martes, 5 de octubre de 2010

La política del teatro y el teatro de la política



Libertad absoluta para todas las artes, con una limitante: ninguna libertad para obras que ensalcen la guerra o la presenten como inevitable, ni para aquellos que alimenten el odio entre los pueblos.

Bertolt Brecht 

Del libro El arte y la política, 1949
Indiferencia ante lo político


¿Qué pasa hoy con este asunto entre política y teatro? Su relación ha variado a través de la historia. Los antagonismos sociales son milenarios, igual que los conflictos por el poder. Es políticamente como el hombre habita el mundo. El accionar de todo sujeto, y es éste el accionar importante de la política, consiste en reunirse para la discusión y el planteamiento de posibles soluciones a los problemas de la comunidad. Pero, ¿por qué existe la actual actitud evasiva de mucha gente frente a la política? Es claro que la palabra política se ha desfigurado y caído en descrédito, debido a la corrupción y las traiciones de ciertos individuos que la han ejercido y la ejercen. 

Con frecuencia se estigmatiza o se mata a quien habla sin tapujos. Recordemos al humorista Jaime Garzón, un ejemplo entre miles. En los tres últimos decenios, hemos vivido los años más sangrientos de mi generación, masacre tras masacre, como es el caso de la Unión Patriótica, partido político de izquierda que fue borrado físicamente del mapa; fueron asesinados 4.000 miembros suyos en forma sistemática. Por otro lado, en los últimos datos oficiales de la ley de justicia y paz se reconocen 150.000 asesinatos de los paramilitares (1), verdadera vergüenza, y una inmensa derrota para el país y la democracia. Tal vez esto sea lo que quiere el sistema, pues le conviene que seamos indiferentes y nos autocensuremos frente a lo político.

Hace unos días, un amigo me expresó: “Estoy contra el teatro político, como el que ustedes hacen. Me gusta ir al teatro para olvidar las miserias del país”. Esto refleja desinformación y confusión, nada gratuitas, por lo demás. Existe un teatro que cumple funciones sociales que se pueden llamar edificantes. Los curas, como decía, Enrique Buenaventura, pueden usarlo para señalar los males del demonio y la necesidad de ser católico, como lo hicieron en la época, de la llamada conquista, con los indígenas. Otros lo utilizan para que la gente se vuelva revolucionaria. Pero esto no es teatro; son usos del teatro. El teatro es el descubrimiento de realidades distintas de las cotidianas. ¿Puede el teatro, entonces, mostrar los conflictos sociales y políticos? ¿Hablar en el teatro de lo social o lo político es desacertado? No. El teatro acierta si habla de lo social, de la realidad, o quizá de la coyuntura, por tres aspectos: 1º, porque le procura la palabra a quienes no la tienen; 2º, porque distingue cómo la macropolítica manipula los sistemas de la historia; y 3º, porque explora el inconsciente de la sociedad, las tendencias reprimidas, aquello que no queremos ver.

Pero esto, más que testimonio, uso o denuncia, es teatro. El mejor acto político del teatro reside en su cualidad y en su calidad poética, en su elaboración artística que genera un pensamiento político, puesto que “la metáfora artística es uno de los catalizadores más potentes de la dimensión política de la vida” (2).

Los términos teatro y política son algo más que dos polos irreconciliables. Existe entre ellos tensión, grandes transiciones y ricas relaciones de interdependencia. Debido a la imposición de una dualidad simplista y de ciertas formas de expresión del lenguaje, sólo vemos lo blanco y lo negro, y nuestras posiciones son en contra o a favor. “Estoy contra el teatro apolítico, o contra Aristóteles o Brecht, o contra la representación”, se oye decir. Estar contra algo significa funcionar en la misma esfera de lo combatido, estar dentro de su aparato conceptual, y esto significa no hallar caminos distintos para desarrollar otras miradas, otra política del teatro. Vemos sólo el principio y el final de lo dialéctico, de los contrastes, y no vemos posibles innovaciones, no vemos lo que se mueve y pasa en medio.

La política del teatro


Primero están el punto de vista y el propósito, que implican una configuración de cómo, con, para qué y quiénes inventan un objeto artístico. Aquí caben, por ejemplo, método y técnica. Es decir, cuál es la idea estética para la búsqueda y el encuentro del mundo poético. Después, una vez inventada la obra, ésta tendrá en sí misma un devenir que va más allá de sus autores. En tercera instancia está el público, que, con su cultura y su percepción, crea su propia lectura. El teatro es político por la distancia y el acercamiento, por lo inherente. Pero, ¿qué es lo inherente? Lo son las formas narrativas tradicionales. Estas formas, al ser centradas, crean un contexto de dominación que moldea un orden expresivo de acuerdo con los imperativos del mensaje, la historia, la acción, el sentido. “El sentido tiene un aspecto religioso de la vida, y entiendo este aspecto como la creencia de que la vida significa algo y vale la pena ser vivida. Por tanto, y según experiencias con obras descentradas, el sentido se puede trasladar, no a un más allá sino a un más acá, al cuerpo que experimenta con la obra; con lo que vio, escuchó y sintió como espectador. Es el momento del acontecimiento presente: ‘No hay sentidos si no se despiertan los sentidos’” (3).

Por lo demás, un sentido muchas veces inaprensible e inefable ordena y da forma al mundo, y es ahí donde se siente una evidencia trascendente que sobrepasa la experiencia individual. Esta experiencia especial es justamente un acontecer político. En el mundo descentrado, con significados para el cuerpo que no se pueden reducir a procesos racionales, de explicación, la obra no se puede reducir a un dato, una demostración, una evidencia, a través de la cual es posible desentrañar los universales que la subyacen. Esta actitud deslegitima la experiencia del observador desprevenido, dice Susan Sontag (4), quien propone que “en lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte” (5). Sontag reivindica la potencia de la experiencia.

Ahora, ¿cómo contagiar al espectador de esta erótica del arte? Se necesita un lenguaje que escape de las formas tradicionales, de las estructuras conocidas en la construcción del relato. Si la experiencia de una obra se reduce al lenguaje, a la explicación, le negamos la posibilidad al cuerpo de aquella vivencia inaprensible e intransferible que es el acontecimiento de la obra. Y esto tiene que ver con una profunda política del teatro. Por consiguiente, una mirada menos ligera que la de mi amigo, el abanderado del teatro apolítico, hace ver que todo teatro es un acto político. Esa crítica que dice, tal o cual hace teatro político o apolítico, “como si fuera una categoría inherente de descripción del arte poético”. Lo político es rizomático (6), o sea, que involucra principios de conexión, heterogeneidad y multiplicidad de la sociedad, y abarca toda la vida del teatro. Cualquier clase de teatro afirma o desmiente valores del sistema.

El teatro de la política

La política establece intenciones y propósitos en una comunidad-país, decide e incide sobre ella. Para ello elabora su puesta en escena, interviene en espacios, llama la atención de la comunidad, inventa rituales y usa formas de representación que constituyen una “estética de lo político” (7). Pero hay un teatro de la política, de los mentirosos, los farsantes. Es la forma de representación que vemos plasmada en campañas electorales y en estamentos macropolíticos como el congreso y los ministerios, por ejemplo, con sus imágenes y frases manidas, incluso con la farandulización. 

El teatro de la política y la política del teatro tienen sus propios escenarios y sus mutuas irradiaciones, el uno del otro. Existe una maquinaria teatral de la política que fácilmente puede observarse y, de igual manera, una intromisión de la politiquería en el teatro. Los políticos, con sus comedias de enredos en el congreso, con sus farsas en la casa presidencial y demás dramas de la corrupción, casi que han desplazado a los actores. Vociferan contra la corrupción y por la paz cuando es sabido que son corruptos guerreristas, quienes, teniendo sus mesas llenas, hablan de pobreza mientras propician desplazamientos. 

El culmen lo constituyen los cínicos discursos de los paramilitares en el congreso. Socialmente se les acepta, aunque no se les crea, como una imagen de ficción, una ficción del terror muchas veces. Este teatro de la política lo ha invadido todo, hasta el lenguaje, con expresiones tales como: teatro de operaciones, actores del conflicto, protagonistas del congreso, antagonistas del presidente. El fuego y el juego de la mentira del teatro fueron robados por estos falsos y psicóticos dioses. Frente a este panorama, ¿qué podemos hacer? Tal vez necesitamos una política del teatro que ayude a recuperar la dimensión sutil de la mentira artística como elemento básico del teatro, la mentira estética como punto de conexión metafísico y reflexivo de esa verdad perversa y falsa que nos exhiben. Dicha política podría fracturar ese concepto de realidad y hallar, con toda la potencia de la actuación, una visión poética. 

En el escucharse unos a otros se basaba el ideal de la democracia en la Grecia antigua. Y esta idea, en un plano de igualdad, es en el fondo el ideal de la creación colectiva y del teatro. Digo de la creación colectiva, porque ella es un umbral donde se pone en tensión el asunto de la democracia, de los diversos discursos de quienes participan en ella. El teatro parte del hecho que los seres humanos son interesantes e importantes los unos para los otros, y no tenemos que ser desconocidos por nadie. Esta es una función política del teatro. Escuchar lo que dice, sentir lo que hace el otro, entrelazados en una interacción poética. Los autores griegos, nos hablan de las pasiones, los caprichos, las injusticias de los dioses y los hombres, que surgen en una democracia. De manera que el teatro tiene una compleja función en la sociedad, no directa, sino que está vinculada también al ejercicio de la democracia.

Quizá lo único que podamos hacer, sea crear, con libertad, un teatro de alianzas aquí y allá, dentro o fuera del teatro. Y es, posiblemente, desde lo micropolítico que pueden surgir funciones políticas profundas y nada presumidas, que hablen a la intuición y hagan consciente el inconsciente de los individuos.

* Leído en el marco del conversatorio del 11° Festival de Teatro Alternativo de Bogotá, el 4 de abril de 2010.
1 El Espectador, domingo 17 de enero de 2010.
2 Dubatti, Jorge. Filosofía del teatro I. Argentina. Ed. Atuel.
3 A título personal, Creación colectiva, del Teatro la Candelaria, dirigida por Santiago García. Estrenada en marzo de 2009.
4 Sontag, Susan. Contra la interpretación. España. Ed. Debolsillo, 2007.
5 ibíd.
6 Deleuze, Guilles, Guatari, Félix. Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia. Valencia. Ed. Pretextos, 1988.
7 Ranciere, Jacques. Sobre políticas estéticas. Barcelona. Edición del Museo de Arte Contemporáneo, 2005.

* Desde hace 30 años, principalmente participante del Teatro la Candelaria y otros espacios como el Teatro Petra, Inédita Teatro y el Proyecto Teatro de Esquina. Actor en 32 obras de teatro, nueve cortometrajes y 10 largometrajes. Director de ocho obras de teatro. Autor de los libros El actor y sus otros y La aclaración, y de diversos artículos publicados en revistas y periódicos.

lunes, 4 de octubre de 2010

La Senadora, el Procurador y el Derecho Penal del Enemigo


El fallo contra Piedad Córdoba es un contrasentido. ¿Podría ser acusado el Procurador por Prevaricato?
Los contrasentidos de un fallo
Dentro de la vida política y jurídica colombiana resulta un contrasentido que Piedad Córdoba, la senadora que se ha distinguido por su labor incansable y obstinada por la paz, la liberación de los secuestrados y los acuerdos humanitarios, sea destituida e inhabilitada para ejercer cargos públicos durante dieciocho años por promover a las FARC y colaborar con esta organización armada. El contrasentido se acrecienta cuando tal decisión es adoptada por un procurador general que se ha distinguido por su falta de ecuanimidad y por supeditar el cargo que ejerce como principal agente del Ministerio Público, y las funciones correspondientes, a su ideología político-religiosa.
En el fallo disciplinario, el procurador reconoce las labores realizadas por Piedad Córdoba, al menos en lo atinente a la liberación de los secuestrados, como algo evidente: "de público y notorio conocimiento"[1]. Desde luego, a renglón seguido, afirma que tal contribución no justifica los actos que le imputa y por los cuales condena a la Senadora. Al procurador Ordoñez no le interesa aclarar o explicar jurídicamente esta primera parte del contrasentido, pues en todo el fallo supone que el comportamiento que le atribuye a Piedad Córdoba está orientado a colaborarle a las FARC en su estrategia bélica y a promover su propuesta político-militar. Es obvio que dialogar con las FARC y ayudarles para que sean liberados los secuestrados o para que suscriban acuerdos humanitarios difícilmente puede ser considerado como una falta disciplinaria, un delito o un crimen de lesa humanidad. Aunque en el país de los contrasentidos todo es posible.
Porque lo digo yo
Al calificar el aborto (cuya legalidad es reconocida en forma amplia o restringida en más de noventa países del mundo) como un delito de lesa humanidad, el Procurador reveló el trasfondo ideológico de los fallos que profiere, dentro de la cruzada contra todas las causas que entran en el ámbito de su competencia y que considera contrarias a sus principios morales, religiosos o políticos. Los argumentos para considerar el aborto como un delito de lesa humanidad no tienen ningún fundamento jurídico, simplemente obedecen a sus íntimas convicciones político-religiosas[2]. No obstante, de acuerdo con el artículo 277 de la Carta Política de 1991, en primer lugar el procurador debe "vigilar el cumplimiento de la Constitución, las leyes, las decisiones judiciales y los actos administrativos"; "proteger los derechos humanos y asegurar su efectividad"; y "defender los intereses de la sociedad". La Constitución no lo autoriza en ningún artículo a utilizar su cargo público para defender sus convicciones personales. Esta es la segunda parte del contrasentido: un procurador general que en ejercicio de sus funciones privilegia la defensa de sus creencias personales y ataca jurídicamente a quienes no las comparten.
¿El totalitarismo ronda por ahí?
Las dos partes del contrasentido alrededor del fallo contra Piedad Córdoba adquieren coherencia con el uso que hace el Procurador de su versión particular del denominado Derecho Penal del Enemigo. Ésta forma para-jurídica, muy utilizada por los regímenes totalitarios, e inspirada en la teoría política de Carl Schmitt, uno de los ideólogos del nacionalsocialismo, se distingue por tres elementos básicos:
1. Una ampliación evidente de la punibilidad, la cual no se aplica tanto por los hechos cometidos, sino por el peligro supuesto que representa un enemigo político, al pertenecer, colaborar o fomentar una organización que atenta contra el ordenamiento jurídico dominante;
2. Las penas establecidas o impuestas no guardan ninguna proporcionalidad con los hechos cometidos, sino con la peligrosidad del enemigo;
3. Las garantías procesales son relativizadas o suprimidas real o formalmente[3].
De acuerdo con esta doctrina, a los amigos políticos se les aplica el Derecho Penal del Ciudadano, en virtud del cual se justifican interpretaciones jurídicas flexibles y proteccionistas, no propiamente garantistas, pues este término tiene un carácter universal y se predica con respecto a todo el mundo, mientras que a los enemigos políticos se les aplican normas inflexibles y arbitrarias, legitimadas por un estado de guerra.
Los amigos políticos resultan así titulares de todos los derechos y prerrogativas, mientras los enemigos políticos son convertidos en sujetos sin derechos o con los derechos totalmente disminuidos, en "no-personas". En diferentes medios se ha resaltado la benevolencia jurídica del Procurador en los casos de Mario Uribe, Ciro Ramírez, Álvaro Araújo, Mauricio Pimiento, Alfonso Plazas Vega y Sabas Pretelt de la Vega, antes de que la Corte Suprema amenazara al jefe del Ministerio Público con abrirle una investigación, y la malevolencia jurídica en el caso de Piedad Córdoba.
Sin fundamente jurídico
El fallo contra Piedad Córdoba puede convertirse en un arquetipo dentro de esta doctrina del Derecho Penal del Enemigo en Colombia. La prueba reina de todo el proceso disciplinario, el "computador de Raúl Reyes" (pues las otras, como el mismo procurador lo reconoce, son subsidiarias), fue practicada ilegalmente. Como ya se ha dicho, no se ajusta a lo establecido por los artículos 499 a 505 de la ley 600 del 2000 (Código de Procedimiento Penal) para la cooperación internacional en la práctica de pruebas.
Además, en el fallo del procurador se intenta fundamentar su legalidad en cuatro resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, CSNU  (1373 de 2001, 1535 y 1566 de 2004 y 1624 de 2005), que aunque hacen relación al terrorismo y a la amenaza contra la paz y la seguridad internacionales, en ningún momento autorizan a un Estado para invadir el territorio de otro Estado y mucho menos para recaudar pruebas que luego puedan ser utilizadas en procesos penales y disciplinarios.
Por consiguiente, la garantía mínima de ser procesado en virtud de pruebas obtenidas legalmente no se cumple en el proceso contra Piedad Córdoba. ¡Y ni hablar de la cadena de custodia, pues se rompe en el primer eslabón!
Aunque sirviera la prueba...
La condena se le impone a Piedad Córdoba por promover supuestamente a las FARC y colaborar con ellas. Aún si se acepta lo inaceptable, la prueba ilegal, en ninguna parte del fallo el procurador se demuestra que la senadora Córdoba colaboró en la realización de actos criminales o terroristas de las FARC o promovió los mismos. Lo que se castiga es el supuesto apoyo y la supuesta colaboración con actividades o estrategias políticas del grupo guerrillero. Como afirma Luis Gracia Martín, en el Derecho Penal del Enemigo "se criminalizan, por ejemplo, comportamientos de mera colaboración con bandas u organizaciones terroristas e incluso la apología de las infracciones de terrorismo o de sus autores"[4].
Para quienes se sirven de él, "los enemigos son individuos que se caracterizan, primero, porque rechazan por principio la legitimidad del ordenamiento jurídico y persiguen la destrucción de ese orden y, segundo, a consecuencia de ellos, por su especial peligrosidad para el orden jurídico, dado que tales individuos no ofrecen garantías de la mínima seguridad cognitiva de un comportamiento personal, es decir, su comportamiento ya no es calculable conforme a las expectativas normativas vigentes en la sociedad"[5].
Como si fueran copiadas de un manual del Derecho Penal del Enemigo, esas son las consideraciones que animan el fallo del Procurador.
¿Está prevaricando el Procurador?
Finalmente, la sanción que se le impone a Piedad Córdoba no tiene la más mínima proporcionalidad con los cargos que se le imputan, pues pretenden excluirla definitivamente de la vida pública, debido a la peligrosidad que ve en ella el funcionario, de acuerdo con sus presupuestos ideológicos, y no castigarla por unos supuestos hechos que se basan en una prueba ilegal. De nuevo Gracia Martín nos ayuda a comprender el sentido del fallo del procurador: en el Derecho Penal del Enemigo "no se trata ya -como sucede en el Derecho Penal General- de la conservación o mantenimiento del orden, sino de la producción en el entorno de condiciones soportables por medio de las cuales sean eliminados todos aquéllos que no ofrecen la garantía cognitiva mínima que es necesaria para poder ser tratados como personas. El Derecho Penal del Enemigo es la regulación jurídica de la exclusión de los enemigos, la cual se justifica en tanto en cuanto éstos son actualmente no-personas, y conceptualmente hace pensar en una guerra cuyo alcance, limitado o total, depende de todo aquello que se teme de ellos"[6].
Si bien el Derecho Penal del Enemigo explica el contrasentido que configura el fallo del procurador, constituye para la sociedad colombiana un problema político grave: no es compatible con los principios de un Estado Social de Derecho que rigen la Carta Política del 91, pues como dice Manuel Cancio Meliá, si "el derecho penal del ciudadano es un pleonasmo", el "derecho penal del enemigo es una contradicción en los términos"[7].
El funcionario que recurre a él, implícita o explícitamente, para tomar una decisión judicial o disciplinaria, puede estar incurriendo en el delito de prevaricato. El procurador debería ser investigado por la Corte Suprema de Justicia, previa acusación por parte del fiscal general. Sin embargo, en medio de los contrasentidos políticos y jurídicos del país, es probable que los investigados sean, o seamos, otros funcionarios, considerados como enemigos políticos de quien encabeza el poder disciplinario en Colombia, y de los partidos o movimientos políticos, o de las fracciones que los conforman, que lo eligieron sabiendo bien cuáles eran sus dogmas político-religiosos.
* Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales. Coordinador del Observatorio Nacional de Paz y Conflictos de Planeta Paz. Ex Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional y ex Vicerrector de la sede Bogotá de la misma universidad.
Notas de pie de página

[1] . "En el presente caso debe resaltarse ‒toda vez que es una cuestión de público y notorio conocimiento‒, que la senadora PIEDAD ESNEDA CÓRDOBA ha contribuido en importantes liberaciones de secuestrados en poder de las FARC, flagelo que, en todo caso, ha sido causado por la absoluta e inexplicable voluntad en manos de este grupo ilegal al acudir a esta particular «forma de lucha» que tanto dolor, tragedia y daños irreparables han causado a un considerable número de familias colombianas." (Procurador General de la Nación, Fallo del 27 de septiembre de 2010, p. 91)
[2] . « Materialmente el aborto es un delito de lesa humanidad: Procurador
«El procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez, hizo una férrea defensa al proyecto de ley que busca proteger la objeción de conciencia, incluso, frente a los casos excepcionales que permiten el aborto.
«"Desde luego que materialmente lo es, formalmente las normas no lo consideran así, pero sociológicamente, ética y moralmente atentar contra la familia es atentar contra la humanidad", aseveró Ordóñez Maldonado.
«Según su argumentación, esta tesis "es reconocida por los historiadores y la sufren las sociedades" y reiteró que, aunque ningún código lo establece como tal, "sociológica, histórica y éticamente, de manera indudable (el aborto) es un atentado contra la humanidad.» En: http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=1365170, consultado el 2 de octubre de 2010.
[3]. Ver: Günther Jakobs y Manuel Cancio Meliá, Derecho Penal del Enemigo, Madrid: Civitas, 2003. Especialmente los artículos de los dos autores, comprendidos entre las páginas 25-33 y 57-102, respectivamente
[4]. Luis Gracia Martín, "Consideraciones críticas sobre el actualmente denominado «Derecho Penal del Enemigo». En: Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. RECPC 07-02 de 2005, p. 10.
[5]. Ibídem, p. 7.
[6]. Ibídem, p. 8.
[7]. Op. Cit., p. 8.
http://www.razonpublica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1432%3Ala-senadora-el-procurador-y-el-derecho-penal-del-enemigo&catid=19%3Apolitica-y-gobierno-&Itemid=27 

LOS UNIVERSITARIOS DE COLOMBIA ESTAMOS CON PIEDAD CORDOBA: NO MÁS MONTAJES CONTRA EL PENSAMIENTO DIFERENTE!


La Federación de Estudiantes Universitarios de Colombia, FEU Colombia,  rechaza categóricamente la injusta y maniquea sanción impuesta por el señor procurador Alejandro Ordoñez, a la compañera senadora Piedad Córdoba Ruiz, ejemplo de lucha, resistencia y compromiso de la mujer colombiana.
La sanción impuesta se sustenta en mentiras, montajes, calumnias y odios, es un claro interés de acallar las voces disidentes al status quo, es evidente que los montajes judiciales y disciplinarios en contra de la senadora Piedad Córdoba, hacen parte de una estrategia gubernamental que busca acallar y cerrar los espacios a la oposición política  y al pensamiento diferente.
Creer en computadores que sobreviven a fuertes bombardeos, en correos firmados con un “alias” desde su correo personal o las declaraciones de un ucraniano, sobre el cual existen muchas dudas frente a su nacionalidad, profesión y actividad en Colombia, es hacerle el juego estúpido a un estado represor que se caracteriza por la continuidad en la guerra como única salida racional a nuestros conflictos y que aplica las leyes nacionales según su conveniencia.
El trabajo de la senadora Piedad Córdoba a lo largo de su vida política se ha caracterizado por su firme compromiso en la búsqueda de la paz, a través del diálogo y la solución política al actual conflicto social y armado que padece Colombia; el respeto por las minorías, a la población afro descendiente, las comunidades indígenas, los lgbt, los derechos de los trabajadores, la tierra de nuestros campesinos, la lucha por nuestra dignidad, nuestra soberanía y la construcción de un mañana diferente.
Su compromiso con los estudiantes y la educación pública y de calidad en Colombia, ha sido ratificado infinidad de ocasiones, en las que ha estado presente acompañando los debates como docente, estudiante y compañera. Su compromiso con el pueblo y la transformación de la realidad es incuestionable.
Invitamos a los estudiantes y la comunidad universitaria de Colombia y del mundo a rodear y manifestar su fehaciente apoyo a una mujer que con su ejemplo le ha dado esperanza a miles de jóvenes en nuestra tierra, convocamos un escenario de encuentro nacional en defensa del pensamiento crítico en la voz de Piedad Córdoba, a organizarnos en torno a la defensa del pensamiento crítico y la solución política al conflicto, y a gritar cada vez más fuerte por la dignidad, la vida y la unidad de todo el pueblo colombiano
.Compañera Piedad Córdoba: ejemplo de resistencia, coraje  y dignidad!

SOLIDARIDAD CON LA COMPAÑERA PIEDAD

Piedad Córdoba es divorciada, feminista, izquierdista; defiende la unión gay y el aborto; se opuso a Álvaro Uribe, atacó el nombramiento de Alejandro Ordóñez como Procurador y cree que su misión es lograr una salida pacífica del conflicto colombiano. Ordóñez, el Procurador, quemó libros en su juventud; es ultraderechista, fanático religioso, enemigo del aborto y los homosexuales; debe su cargo a Álvaro Uribe y piensa que su misión es perseguir a pecadores y comunistas. ¿Alguien imagina que Ordóñez podría dictar una sentencia justa contra Piedad? Evidentemente, no.

De esta aberración judicial nace la condena que acaba de imponer Ordóñez a su enemiga, por la cual la destituye como senadora y la inhabilita durante 18 años para todo cargo público. La sentencia liquida la carrera política corporativa de Piedad: cuando ella se lance de nuevo a unas elecciones o acepte un empleo público tendrá 73 años. El mismo Ordóñez será quien resuelva el recurso jurídico de la afectada contra la condena y pronuncie la última palabra. Después de haber visto cómo la crucificó en la TV y la prensa, ¿qué suponen ustedes que dirá?

Aparte del claro impedimento ético del juzgador, se pensaría que castigo tan severo corresponde a delitos gravísimos probados fuera de toda duda. Pues no. Una lectura crítica del expediente revela que los "crímenes" de Piedad son dos acusaciones acomodaticias y abstractas: promover a las Farc y colaborar con ellas. Una foto en la prensa con boina negra se considera "promoción" (los políticos se retratan con el gorro que les chanten: pululan los Presidentes disfrazados de caciques) y una reunión con guerrilleros para sacar secuestrados se valora como "colaboración" (decenas de políticos y empresarios se fotografiaron con Tirofijo).

Pedí a uno de los mejores juristas colombianos su opinión sobre el expediente. "El fundamento del fallo es endeble, circunstancial y prevaricante", dictaminó. Yo agrego que respira sectarismo, pese a que, para proyectar una imagen imparcial, la absuelve de una insólita "traición a la patria" por criticar al Gobierno en el exterior. De no hacerlo, habría creado el delito de opinión. Ni pruebas lapidarias ni confesiones. Todo se enmascara en retórica jurídica. Las faltas no saltan a la vista sino que "se contextualizan del análisis de plurales elementos probatorios".

Todo el país sabe que Piedad ha tenido contacto personal, telefónico y por correos con las Farc (también con el Eln y los paramilitares), gracias a lo cual rescató a doce secuestrados. Las víctimas lo agradecen, pero el Procurador vio allí ocasión de criminalizar la actividad humanitaria. Abundan los textos de Piedad contra la lucha armada, mas el expediente no cita ninguno. He aquí algunos recientes: en febrero del 2009 encabezó una carta colectiva de solidaridad con los indígenas por atropellos de los milicianos de las Farc; en marzo del 2010 condenó el secuestro como arma política; hace un mes divulgó su "profundo rechazo" a las Farc por "infringir gravemente el derecho humanitario" al matar a diez soldados. ¿Es eso promover? ¿Por qué aquí la Procuraduría no "contextualiza"?

Hay en el fallo parcialidad manifiesta. Del testimonio de un ucraniano, Ordóñez deduce que "los presuntos vínculos entre las Farc y la senadora continuaron en el 2010". ¿Por qué no destaca que el ucraniano declara no haber visto nunca a la senadora defender la lucha armada, sino la lucha electoral? Esa parte se soslaya. Alega el Procurador que Piedad solo estaba autorizada para tratar con las Farc del 15-VIII al 21-XI del 2007. Mentira. Me consta que en febrero del 2009 rescató rehenes con el beneplácito oficial.

Piedad es a veces imprudente por desprevenida; le hace daño su fe en Hugo Chávez y hay frases suyas que le conviene explicar. Pero se ha jugado la vida por una solución humanitaria y democrática. ¿Es por ello promotora de las Farc? Para lograrlo, mantiene contacto con jefes guerrilleros y, ciertamente, al verlos no los escupe ni los golpea con el paraguas. ¿Es por ello colaboradora suya?

Asistimos a una colosal infamia dirigida a descabezar el movimiento por una paz concertada.

Desde hace varios años, el autor del texto recibe comentarios a su columna encambalache@mail.ddnet.es

Daniel Samper Pizano

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CPR
Coordinadora popular Redskin