uribe Escobar y Santiago Uribe, hermano del Presidente. En esos meses se produjeron, igualmente, las tres visitas al Palacio de Nariño de Antonio López, alias 'Job', para entregar información que permitiera enlodar a la Corte Suprema. Y, según la Fiscalía, es también el periodo en que se realiza la reunión entre funcionarios del DAS y la Uiaf con Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria y César Mauricio Velásquez para organizar o perfeccionar las interceptaciones telefónicas y el espionaje a la vida y a las cuentas de magistrados, periodistas y miembros de la oposición.
La segunda gran crisis del uribismo se ha producido en estos primeros meses del 2010 con la caída del referendo que buscaba autorizar la segunda reelección; el proceso judicial contra los promotores de la iniciativa; la declaratoria de inexequibilidad de buena parte de las medidas de la emergencia social; la medida de aseguramiento contra Mario Aranguren, director de la Uiaf; las acusaciones del mayor Meneses, que ubican a Santiago Uribe como miembro del grupo paramilitar denominado los 12 apóstoles; y la conformación de un gran movimiento de opinión encabezado por Antanas Mockus, que reclama angustiosamente restaurar la legalidad y limpiar las instituciones colombianas de la aberrante corrupción en que se han hundido.
De la primera crisis el uribismo salió avante con la extradición de los 14 jefes paramilitares y la seguidilla de golpes a las Farc que culminaron en la deslumbrante 'Operación Jaque'. Las aguas se calmaron por un tiempo. La segunda crisis empezaron a superarla con el triunfo de Juan Manuel Santos en la primera vuelta y aspiran a conjurarla definitivamente con la instauración de un "Gobierno de Unidad Nacional" que debilite o anule a la oposición política y con una reforma de la justicia que coloque a la Fiscalía bajo el mando del Presidente y ponga una mordaza de hierro a las cortes.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/lenvalencia/por-que-es-importante-aranguren-para-el-presidente_7744675-1
domingo, 6 de junio de 2010
Uribe, un adiós sin gloria
Por: Carlos Gutiérrez.
El mal no duró cien años. Aunque la propaganda enfatice en que fue el mejor de los gobiernos hasta ahora conocido en Colombia, el de Uribe será recordado como uno de los más nefastos para el país.
Estos ocho años de Álvaro Uribe al frente de los destinos de Colombia son para nunca olvidar. El doble período dejó un expediente abierto y un sello indeleble en buena parte de los connacionales. Sello imposible de borrar sin una terapia de reconciliación y un tratamiento que recorra el camino de la justicia, la soberanía; el fin de la pobreza extrema, el desempleo estructural y la ‘flexibilización’ laboral; la revisión de la gran propiedad rural y urbana, la inclusión social y la paz. Ojalá como tareas diarias de un gabinete de transición democrática.
Para no olvidar jamás. Bajo la marca comercial de ‘seguridad democrática’, desde el primer momento de su gestión, con su pregón y sus órdenes de guerra –secretas o públicas, ilegales o legales–, y el discurso de la derrota del contrario como requisito para resguardar los privilegios del establecimiento y de los dueños y testaferros de la tierra, Uribe Vélez puso sus cartas sobre la mesa: vinculación de la población civil al conflicto, como trasvase; y extensión ‘institucionalización’ o legitimación del dispositivo paramilitar de las auc. Aumento del pie de fuerza, de los soldados profesionales, y del aparato y su maquinaria militar. Sindicaciones y señalamientos a miles de personas. Todo bajo las premisas de orden, autoridad, tradición y un presidencialismo anticonstitucional. El archivo de nuestra soberanía, bajo la alianza incondicional con los Estados Unidos, y en forma creciente con las acciones encubiertas y de inteligencia con empresas de mercenarios y del Estado y el ejército israelíes que traspasan las fronteras.
En este contexto de sociedad en pie de guerra que Uribe ofreció, y que en una pasajera o más dilatada coyuntura cuenta todavía con montones de adherentes, una de sus primeras propuestas –avalada por su experiencia directa en las cooperativas Convivir– fue la de integrar un millón de ciudadanos armados e intercomunicados al servicio del Ejército, para lo cual actuó a través de diferentes mecanismos: soldados campesinos y guardabosques, taxistas en red comunicados a través de Avantel, hasta llegar a los estudiantes delatores. Y mucho más hizo a la par.
También, entrelazada y construida con dineros oficiales, mediante un entramado de organizaciones sociales afines al establecimiento, articuló una extensa red social con pretensiones corporativas y de prolongación del poder: empujada en la juventud, entre los indígenas, en el mundo sindical y en la política electoral. Asimismo, como parte de un modelo de guerra política, puso en acción un intenso modelo comunicativo y de mensajes y titulares desinformativos que no les dio descanso a los ojos y los oídos de los colombianos. Uribe quiso tapar la deuda del poder y su injusticia, que en su expresión de partidos liberal y conservador, hoy, tras las derrotas de blancos y colorados en Paraguay y del PRI en México, es la más vieja y desueta del continente.
Apenas se posesionó, anunció que al rendir el informe de sus primeros cien días daría cuenta del rescate vivos o muertos del gobernador de Antioquia y del ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri, y de la baja al menos de alguna cabeza reconocida de la guerrilla. Como se recordará, en ese informe no pudo satisfacer la promesa de campaña y la pretensión de una guerra rápida y triunfal en su primera Presidencia. El desafortunado rescate de los plagiados vendría después.
Transcurridos algunos meses, reafirmó ante todo el país su decisión de guerra a cualquier costo. En enero de 2003, llamó a los Estados Unidos a desembarcar sus tropas en el Amazonas, “antes de hacerlo en el territorio de Iraq”. Sin fórmula alguna de solución política –distinta de un irrealizable desarme de la insurgencia con origen campesino–, siete años después hizo realidad otro paso en su proyecto de “tierra arrasada”: entregó el territorio nacional –siete bases que en realidad son 10– para que opere la potencia del Norte con su ejército, potencia con la cual, en embriaguez antipatriótica y de afectación a los vecinos de la región y el continente, se identifica sin ambigüedades. Tanto, que en 2004, al apoyar públicamente la invasión de un tercer país dijo: “[Apoyamos] el uso de la fuerza en Iraq para desarmar dicho régimen y evitar que sus armas de destrucción masiva continúen como una amenaza contra la humanidad” (sic)1.
Proyecto de orden, control y disciplina que pese a disponer por ocho años initerrumpidos del mayor presupuesto para las FF.AA. y de los apoyos internacionales y militares con burla del debate en el Congreso, aún no logra que la sociedad se pliegue a la propuesta de derecha e inmoralidad financiera que se propone conservar el poder y la Casa de Nariño.
Son artimañas todas éstas de orden, autoridad y ‘moral’ antiterrorista, que del mismo modo que apoyan el cerco del antiguo imperio persa por parte de las barras y las estrellas –con su tenaza desde Iraq y Afganistán, y los intentos de estribos en Osetia e intromisión en Tíbet (con ocultación de los intereses en relación con el petróleo y el avance de posiciones frente a Rusia y China)– niegan las causas profundas del conflicto criollo que hace presencia desde hace un poco más de 60 años.
Tal proyecto de sociedad y relación internacional, levantado pieza a pieza sin descanso durante su doble gobierno, nos hizo decir hace ya ocho años: “Si esta concepción se aplica […] con este gobierno marcharemos hacia una sociedad disciplinaria, donde se corre el riesgo de convertirnos en el ojo del vecino, en su posible delator e inclusive, de ser necesario, en su asesino. Estaremos entonces ante una sociedad que no permitirá disidentes ni contradictores; una sociedad despótica que pone en profundo riesgo la democracia liberal […]”2.
Y los hechos confirman con creces ese modelo que niega la vida, la paz y la pluralidad: “pescas milagrosas” o detención arbitraria de centenares de activistas bajo sospecha de ser miembros de la insurgencia, la mayoría de ellos dejados en libertad por falta de pruebas luego de meses o años en prisión; testigos cautivados con el pago o la promesa de importantes sumas de dinero, que a la vez propician la corrupción dentro de las filas de los organismos de inteligencia militar; persecución y asesinato de quienes no se guardaron sus críticas al gobierno; espionaje telefónico, montaje de conspiraciones para hacerle creer a la sociedad que aquellos que piensan distinto del gobierno son terroristas; acciones de sabotaje para atemorizar articulistas, académicos o pensadores disidentes, e incluso a los jueces de la república que actúan basados en el estricto Derecho.
Proceder ilegal de grabaciones e interceptación de comunicación privada y personal que era vox populi, impune, pero reafirmado hace unas semanas, cuando vieron la luz pública unas órdenes operativas que fueron decomisadas en un allanamiento a las instalaciones del DAS. Años atrás, jefes paramilitares dieron detalles: muchos de sus asesinatos se produjeron por órdenes provenientes del cuerpo de inteligencia del gobierno. No es casual que estén en prisión, condenados o bajo investigación, por presuntos vínculos con el paramilitarismo, el ex director del DAS Jorge Noguera Cotes, el subdirector José Miguel Narváez, el ex director de informática de la central de inteligencia Rafael García y el ex funcionario de contrainteligencia Jorge Lagos. Un escabroso cuadro.
Las investigaciones se extienden al resto de aparatos de la guerra en sus desmanes y crímenes. “Hoy, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía tiene abiertos 1.273 procesos contra miembros del Ejército y civiles, que por ahora dejan un saldo de 2.077 asesinados, 59 de ellos menores de edad y 122 mujeres”. Pero no es sólo esto. Debemos recordar que por delitos como estos, que llegan a no menos de 2.000 homicidios a sangre fría, ya hay fallos de la justicia con 137 condenas de militares y 396 órdenes de captura expedidas. Del mismo modo, “en los últimos siete años, la Procuraduría abrió 1.274 investigaciones contra 2.965 miembros del Ejército. Los militares investigados son efectivos de 35 brigadas (10 de ellas móviles); 481 son oficiales, incluyendo 14 coroneles; 1.026 son suboficiales y 1.458 soldados”3. A todas luces, no son casos excepcionales, como les gusta decir ante los micrófonos a los Ministros de Defensa y los generales. Se trata de todo un diseño estratégico, denominado ‘seguridad democrática’, sello innegable del gobierno que entregará su mando el próximo 7 de agosto. Este sello ha llevado al país a la paranoia de que cientos de ciudadanos sean seguidos cada día, y no sólo ellos sino también sus hijos y familiares, y otros tantos sufran amenazas, hostigamiento, montajes, cárcel, difamación, exilio, desplazamiento.
Antes de conocerse estas prácticas, el país comprobó que Carlos Castaño no mintió al asegurar que el 35 por ciento del Congreso tenía control paramilitar. La investigación que adelanta la Corte Suprema de Justicia en contra de decenas de congresistas y otros políticos liberales y conservadores de importancia nacional, regional y local confirma con creces esta aseveración. Abre a la vez la aún no esclarecida pregunta: ¿Cuántos votos válidos y de fraude aportaron los paramilitares para la elección y la reelección de Álvaro Uribe? He aquí y de bulto una parte sustancial de la herencia del actual gobierno, que no puede quedar en olvido.
Otra también deja una estela de corrupción y de miseria en aumento y desempleo. La yidispolítica y su vínculo con una administración a favor de los intereses privados, con graves costos para los sectores mayoritarios del país (reforma laboral, venta de la red pública hospitalaria y de los bancos estatales, extensión del IVA a toda la canasta familiar), impunidad (copamiento del poder local en muchos lugares y regiones, y de las instituciones de seguridad y justicia, y “negociación” con los paramilitares), regresión a la economía de extracción, monocultivos, ganadería extensiva, poderes locales fortalecidos, crisis ambiental.
La sociedad busca escape y transición
Estas son las prácticas de seguridad y control, política económica y social que hoy tienen efecto en la situación electoral. No casa la pieza en el dominó. Miles de jóvenes no quieren que Uribe continúe desbarajustando la legalidad en el país en cuerpo ajeno. Ahora, con su opinión a favor de un candidato distinto de la continuidad uribista, hacen temblar al candidato delfín. Como no quieren que tampoco continúe la agresión a los procesos de integración suramericanos, que nos ha refrendado como un auténtico Caín de América del Sur y nos priva de un mercado que, como el venezolano, representaba la plaza más importante para nuestras exportaciones con mayor valor agregado. En los dos primeros meses de este año, las ventas hacia el vecino país se redujeron en un 75 por ciento y, pese a ello, la belicosidad no cesa. Pareciera que el desbordamiento del doctrinarismo de derecha se impusiera incluso sobre los cálculos económicos e invirtiera la lógica de lo prioritario.
¿Cómo ha sido posible que tanto desbarajuste junto haya sido prohijado y mostrado como exitoso? No cabe duda de que una parte importante de la respuesta debe buscarse en la anuencia de los medios de comunicación que convirtieron los desmanes en anécdotas folclóricas. La visita de un conocido delincuente y su abogado a la Casa de Nariño se tornó anodina discusión sobre si la entrada por los sótanos era subrepticia o transparente; los negocios ventajistas de los “hijos del Ejecutivo” se transformaron en la discusión sobre si el ‘emprendimiento’ era o no cualidad heredada; los asesinatos de civiles con los que se ha pretendido mostrar como exitosa la llamada política de la ‘seguridad democrática’ se tradujo en “falsos positivos”, que hoy son tratados casi como chistes cuando con él se alude a quien era Ministro de la Defensa, en cuyo mandato el escándalo alcanzó las mayores dimensiones, y que hoy como candidato se pasea como si nada.
Es cierto que en algunas ocasiones las revistas de opinión hicieron investigación crítica y que algunos periodistas tuvieron que pagar con el exilio cuando fue el caso de algunos que pertenecían a medios de difusión importantes, o con la vida si ejercían el periodismo en la provincia, pero eso no puede ocultar que, frente a la reacciones cínicas del gobierno cuando fue sorprendido con las manos en la masa, la prensa optara por una posición timorata rayana con el encubrimiento.
¿Y la academia? Quizá no cabe papel más gris en una coyuntura tan difícil y una posición más cómoda que la renuncia al estudio de un momento de la historia en el que se sigue pretendiendo cortarle el cuello a lo poco que queda de verdadero disentimiento.
No dejan de tener razón quienes se resisten a que a Uribe se le compare con Bordaberry o Fujimori, pues éstos, al final de cuentas, pudieron dar un parte de victoria. Sin embargo, no les cabe razón en el sentido de que tanto unos como otros fueron delegados para hacer el trabajo sucio de limpiar de disidentes sus países, tal como fue también la misión de Pinochet y en general la de todos los dictadores del Cono Sur, aunque se debe reconocer que allí cabe una pequeña diferencia: en Colombia, ese trabajo sucio se había inaugurado mucho antes. En este punto, no deja de picar la curiosidad por el futuro judicial de los actores principales del actual gobierno, independientemente de si en las elecciones que se avecinan gana aquel por el que apuestan u otro diferente. ¿Serán enjuiciados, así sea dentro de varias décadas, como hoy lo son Fujimori, Bordaberry o Jorge Rafael Videla? Es posible, aunque se puede dudar de que, igual que en el caso del sur del continente, los instigadores, los verdaderos titiriteros, salgan a la luz, pues, aunque en los corrillos se pronuncien sus nombres, los grandes usufructuarios del poder siempre han sabido lavarse las manos, y por eso pueden seguir llamándose sin empacho y sin escrúpulos “las gentes de bien”.
Puede que la opinión que ha florecido en pocas semanas, potenciada por decisiones de la justicia como la negativa a una nueva reelección y la captura de decenas de uribistas confesos, y que se expresa como descontento a través de las redes sociales, no se imponga a la maquinaria electoral oficial. Pero, como sucedió el 25 de octubre de 2003, cuando la opinión mayoritaria se opuso a su pretensión de ajuste neoliberal vía referendo: pese a todos los desmanes en curso y también a la andanada mediática, una franja no despreciable de colombianos se resiste a vivir bajo el dominio de los monopolios y el terror. Por ello, quiéranlo o no los obsecuentes del régimen, el modelo ya comenzó a hacer agua, y las pretensiones de su continuidad muestran obstáculos de tal dimensión que ignorarlos puede conducir a una verdadera hecatombe, pero no a la que aún se pretende fabricar con el fin de darle respiración artificial al continuismo.
http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1079&numero=89
1 Gutiérrez, Carlos, “Al presidente Uribe, el Norte no le deja ver...”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº21, marzo de 2004.
2 Gutiérrez, Carlos, “El nuevo orden”,Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº3, julio de 2002.
3 Matyas, Eduardo, “La ‘seguridad democrática’: otro falso positivo”, desde abajo Nº 156, abril-mayo de 2010, p.6.
El mal no duró cien años. Aunque la propaganda enfatice en que fue el mejor de los gobiernos hasta ahora conocido en Colombia, el de Uribe será recordado como uno de los más nefastos para el país.
Estos ocho años de Álvaro Uribe al frente de los destinos de Colombia son para nunca olvidar. El doble período dejó un expediente abierto y un sello indeleble en buena parte de los connacionales. Sello imposible de borrar sin una terapia de reconciliación y un tratamiento que recorra el camino de la justicia, la soberanía; el fin de la pobreza extrema, el desempleo estructural y la ‘flexibilización’ laboral; la revisión de la gran propiedad rural y urbana, la inclusión social y la paz. Ojalá como tareas diarias de un gabinete de transición democrática.
Para no olvidar jamás. Bajo la marca comercial de ‘seguridad democrática’, desde el primer momento de su gestión, con su pregón y sus órdenes de guerra –secretas o públicas, ilegales o legales–, y el discurso de la derrota del contrario como requisito para resguardar los privilegios del establecimiento y de los dueños y testaferros de la tierra, Uribe Vélez puso sus cartas sobre la mesa: vinculación de la población civil al conflicto, como trasvase; y extensión ‘institucionalización’ o legitimación del dispositivo paramilitar de las auc. Aumento del pie de fuerza, de los soldados profesionales, y del aparato y su maquinaria militar. Sindicaciones y señalamientos a miles de personas. Todo bajo las premisas de orden, autoridad, tradición y un presidencialismo anticonstitucional. El archivo de nuestra soberanía, bajo la alianza incondicional con los Estados Unidos, y en forma creciente con las acciones encubiertas y de inteligencia con empresas de mercenarios y del Estado y el ejército israelíes que traspasan las fronteras.
En este contexto de sociedad en pie de guerra que Uribe ofreció, y que en una pasajera o más dilatada coyuntura cuenta todavía con montones de adherentes, una de sus primeras propuestas –avalada por su experiencia directa en las cooperativas Convivir– fue la de integrar un millón de ciudadanos armados e intercomunicados al servicio del Ejército, para lo cual actuó a través de diferentes mecanismos: soldados campesinos y guardabosques, taxistas en red comunicados a través de Avantel, hasta llegar a los estudiantes delatores. Y mucho más hizo a la par.
También, entrelazada y construida con dineros oficiales, mediante un entramado de organizaciones sociales afines al establecimiento, articuló una extensa red social con pretensiones corporativas y de prolongación del poder: empujada en la juventud, entre los indígenas, en el mundo sindical y en la política electoral. Asimismo, como parte de un modelo de guerra política, puso en acción un intenso modelo comunicativo y de mensajes y titulares desinformativos que no les dio descanso a los ojos y los oídos de los colombianos. Uribe quiso tapar la deuda del poder y su injusticia, que en su expresión de partidos liberal y conservador, hoy, tras las derrotas de blancos y colorados en Paraguay y del PRI en México, es la más vieja y desueta del continente.
Apenas se posesionó, anunció que al rendir el informe de sus primeros cien días daría cuenta del rescate vivos o muertos del gobernador de Antioquia y del ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri, y de la baja al menos de alguna cabeza reconocida de la guerrilla. Como se recordará, en ese informe no pudo satisfacer la promesa de campaña y la pretensión de una guerra rápida y triunfal en su primera Presidencia. El desafortunado rescate de los plagiados vendría después.
Transcurridos algunos meses, reafirmó ante todo el país su decisión de guerra a cualquier costo. En enero de 2003, llamó a los Estados Unidos a desembarcar sus tropas en el Amazonas, “antes de hacerlo en el territorio de Iraq”. Sin fórmula alguna de solución política –distinta de un irrealizable desarme de la insurgencia con origen campesino–, siete años después hizo realidad otro paso en su proyecto de “tierra arrasada”: entregó el territorio nacional –siete bases que en realidad son 10– para que opere la potencia del Norte con su ejército, potencia con la cual, en embriaguez antipatriótica y de afectación a los vecinos de la región y el continente, se identifica sin ambigüedades. Tanto, que en 2004, al apoyar públicamente la invasión de un tercer país dijo: “[Apoyamos] el uso de la fuerza en Iraq para desarmar dicho régimen y evitar que sus armas de destrucción masiva continúen como una amenaza contra la humanidad” (sic)1.
Proyecto de orden, control y disciplina que pese a disponer por ocho años initerrumpidos del mayor presupuesto para las FF.AA. y de los apoyos internacionales y militares con burla del debate en el Congreso, aún no logra que la sociedad se pliegue a la propuesta de derecha e inmoralidad financiera que se propone conservar el poder y la Casa de Nariño.
Son artimañas todas éstas de orden, autoridad y ‘moral’ antiterrorista, que del mismo modo que apoyan el cerco del antiguo imperio persa por parte de las barras y las estrellas –con su tenaza desde Iraq y Afganistán, y los intentos de estribos en Osetia e intromisión en Tíbet (con ocultación de los intereses en relación con el petróleo y el avance de posiciones frente a Rusia y China)– niegan las causas profundas del conflicto criollo que hace presencia desde hace un poco más de 60 años.
Tal proyecto de sociedad y relación internacional, levantado pieza a pieza sin descanso durante su doble gobierno, nos hizo decir hace ya ocho años: “Si esta concepción se aplica […] con este gobierno marcharemos hacia una sociedad disciplinaria, donde se corre el riesgo de convertirnos en el ojo del vecino, en su posible delator e inclusive, de ser necesario, en su asesino. Estaremos entonces ante una sociedad que no permitirá disidentes ni contradictores; una sociedad despótica que pone en profundo riesgo la democracia liberal […]”2.
Y los hechos confirman con creces ese modelo que niega la vida, la paz y la pluralidad: “pescas milagrosas” o detención arbitraria de centenares de activistas bajo sospecha de ser miembros de la insurgencia, la mayoría de ellos dejados en libertad por falta de pruebas luego de meses o años en prisión; testigos cautivados con el pago o la promesa de importantes sumas de dinero, que a la vez propician la corrupción dentro de las filas de los organismos de inteligencia militar; persecución y asesinato de quienes no se guardaron sus críticas al gobierno; espionaje telefónico, montaje de conspiraciones para hacerle creer a la sociedad que aquellos que piensan distinto del gobierno son terroristas; acciones de sabotaje para atemorizar articulistas, académicos o pensadores disidentes, e incluso a los jueces de la república que actúan basados en el estricto Derecho.
Proceder ilegal de grabaciones e interceptación de comunicación privada y personal que era vox populi, impune, pero reafirmado hace unas semanas, cuando vieron la luz pública unas órdenes operativas que fueron decomisadas en un allanamiento a las instalaciones del DAS. Años atrás, jefes paramilitares dieron detalles: muchos de sus asesinatos se produjeron por órdenes provenientes del cuerpo de inteligencia del gobierno. No es casual que estén en prisión, condenados o bajo investigación, por presuntos vínculos con el paramilitarismo, el ex director del DAS Jorge Noguera Cotes, el subdirector José Miguel Narváez, el ex director de informática de la central de inteligencia Rafael García y el ex funcionario de contrainteligencia Jorge Lagos. Un escabroso cuadro.
Las investigaciones se extienden al resto de aparatos de la guerra en sus desmanes y crímenes. “Hoy, la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía tiene abiertos 1.273 procesos contra miembros del Ejército y civiles, que por ahora dejan un saldo de 2.077 asesinados, 59 de ellos menores de edad y 122 mujeres”. Pero no es sólo esto. Debemos recordar que por delitos como estos, que llegan a no menos de 2.000 homicidios a sangre fría, ya hay fallos de la justicia con 137 condenas de militares y 396 órdenes de captura expedidas. Del mismo modo, “en los últimos siete años, la Procuraduría abrió 1.274 investigaciones contra 2.965 miembros del Ejército. Los militares investigados son efectivos de 35 brigadas (10 de ellas móviles); 481 son oficiales, incluyendo 14 coroneles; 1.026 son suboficiales y 1.458 soldados”3. A todas luces, no son casos excepcionales, como les gusta decir ante los micrófonos a los Ministros de Defensa y los generales. Se trata de todo un diseño estratégico, denominado ‘seguridad democrática’, sello innegable del gobierno que entregará su mando el próximo 7 de agosto. Este sello ha llevado al país a la paranoia de que cientos de ciudadanos sean seguidos cada día, y no sólo ellos sino también sus hijos y familiares, y otros tantos sufran amenazas, hostigamiento, montajes, cárcel, difamación, exilio, desplazamiento.
Antes de conocerse estas prácticas, el país comprobó que Carlos Castaño no mintió al asegurar que el 35 por ciento del Congreso tenía control paramilitar. La investigación que adelanta la Corte Suprema de Justicia en contra de decenas de congresistas y otros políticos liberales y conservadores de importancia nacional, regional y local confirma con creces esta aseveración. Abre a la vez la aún no esclarecida pregunta: ¿Cuántos votos válidos y de fraude aportaron los paramilitares para la elección y la reelección de Álvaro Uribe? He aquí y de bulto una parte sustancial de la herencia del actual gobierno, que no puede quedar en olvido.
Otra también deja una estela de corrupción y de miseria en aumento y desempleo. La yidispolítica y su vínculo con una administración a favor de los intereses privados, con graves costos para los sectores mayoritarios del país (reforma laboral, venta de la red pública hospitalaria y de los bancos estatales, extensión del IVA a toda la canasta familiar), impunidad (copamiento del poder local en muchos lugares y regiones, y de las instituciones de seguridad y justicia, y “negociación” con los paramilitares), regresión a la economía de extracción, monocultivos, ganadería extensiva, poderes locales fortalecidos, crisis ambiental.
La sociedad busca escape y transición
Estas son las prácticas de seguridad y control, política económica y social que hoy tienen efecto en la situación electoral. No casa la pieza en el dominó. Miles de jóvenes no quieren que Uribe continúe desbarajustando la legalidad en el país en cuerpo ajeno. Ahora, con su opinión a favor de un candidato distinto de la continuidad uribista, hacen temblar al candidato delfín. Como no quieren que tampoco continúe la agresión a los procesos de integración suramericanos, que nos ha refrendado como un auténtico Caín de América del Sur y nos priva de un mercado que, como el venezolano, representaba la plaza más importante para nuestras exportaciones con mayor valor agregado. En los dos primeros meses de este año, las ventas hacia el vecino país se redujeron en un 75 por ciento y, pese a ello, la belicosidad no cesa. Pareciera que el desbordamiento del doctrinarismo de derecha se impusiera incluso sobre los cálculos económicos e invirtiera la lógica de lo prioritario.
¿Cómo ha sido posible que tanto desbarajuste junto haya sido prohijado y mostrado como exitoso? No cabe duda de que una parte importante de la respuesta debe buscarse en la anuencia de los medios de comunicación que convirtieron los desmanes en anécdotas folclóricas. La visita de un conocido delincuente y su abogado a la Casa de Nariño se tornó anodina discusión sobre si la entrada por los sótanos era subrepticia o transparente; los negocios ventajistas de los “hijos del Ejecutivo” se transformaron en la discusión sobre si el ‘emprendimiento’ era o no cualidad heredada; los asesinatos de civiles con los que se ha pretendido mostrar como exitosa la llamada política de la ‘seguridad democrática’ se tradujo en “falsos positivos”, que hoy son tratados casi como chistes cuando con él se alude a quien era Ministro de la Defensa, en cuyo mandato el escándalo alcanzó las mayores dimensiones, y que hoy como candidato se pasea como si nada.
Es cierto que en algunas ocasiones las revistas de opinión hicieron investigación crítica y que algunos periodistas tuvieron que pagar con el exilio cuando fue el caso de algunos que pertenecían a medios de difusión importantes, o con la vida si ejercían el periodismo en la provincia, pero eso no puede ocultar que, frente a la reacciones cínicas del gobierno cuando fue sorprendido con las manos en la masa, la prensa optara por una posición timorata rayana con el encubrimiento.
¿Y la academia? Quizá no cabe papel más gris en una coyuntura tan difícil y una posición más cómoda que la renuncia al estudio de un momento de la historia en el que se sigue pretendiendo cortarle el cuello a lo poco que queda de verdadero disentimiento.
No dejan de tener razón quienes se resisten a que a Uribe se le compare con Bordaberry o Fujimori, pues éstos, al final de cuentas, pudieron dar un parte de victoria. Sin embargo, no les cabe razón en el sentido de que tanto unos como otros fueron delegados para hacer el trabajo sucio de limpiar de disidentes sus países, tal como fue también la misión de Pinochet y en general la de todos los dictadores del Cono Sur, aunque se debe reconocer que allí cabe una pequeña diferencia: en Colombia, ese trabajo sucio se había inaugurado mucho antes. En este punto, no deja de picar la curiosidad por el futuro judicial de los actores principales del actual gobierno, independientemente de si en las elecciones que se avecinan gana aquel por el que apuestan u otro diferente. ¿Serán enjuiciados, así sea dentro de varias décadas, como hoy lo son Fujimori, Bordaberry o Jorge Rafael Videla? Es posible, aunque se puede dudar de que, igual que en el caso del sur del continente, los instigadores, los verdaderos titiriteros, salgan a la luz, pues, aunque en los corrillos se pronuncien sus nombres, los grandes usufructuarios del poder siempre han sabido lavarse las manos, y por eso pueden seguir llamándose sin empacho y sin escrúpulos “las gentes de bien”.
Puede que la opinión que ha florecido en pocas semanas, potenciada por decisiones de la justicia como la negativa a una nueva reelección y la captura de decenas de uribistas confesos, y que se expresa como descontento a través de las redes sociales, no se imponga a la maquinaria electoral oficial. Pero, como sucedió el 25 de octubre de 2003, cuando la opinión mayoritaria se opuso a su pretensión de ajuste neoliberal vía referendo: pese a todos los desmanes en curso y también a la andanada mediática, una franja no despreciable de colombianos se resiste a vivir bajo el dominio de los monopolios y el terror. Por ello, quiéranlo o no los obsecuentes del régimen, el modelo ya comenzó a hacer agua, y las pretensiones de su continuidad muestran obstáculos de tal dimensión que ignorarlos puede conducir a una verdadera hecatombe, pero no a la que aún se pretende fabricar con el fin de darle respiración artificial al continuismo.
http://www.eldiplo.info/mostrar_articulo.php?id=1079&numero=89
1 Gutiérrez, Carlos, “Al presidente Uribe, el Norte no le deja ver...”, Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº21, marzo de 2004.
2 Gutiérrez, Carlos, “El nuevo orden”,Le Monde diplomatique, edición Colombia, Nº3, julio de 2002.
3 Matyas, Eduardo, “La ‘seguridad democrática’: otro falso positivo”, desde abajo Nº 156, abril-mayo de 2010, p.6.
sábado, 5 de junio de 2010
Ni Santos ganó las elecciones, ni Mockus las perdió.
Por emmaflood el 4 de Junio 2010 12:49 PM
Elecciones, Santos, Mockus y gobierno- Reflexiones sobre la distorsión de la información.
Santos no ganó las elecciones- Nos quieren hacer creer a los colombianos que Santos ya ganó las elecciones y, que de acuerdo a esa afirmación falsa, Mockus debería renunciar a la segunda vuelta. Este es un excelente ejemplo de distorsión de la información liderada por el uribismo recalcitrante. Si Santos hubiera ganado las elecciones, Mockus y los demás candidatos hubieran aceptado públicamente el triunfo como suele suceder en las democracias que ellos, más que el gobierno, representan. Santos ganó a Mockus en la primera vuelta en porcentaje de votos pero no ganó las elecciones.
La información- Cuando no teníamos internet creíamos que el mundo era mejor y la información que no nos daban ni el periódico ni la radio nos llegaba por el medio más antiguo, la trasmisión oral de unos a otros, más lenta, bastante eficaz pero incompleta.
Hoy sabemos mucho de los candidatos por los medios oficiales, o los alternativos, y lo que no nos muestran por TV lo conocemos por Youtube. Se podría decir que tenemos acceso a una enorme cantidad de información.
La distorsión de la verdad- Sin embargo, cuando por fin vemos videos, la información soñada que nos muestra tanto debates, como campañas normales y fraudes electorales, se nos manipula de tal manera que terminamos creyendo que un candidato es malo porque se equivoca o duda frente a las camaras de TV, y no lo es aquél que promete mucho pero que comete fraude fuera de los canales de TV . La información que nos proporcionan los buenos reporteros o los astutos y hábiles minicamarógrafos que nos muestra todo aquello que los poderosos medios no nos muestran, parece no poder neutralizar el efecto y el poder de la información oficial .A juzgar por la incredulidad de los uribistas parecería que hoy, lo que no proviene de la TV no es verdad, aunque veamos las imágenes y los videos en Youtube. Es más, las mismas autoridades nos dicen que eso no es verdad. Nos dicen que la única verdad es la que ellos sustentan. ¿Pero entonces lo que estamos viendo y oyendo en TV es más verdad que lo que vemos suceder ante nuestros propios ojos, realidad que capturan los diestros camarógrafos y suben a internet?
La verdad y las versiones- En estos días nos hemos espantado por los sucesos en el Mediterráneo con los barcos que, con ayuda humanitaria, querían llegar a Gaza. Pero hay otra voz, la de Netanyahu que nos dice que eso que vemos es distinto de lo que vemos, y eso también nos desconcierta y asusta.
Pero lo que sucede aquí es exactamente lo mismo. El gobierno le atribuye veracidad únicamente a sus propias versiones a tal punto que enfrenta a la Corte Suprema si la versión no se ajusta a la suya .Las demás versiones, son declaradas falsas. ¿Pero desde cuando es un gobierno, el nuestro o cualquier otro, el que dictamina cuál es la información veraz? No creo que en ninguna parte del mundo exista una constitución que establezca:"Toda información dada o avalada por el gobierno es la verdadera".
¿De donde sacan entonces estos gobiernos (como el nuestro) que ellos son los que deciden cual es la verdad?-¿Y nosotros qué creemos que somos para aceptar dócilmente esa verdad? Ni nosotros ni el gobierno tenemos derecho a calumniar ni a mentir sobre la realidad de los hechos o de las personas, pero sí tenemos derecho a conocer la verdad y a opinar sobre ella. Pero el uribismo no opina, dictamina.
Elegir candidato-¿Qué es lo que lleva a las personas a elegir a un candidato que sabemos que no dice la verdad, que está dentro de un movimiento que nos miente y nos dice que su presidente ha sido el mejor en la historia del país? Nos dice que Colombia está en sus mejores días cuando estamos viendo el nivel de injusticia social y pobreza más vergonzoso de Sudamérica y la inequidad entre las mayores del mundo. ¿Eligen la versión del gobierno por encima de la que ven con sus propios ojos? ¿Les parece normal un país que por sostener una guerra inútil gaste más en matar que en dar de comer a sus habitantes? Insultan a quienes les hacen ver una realidad que no quieren aceptar y hasta mienten ellos mismos para encubrirla.
¿Qué elegimos, la verdad o la mentira?- ¿Preferimos el fraude, el reparto de dinero, el uso de los programas de ayuda de gobierno para conseguir votos que las campañas limpias de aquellos que como Mockus o Petro utilizan los medios que permite la ley?. Si cotejamos a los candidatos, ¿es más importante el discurso que lo que hace el candidato, es más importante lo que promete que lo que hace, o lo que ha hecho en su vida pública? ¿La verdad dejó de ser más importante que las falsas promesas?
¿Qué es lo que nos hace creer que no es válido lo que dice la gente en la calle si no lo publican los medios?
¿Por qué debemos dudar de muchísimas señoras incluidas en el programa de "Familias en Acción" que dicen que fueron citadas y transportadas en buses para reunirse públicamente con el candidato?
¿Honestidad?- Me pregunto si los que votan a Santos no han visto su actuación durante todos estos años.
¿Acaso es bueno mentirle al país sobre la Operación Jaque para que después, presionados por la información de los medios internacionales finalmente nos dijeran una parte de la verdad y mas tarde otra en cómodas cuotas para evitar que supiéramos toda la verdad? ¿Es lícito usar el logo de la Cruz Roja para una operación de inteligencia poniendo en riesgo la vida de los miembros de la Cruz Roja y su credibilidad como institución neutral que vela por el Derecho Internacional Humanitario y por la vida de las personas? ¿O es honesto mentirle a otro país después de haberlo invadido diciendo que el fuego provenía desde este lado de la frontera colombo ecuatoriana? Si el ministro Santos consideraba que esa era una acción legal ¿por qué tendría que mentir? Acaso debemos aceptar la imposición de la nueva versión "bushista" de la teoría de la legítima defensa aplicada a una nación vecina que nunca nos atacó ni nos pensaba atacar? ¿No es acaso Ecuador el que acoge y ayuda a los colombianos que huyen de Colombia por el conflicto armado, refugiados que no se contabilizan en la cifra de desplazados?
¿Es honesto mentir acerca de los falsos positivos y es honesto haber mantenido la disposición 029? ¿Y si es cierto que no se usaba como dijo el candidato Santos, por qué no denunció su existencia para poder eliminarla? Que los falsos positivos fueran parte de una historia que comenzó en el año 1990 no exime de culpa a quienes la heredaron, conocieron y no denunciaron ese estado de cosas. No es un argumento válido decir que porque los demás nos mintieron eso justifica al que sigue sosteniendo esa mentira.
Si queremos una Colombia como la que decimos que queremos, debemos empezar por conocer y decir la verdad. Sobre mentiras no hay construcción posible.
emmaflood@etb.net.co
Emma Flood
http://www.eltiempo.com/blogs/el_analisis_de_emma/2010/06/ni-santos-gano-las-elecciones.php?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter
Elecciones, Santos, Mockus y gobierno- Reflexiones sobre la distorsión de la información.
Santos no ganó las elecciones- Nos quieren hacer creer a los colombianos que Santos ya ganó las elecciones y, que de acuerdo a esa afirmación falsa, Mockus debería renunciar a la segunda vuelta. Este es un excelente ejemplo de distorsión de la información liderada por el uribismo recalcitrante. Si Santos hubiera ganado las elecciones, Mockus y los demás candidatos hubieran aceptado públicamente el triunfo como suele suceder en las democracias que ellos, más que el gobierno, representan. Santos ganó a Mockus en la primera vuelta en porcentaje de votos pero no ganó las elecciones.
La información- Cuando no teníamos internet creíamos que el mundo era mejor y la información que no nos daban ni el periódico ni la radio nos llegaba por el medio más antiguo, la trasmisión oral de unos a otros, más lenta, bastante eficaz pero incompleta.
Hoy sabemos mucho de los candidatos por los medios oficiales, o los alternativos, y lo que no nos muestran por TV lo conocemos por Youtube. Se podría decir que tenemos acceso a una enorme cantidad de información.
La distorsión de la verdad- Sin embargo, cuando por fin vemos videos, la información soñada que nos muestra tanto debates, como campañas normales y fraudes electorales, se nos manipula de tal manera que terminamos creyendo que un candidato es malo porque se equivoca o duda frente a las camaras de TV, y no lo es aquél que promete mucho pero que comete fraude fuera de los canales de TV . La información que nos proporcionan los buenos reporteros o los astutos y hábiles minicamarógrafos que nos muestra todo aquello que los poderosos medios no nos muestran, parece no poder neutralizar el efecto y el poder de la información oficial .A juzgar por la incredulidad de los uribistas parecería que hoy, lo que no proviene de la TV no es verdad, aunque veamos las imágenes y los videos en Youtube. Es más, las mismas autoridades nos dicen que eso no es verdad. Nos dicen que la única verdad es la que ellos sustentan. ¿Pero entonces lo que estamos viendo y oyendo en TV es más verdad que lo que vemos suceder ante nuestros propios ojos, realidad que capturan los diestros camarógrafos y suben a internet?
La verdad y las versiones- En estos días nos hemos espantado por los sucesos en el Mediterráneo con los barcos que, con ayuda humanitaria, querían llegar a Gaza. Pero hay otra voz, la de Netanyahu que nos dice que eso que vemos es distinto de lo que vemos, y eso también nos desconcierta y asusta.
Pero lo que sucede aquí es exactamente lo mismo. El gobierno le atribuye veracidad únicamente a sus propias versiones a tal punto que enfrenta a la Corte Suprema si la versión no se ajusta a la suya .Las demás versiones, son declaradas falsas. ¿Pero desde cuando es un gobierno, el nuestro o cualquier otro, el que dictamina cuál es la información veraz? No creo que en ninguna parte del mundo exista una constitución que establezca:"Toda información dada o avalada por el gobierno es la verdadera".
¿De donde sacan entonces estos gobiernos (como el nuestro) que ellos son los que deciden cual es la verdad?-¿Y nosotros qué creemos que somos para aceptar dócilmente esa verdad? Ni nosotros ni el gobierno tenemos derecho a calumniar ni a mentir sobre la realidad de los hechos o de las personas, pero sí tenemos derecho a conocer la verdad y a opinar sobre ella. Pero el uribismo no opina, dictamina.
Elegir candidato-¿Qué es lo que lleva a las personas a elegir a un candidato que sabemos que no dice la verdad, que está dentro de un movimiento que nos miente y nos dice que su presidente ha sido el mejor en la historia del país? Nos dice que Colombia está en sus mejores días cuando estamos viendo el nivel de injusticia social y pobreza más vergonzoso de Sudamérica y la inequidad entre las mayores del mundo. ¿Eligen la versión del gobierno por encima de la que ven con sus propios ojos? ¿Les parece normal un país que por sostener una guerra inútil gaste más en matar que en dar de comer a sus habitantes? Insultan a quienes les hacen ver una realidad que no quieren aceptar y hasta mienten ellos mismos para encubrirla.
¿Qué elegimos, la verdad o la mentira?- ¿Preferimos el fraude, el reparto de dinero, el uso de los programas de ayuda de gobierno para conseguir votos que las campañas limpias de aquellos que como Mockus o Petro utilizan los medios que permite la ley?. Si cotejamos a los candidatos, ¿es más importante el discurso que lo que hace el candidato, es más importante lo que promete que lo que hace, o lo que ha hecho en su vida pública? ¿La verdad dejó de ser más importante que las falsas promesas?
¿Qué es lo que nos hace creer que no es válido lo que dice la gente en la calle si no lo publican los medios?
¿Por qué debemos dudar de muchísimas señoras incluidas en el programa de "Familias en Acción" que dicen que fueron citadas y transportadas en buses para reunirse públicamente con el candidato?
¿Honestidad?- Me pregunto si los que votan a Santos no han visto su actuación durante todos estos años.
¿Acaso es bueno mentirle al país sobre la Operación Jaque para que después, presionados por la información de los medios internacionales finalmente nos dijeran una parte de la verdad y mas tarde otra en cómodas cuotas para evitar que supiéramos toda la verdad? ¿Es lícito usar el logo de la Cruz Roja para una operación de inteligencia poniendo en riesgo la vida de los miembros de la Cruz Roja y su credibilidad como institución neutral que vela por el Derecho Internacional Humanitario y por la vida de las personas? ¿O es honesto mentirle a otro país después de haberlo invadido diciendo que el fuego provenía desde este lado de la frontera colombo ecuatoriana? Si el ministro Santos consideraba que esa era una acción legal ¿por qué tendría que mentir? Acaso debemos aceptar la imposición de la nueva versión "bushista" de la teoría de la legítima defensa aplicada a una nación vecina que nunca nos atacó ni nos pensaba atacar? ¿No es acaso Ecuador el que acoge y ayuda a los colombianos que huyen de Colombia por el conflicto armado, refugiados que no se contabilizan en la cifra de desplazados?
¿Es honesto mentir acerca de los falsos positivos y es honesto haber mantenido la disposición 029? ¿Y si es cierto que no se usaba como dijo el candidato Santos, por qué no denunció su existencia para poder eliminarla? Que los falsos positivos fueran parte de una historia que comenzó en el año 1990 no exime de culpa a quienes la heredaron, conocieron y no denunciaron ese estado de cosas. No es un argumento válido decir que porque los demás nos mintieron eso justifica al que sigue sosteniendo esa mentira.
Si queremos una Colombia como la que decimos que queremos, debemos empezar por conocer y decir la verdad. Sobre mentiras no hay construcción posible.
emmaflood@etb.net.co
Emma Flood
http://www.eltiempo.com/blogs/el_analisis_de_emma/2010/06/ni-santos-gano-las-elecciones.php?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter
miércoles, 2 de junio de 2010
ISRAEL ARREMETE CONTRA EL MUNDO POR CASO DE LA FLOTILLA
El primer ministro denuncia un ataque de hipocresía internacional.

Benyamin Netanyahu se encastilló la noche del miércoles frente al “ataque de la hipocresía internacional”. En un discurso televisado, el primer ministro israelí anunció que mantendría el bloqueo de Gaza pese a las presiones procedentes de todo el mundo. Levantar el bloqueo, dijo, supondría convertir Gaza en “una base de misiles iraníes que amenazarían a Israel y a Europa”.
Netanyahu justificó el violento asalto a la flotilla que intentaba romper el bloqueo llevando hasta Gaza material humanitario: “Aquellos no eran barcos de amor, sino de odio”. Según el jefe del Gobierno israelí, “el objetivo de la flotilla no consistía en transportar ayuda, sino en romper el bloqueo, y si eso se hubiera consentido decenas y centenares de barcos cargados de armas habrían llegado a Gaza inmediatamente después”.
El discurso de Netanyahu apeló a un sentimiento profundo de muchos israelíes, el de ciudadanos sitiados en un entorno muy hostil, con la propia existencia en juego e incomprendidos por el mundo. Y siguió descartando cualquier posibilidad de coexistencia pacífica con un enclave gobernado por Hamás, un partido considerado terrorista por las principales potencias occidentales.
El mensaje que Netanyahu y su servicio diplomático intentaban hacer llegar al mundo se basaba en justificar el bloqueo, el asalto a la flotilla (que dejó nueve muertos y decenas de heridos) y cualquier otra acción por razones puramente bélicas. El embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, había declarado poco antes en una entrevista televisiva que el asalto a los barcos que navegaban rumbo a Gaza en aguas internacionales había sido “perfectamente legal, perfectamente humanitario y responsable”, añadiendo que los estadounidenses hicieron cosas similares “cuando combatieron contra los alemanes y los japoneses en la Segunda Guerra Mundial”.
El conjunto de la clase política israelí parecía sometida a la tensión psicológica de un estado de sitio. Aunque en privado se expresaran duras críticas a Netanyahu y un profundo desaliento ante la situación, en público se mostraba unanimidad y una actitud desafiante ante la presión internacional. El primer ministro británico, David Cameron, se sumó el miércoles a las críticas y pidió que se levantara el bloqueo de Gaza. El enviado europeo a Oriente Próximo, el ex primer ministro Tony Blair, fue más ambiguo: dijo que el bloqueo no servía, pero que tampoco veía cómo podía levantarse.
La tensión ambiental se reflejó en una tormentosa sesión de la Knesset, el Parlamento israelí. La diputada árabe-israelí Hanin Zoabi, que viajaba a bordo de una de las naves de la flotilla, proclamó que la intención del asalto consistía en causar el máximo número de muertos y preguntó por qué el Gobierno no publicaba todas las filmaciones efectuadas. Hubo reacciones durísimas por parte de otros diputados. Uno de ellos, del partido ultranacionalista Yisrael Beitenu (Israel ante todo), lamentó que los soldados se hubieran contenido y hubieran causado sólo nueve muertos. Otros diputados le gritaron cosas como “traidora, solterona, vete a Gaza” y pidieron que se le retirara la inmunidad parlamentaria. El riesgo de violencia física llegó a ser tan alto que en ese mismo momento la Mesa le concedió a Zoabi una escolta de dos guardaespaldas, para evitar agresiones de sus colegas.
Otro diputado árabe, Mohamed Barakeh, defendió a Zoabi y afirmó que sus intenciones al unirse a la flotilla habían sido “nobles”. “Están ustedes tratando de justificar el asesinato a sangre fría de activistas; los soldados no son responsables, lo son quienes organizaron la operación”, dijo. Y siguió: “Ningún país está ahora del lado de Israel. Están solos contra el mundo. Están dañando su propia nación”.
Los ánimos de los diputados y los ciudadanos árabes israelíes estaban especialmente crispados porque la liberación de todos los participantes en el trágico viaje a Gaza había tenido cuatro excepciones: los cuatro árabes israelíes que iban a bordo y que, a diferencia de Zoabi, no disfrutaban de la inmunidad parlamentaria. A esos ciudadanos se les prorrogó la detención por ocho días más, a la espera de la presentación de acusaciones por el fiscal.
Los centenares de activistas liberados, entre ellos los tres españoles, también veían amenazada su salida del país, pese a llevar horas embarcados en aviones, porque varios ciudadanos y organizaciones ultranacionalistas habían presentado recursos judiciales contra la orden gubernamental de deportación inmediata. Los recursos pedían al juez que antes de la deportación se examinaran las posibles responsabilidades penales de cada activista.
http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-206595-israel-arremete-contra-elmundo-caso-de-flotilla

Benyamin Netanyahu se encastilló la noche del miércoles frente al “ataque de la hipocresía internacional”. En un discurso televisado, el primer ministro israelí anunció que mantendría el bloqueo de Gaza pese a las presiones procedentes de todo el mundo. Levantar el bloqueo, dijo, supondría convertir Gaza en “una base de misiles iraníes que amenazarían a Israel y a Europa”.
Netanyahu justificó el violento asalto a la flotilla que intentaba romper el bloqueo llevando hasta Gaza material humanitario: “Aquellos no eran barcos de amor, sino de odio”. Según el jefe del Gobierno israelí, “el objetivo de la flotilla no consistía en transportar ayuda, sino en romper el bloqueo, y si eso se hubiera consentido decenas y centenares de barcos cargados de armas habrían llegado a Gaza inmediatamente después”.
El discurso de Netanyahu apeló a un sentimiento profundo de muchos israelíes, el de ciudadanos sitiados en un entorno muy hostil, con la propia existencia en juego e incomprendidos por el mundo. Y siguió descartando cualquier posibilidad de coexistencia pacífica con un enclave gobernado por Hamás, un partido considerado terrorista por las principales potencias occidentales.
El mensaje que Netanyahu y su servicio diplomático intentaban hacer llegar al mundo se basaba en justificar el bloqueo, el asalto a la flotilla (que dejó nueve muertos y decenas de heridos) y cualquier otra acción por razones puramente bélicas. El embajador israelí en Estados Unidos, Michael Oren, había declarado poco antes en una entrevista televisiva que el asalto a los barcos que navegaban rumbo a Gaza en aguas internacionales había sido “perfectamente legal, perfectamente humanitario y responsable”, añadiendo que los estadounidenses hicieron cosas similares “cuando combatieron contra los alemanes y los japoneses en la Segunda Guerra Mundial”.
El conjunto de la clase política israelí parecía sometida a la tensión psicológica de un estado de sitio. Aunque en privado se expresaran duras críticas a Netanyahu y un profundo desaliento ante la situación, en público se mostraba unanimidad y una actitud desafiante ante la presión internacional. El primer ministro británico, David Cameron, se sumó el miércoles a las críticas y pidió que se levantara el bloqueo de Gaza. El enviado europeo a Oriente Próximo, el ex primer ministro Tony Blair, fue más ambiguo: dijo que el bloqueo no servía, pero que tampoco veía cómo podía levantarse.
La tensión ambiental se reflejó en una tormentosa sesión de la Knesset, el Parlamento israelí. La diputada árabe-israelí Hanin Zoabi, que viajaba a bordo de una de las naves de la flotilla, proclamó que la intención del asalto consistía en causar el máximo número de muertos y preguntó por qué el Gobierno no publicaba todas las filmaciones efectuadas. Hubo reacciones durísimas por parte de otros diputados. Uno de ellos, del partido ultranacionalista Yisrael Beitenu (Israel ante todo), lamentó que los soldados se hubieran contenido y hubieran causado sólo nueve muertos. Otros diputados le gritaron cosas como “traidora, solterona, vete a Gaza” y pidieron que se le retirara la inmunidad parlamentaria. El riesgo de violencia física llegó a ser tan alto que en ese mismo momento la Mesa le concedió a Zoabi una escolta de dos guardaespaldas, para evitar agresiones de sus colegas.
Otro diputado árabe, Mohamed Barakeh, defendió a Zoabi y afirmó que sus intenciones al unirse a la flotilla habían sido “nobles”. “Están ustedes tratando de justificar el asesinato a sangre fría de activistas; los soldados no son responsables, lo son quienes organizaron la operación”, dijo. Y siguió: “Ningún país está ahora del lado de Israel. Están solos contra el mundo. Están dañando su propia nación”.
Los ánimos de los diputados y los ciudadanos árabes israelíes estaban especialmente crispados porque la liberación de todos los participantes en el trágico viaje a Gaza había tenido cuatro excepciones: los cuatro árabes israelíes que iban a bordo y que, a diferencia de Zoabi, no disfrutaban de la inmunidad parlamentaria. A esos ciudadanos se les prorrogó la detención por ocho días más, a la espera de la presentación de acusaciones por el fiscal.
Los centenares de activistas liberados, entre ellos los tres españoles, también veían amenazada su salida del país, pese a llevar horas embarcados en aviones, porque varios ciudadanos y organizaciones ultranacionalistas habían presentado recursos judiciales contra la orden gubernamental de deportación inmediata. Los recursos pedían al juez que antes de la deportación se examinaran las posibles responsabilidades penales de cada activista.
http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/articulo-206595-israel-arremete-contra-elmundo-caso-de-flotilla
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