Milton Caballero
Radio Café Stereo
Es tal la magnitud de la crisis que vive Colombia que muchos se han sumado a la campaña verde cerrando los ojos porque creen que se debe hacer valer el voto útil, elegir al menos malo o al que consideran que, por lo menos, es ético.
La honestidad es una norma de conducta fundamental. En este punto hay acuerdo general. Pero ella no basta. Todos los candidatos deben demostrar su probidad. Es el punto de partida de cualquier campaña electoral decente.
La corrupción ha crecido tanto en el Gobierno de Álvaro Uribe que la rectitud parece ser ahora la única tabla de medición de los aspirantes a la Presidencia. Sin embargo, además de ella deberían tenerse en cuenta otras aptitudes determinantes.
Entre otras cosas, porque en nombre de la transparencia también se puede actuar en contravía de los intereses colectivos. Por ejemplo, entregar bienes públicos en detrimento del erario bajo la controvertida figura de la “capitalización”, como hizo Antanas Mockus con una parte de la Empresa de Energía de Bogotá, no es consecuente.
Y precipitarse detrás de una opción sin importar lo que su líder plantea de fondo, más allá de la forma, es una decisión que puede resultar costosa. No se trata de que el candidato o su partido se identifiquen en todos los puntos con el pensamiento de cada elector. Pero sí en los asuntos medulares, irrenunciables.
Los seguidores de Mockus proceden de dos ámbitos: 1.-) uribistas que saben que el ex alcalde de Bogotá no representa ningún riesgo para la continuidad de la “seguridad democrática”, y, 2.) no uribistas, que lo ven como la única opción viable frente al poderío del Gobierno.
Los primeros perciben a Mockus como una alternativa ante el cansancio que les causa un mandato corrupto al que, sin embargo, han acompañado durante ocho años perdonándole todo: la parapolítica, la yidispolítica, los “falsos positivos”, las chuzadas del DAS, el Agro Ingreso Seguro, los privilegios para los hijos del Presidente y tantos escándalos más.
A este primer grupo Mockus le brinda confianza, pues es conocido que el candidato verde dará continuidad a la estrategia de confrontación prolongada que desarrolla Uribe y, además, es sabido que Mockus, por su carácter neoliberal, seguirá la senda de las privatizaciones y el fortalecimiento de la “confianza inversionista”.
Lo anterior explica la enorme simpatía que en periodistas del establecimiento, uribistas de primera línea, ha despertado Mockus y el inusitado impulso que varios de los grandes medios de comunicación están dándole a su campaña, apoyo que incide de forma determinante en su crecimiento en las encuestas.
Los del segundo grupo, los no uribistas, sienten a Mockus como “la única forma de frenar a Santos y sus falsos positivos”, y desestiman a quienes proponen debates más allá de las formas, como si no quisieran que les aguijonearan la burbuja en la que parecen estar.
Figuran en este sector algunos que en la consulta interna del Polo rechazaron la candidatura de Carlos Gaviria y ahora no dudan en abandonar el barco al ver al escogido, Gustavo Petro, sin opciones.
Los interrogantes
Así, es importante auscultar los planeamientos de Mockus en relación con algunos de los asuntos medulares de la realidad colombiana, pues está rodeado de muchos mitos que pintan al candidato como un paradigma de cambio social que parece no ser real.
Algunos de los interrogantes que sobre él surgen son:
* ¿Gastará, como Uribe en 2009, $19,2 billones anuales del Presupuesto Nacional en la “seguridad democrática” que ha prometido continuar?
* ¿Privatizará el 15% de Ecopetrol, la principal empresa del Estado, como propuso Sergio Fajardo?
* ¿Vender las entidades públicas más productivas es una herramienta válida para financiar la educación y otros ámbitos sociales?
* ¿Continúa siendo partidario del cobro escalonado de matrículas, como cuando fue rector de la Universidad Nacional?
* ¿Sigue creyendo que los decretos de Uribe sobre salud “son legítimos” y que la crisis del sector se resuelve con más impuestos?
* ¿Los gravámenes a todos los estratos son la vía para afrontar los problemas del país?
* ¿Dónde están las grandes estrategias de defensa del medio ambiente que se supone son el fuerte de un partido Verde?
* ¿Su respaldo a la reforma laboral de 2003, que atenta contra derechos de los trabajadores, sigue en pie?
* ¿Por qué se fue a la sombra de Opción Centro, el grupo amigo del procesado senador Gil, y no optó por construir partido propio?
* ¿Cree en realidad que “las balas también son un recurso pedagógicas” como dijo hace poco?
* ¿Por qué se atemoriza ante los regaños de Uribe y ruega que lo siga considerando “un firme timonel de la seguridad”?
* ¿A eso se debe su rotundo no al acuerdo humanitario?
1.- Mockus y la guerra: “un timonel firme”
En relación con el conflicto existente en Colombia desde hace 62 años Mockus no se diferencia en lo fundamental de la estrategia de Uribe. Como casi todos los candidatos presidenciales, con sus matices, respalda la estrategia de la “seguridad democrática” y brinda confianza al establecimiento.
Leamos la valoración que de su posición sobre este asunto hizo el presidente Uribe el 20 de junio de 2003, cuando lo condecoraba con la Estrella de la Policía: “…he encontrado en el alcalde Mockus un timonel firme, sin vacilaciones y sin titubeos”. [1]
Uribe caracterizó muy bien a Mockus en cuanto a su pensamiento, así por estos días, cuando desarrolla una campaña sectaria y con abierta participación en política en favor de su preferido, Juan Manuel Santos, el Presidente trate de introducir algunas dudas, más de forma que de fondo sobre el aspirante del Partido Verde.
“El alcalde Mockus ha apoyado a la Fuerza Pública en Bogotá con toda determinación, sin reservas y ha sido una formidable combinación de pedagogía de la convivencia y de ejercicio firme de la autoridad”, dijo Uribe hace apenas diez meses en el mismo acto.
A las críticas que recientemente Uribe le ha formulado, Mockus ha respondido mostrándose extrañado, afirmando de manera sumisa: “Usted es mi presidente, usted es mi presidente” y cambiando el nombre a la “seguridad democrática” de Uribe por el de “legalidad democrática”. ¿Otra cuestión de forma, nada más?
En entrevista con el noticiero CM&, al responder a críticas de Andrés Felipe Arias, Mockus saltó un argumento absurdo, pero sintomático sobre el conflicto colombiano: “¡Las balas también son una herramienta pedagógica!”. [2]
Y en el documento por medio del cual pactó su alianza con Sergio Fajardo, al identificar la violencia como uno de los problemas del país, no incluye ni una palabra de condena a los crímenes de Estado cometidos durante el actual Gobierno. [3]
Todo indica que a los uribistas que acompañan ahora masivamente a Mockus lo expuesto en este punto les es indiferente, y es muy probable también que los no uribistas se hagan los de la vista gorda y no les importe su rechazo al acuerdo humanitario. Es cuestión de táctica, dirán, y agregarán que “los esencialismos son anacrónicos”.
En términos claros y concretos, sin titubeos ni recursos anecdóticos, la pregunta que muchos esperan que Mockus resuelva es qué hará para sacar el país de la guerra, si repetirá el gasto que Uribe hizo de $19,2 billones del Presupuesto Nacional en 2009 para la confrontación. ¿Seguirá esta senda si es elegido?
2.- Mockus y la política: buscando partido
La actitud del aspirante ante la política ha sido idealizada y se le presenta como el adversario de la politiquería tradicional. Para empezar, hay que recordar que en 1998 fue candidato a la Vicepresidencia de Noemí Sanín, la hoy aspirante del Partido Conservador.
Mockus aún añora esa alianza. “Tengo mi ladito muy conservador”, dijo en la entrevista con CM& que hemos citado antes, tras reconocer “lo bueno del Partido Conservador”.
En 2006, este matemático de origen lituano fue candidato presidencial de la Alianza Social Indígena, ASI, y, sin embargo, no escogió su fórmula vicepresidencial entre las etnias originarias colombianas, como era de esperarse.
La seleccionada en aquella ocasión fue María Isabel Patiño, dirigente de Asocolflores, un gremio de grandes exportadores a quienes les cuestionan el trato que dan a los trabajadores vinculados a esa agroindustria.
Su votación en 2006 fue exigua: 146.583 votos, es decir, el 1,23% del total, mientras Carlos Gaviria, el candidato presidencial de la izquierda, logró 2.613.157 votos, el 22% del total, un porcentaje similar al que Mockus alcanza hoy en las encuestas y por el cual es presentado como un fenómeno político.
De acuerdo con la última encuesta, la de la firma Ipsos-Napoleón Franco para RCN y Semana, Mockus tiene el 20% del favoritismo, frente al 30 de Juan Manuel Santos, el candidato directo del establecimiento, y el 12% de Noemí Sanín.
Hace cuatro años Carlos Gaviria, con un perfil decididamente de izquierda, despertaba también un gran entusiasmo, el cual se reflejaría en su altísima votación, por encima de la de Horacio Serpa, el aspirante liberal.
Además, es bueno recordar el contexto de la participación de Gaviria: se trataba de confrontar directamente a Uribe, que buscaba su reelección con todo el poder de su maquinaria.
No es tan cierto entonces que la favorabilidad de un candidato visto como alternativo no tenga precedentes, como afirman los medios masivos de comunicación. Y para ir un poco más atrás en la historia contemporánea, Galán, Jaramillo Ossa, Pardo Leal también despertaron expectativas inusitadas en sus momentos.
Mockus ha hecho su recorrido por no pocos escenarios políticos, pues participó en el movimiento Sí Colombia de Noemí Sanín, fundó Visionarios con Antanas, se arrimó a la ASI y recaló en el Partido Opción Centro
Con Enrique Peñalosa (apoyado por Uribe en las elecciones para la Alcaldía de Bogotá de 2007), y Luis Eduardo Garzón derivó en una agrupación que ya poseía representación en la Cámara y que lo exoneraba de la ardua tarea de recolectar firmas para inscribirse.
Pero Opción Centro tiene sus antecedentes: se trata de un partido en el que algunos de sus líderes tuvieron nexos con Convergencia Ciudadana, colectividad extinguida hoy por efectos de la parapolítica.
Veamos cómo presentó el portal La Silla Vacía, en septiembre de 2009, los contactos de los ‘Tres Tenores’ con los orientadores del partido centrista.
“Peñalosa, Mockus y Garzón no estaban dispuestos a ‘adherirse’ a este partido, y su objetivo era entrar en condiciones de igualdad (a mandar). También querían aclarar exactamente el alcance de la relación de los directivos del Partido Verde Opción Centro con Convergencia Ciudadana”. [4]
Según el mismo portal, el partido tiene origen en los ex militantes del M-19 Héctor Elías Pineda y Carlos Ramón González, lo mismo que en Daniel García, hijo de Néstor García, también del M-19.
“La estrecha relación de González y otros miembros con el ex senador de Santander Luis Alberto Gil, hoy en la cárcel por parapolítica, y el apoyo del partido a listas de Gil en Santander crearon una sombra sobre el partido”, dice La Silla Vacía en su reseña.
De esas sombras nadie se volvió a acordar, y menos ahora, cuando el pequeño partido de centro en el que Mockus y sus amigos se acomodaron hace seis meses se perfila hoy como la segunda fuerza electoral del país. ¿Desaparecieron las sombras al calor de la ola verde?
3.- Mockus y la socioeconomía: ¿más privatizaciones?
Las mayores expectativas, especialmente de los jóvenes, están en el ámbito de las reformas sociales y económicas. El acuerdo Mockus-Fajardo, que podríamos asumir como programa de la fórmula presidencial, no es nada explícito en esta materia.
Su contenido es un cúmulo de generalidades sin estrategias, que cualquier político firmaría sin importar su procedencia partidista o ideológica. Lo que sí es claro es la posición definidamente neoliberal de Mockus, la cual aplicó en sus alcaldías (1995-97 y 2001-03).
Partidario de gravámenes generalizados, sin distingos de clases, así lo deja ver en su compromiso con Fajardo cuando anuncia que se proponen “asegurar el pago de impuestos justos y adecuados”. [5]
Está por verse cuan “justos y adecuados” serán las nuevas cargas que en un gobierno suyo se implementarían, ya que el ex alcalde no es ajeno a aceptar las exigencias que hacen los organismos de la banca internacional.
Y es conocida también su defensa de las privatizaciones de empresas estatales, con todas las secuelas que en materia de dilapidación del capital social acumulado en ellas tienen decisiones de esa naturaleza.
Por eso, la Unión Sindical Obrera, USO, le dirigió una carta en la que lo interroga sobre la propuesta de su compañero de fórmula, Sergio Fajardo, en el sentido de privatizar el 15% de Ecopetrol supuestamente para financiar planes de educación.
“Esta propuesta, además de ser contraria al interés nacional, demuestra la poca creatividad de su campaña, pues continúa con la política de privatización implementada por el gobierno de Uribe, que se inició con la autorización de la venta del 20% de Ecopetrol”, dice la USO en su carta. [6]
Luego de recordar que las transferencias generadas por Ecopetrol al Presupuesto Nacional en 2009 fueron nada menos que $18,66 billones, la USO le pide a la fórmula Mockus-Fajardo que explique “Lo que representaría para la nación la venta de un 15% adicional de Ecopetrol, puesto que en términos de rentabilidad social las utilidades futuras de ese 15% irían al bolsillo de los nuevos dueños y no para el beneficio del pueblo colombiano”. [7]
Mockus parece no desesperarse por las desigualdades sociales. Haciendo uso de una de las numerosas anécdotas con las que suele responder, hace poco recordó que no le importaría pagar sueldos millonarios a altos ejecutivos con tal de que éstos ayuden a generar empleos. [8]
El candidato verde desarrolla su campaña, en todo caso, mostrándose como el defensor de la legalidad, discurso desde el cual se pueden validar toda clase de acciones, hasta los atropellos cometidos por las leyes que aprueba la mayoría vocera de la clase dominante, como la nefasta reforma laboral de 2003 (Ley 789), que Mockus no cuestiona ni se propone modificar.
Tampoco incomodaron a Mockus los decretos de emergencia social expedidos por Uribe, que la Corte Constitucional declaró inexequibles (contrarios a la Carta Política) en la noche del viernes 16 de abril. Los consideró necesarios.
“Tocaba declarar la emergencia y tocaba buscar recursos frescos, tocaba ahorrar recursos… En su conjunto la acción es legítima, es necesaria”, respondió en una entrevista realizada por La W Radio. [9]
Luego de conocida la caída de esas normas, Mockus se solidarizó con el Gobierno y dijo que lo apoyaba en su propósito de llevar los decretos de emergencia tan nocivos para la salud de los colombianos al Congreso con el fin de que su bancada los apruebe prontamente. ¿Será esto corresponder al clamor nacional?
De su opción por los impuestos a toda costa no queda duda. En la entrevista referida lo patentó: “Hay que ir pensando de dónde va a salir esa plata [la de la salud] y esa plata sale necesariamente, en última instancia, de impuestos”. [10]
La posición frente a las desigualdades y las iniquidades es la línea que marca la diferencia entre la derecha, que las ve naturales e inevitables, y la izquierda, que las considera creadas por las clases dominantes y extinguibles por la acción de los movimientos sociales.
A Mockus no parecen desvelarlo esas desigualdades, no las cuestiona en sus raíces, para él simplemente existen y hay que hacer algo para contrarrestarlas.
Y para concluir, qué responde el candidato ante denuncias como la formulada por el investigador social Aurelio Suárez Montoya, para quien “generaciones de estudiantes de la Universidad Nacional pagan altas matrículas o soportan exclusión desde cuando Mockus ingenió el cobro escalonado”. [11]
Sería muy importante que Mockus resolviera interrogantes como los formulados en este artículo, y muchos otros, como la ausencia de propuestas ecológicas en una colectividad que se denomina, precisamente, Partido Verde.
No vaya a ser que el verde se quede solo en una presentación simbólica que atrae a muchas personas aferradas a una esperanza, pero que, sin embargo, no formulan preguntas porque quieren creer en alguien, aunque para ello sólo se atengan a sus sentimientos y no a sus razonamientos.
Notas
[1] Ver el discurso de Álvaro Uribe en: http://www.presidencia.gov.co/prensa_new/discursos/discursos2003/junio/ascenso.htm
[2] Así lo expuso en la entrevista con Yamit Amad, director del noticiero de televisión CM&, el 14 de abril de 2010.
[3] La Unión Hace la Fuerza, pacto de unión entre el Partido Verde y el movimiento Compromiso Ciudadano.
[4] Ver el artículo Los ‘Tres Mosqueteros’ al fin Encontraron Opción en el Centro, en:http://www.lasillavacia.com/historia/4214.
[5] La Unión Hace la Fuerza…
[6] Carta Pública de la Unión Sindical Obrera, USO, del 9 de abril de 2010, firmada por Germán Osman Mantilla e Isnardo Lozano Gómez, presidente y secretario general, respectivamente.
[7] Ibídem.
[8] Entrevista con Yamit Amad…
[9] Entrevista en La W Radio realizada el 11 de febrero de 2010.
[10] Entrevista en La W…
[11] Ver el artículo La Negra Historia de los ‘Verdes’, versión virtual, Bogotá, 6 de abril de 2010.
http://www.ajpl.nu/radio/index.php?option=com_content&view=article&id=756:mockus-mas-alla-de-los-mitos&catid=81:europe&Itemid=458
domingo, 20 de junio de 2010
viernes, 18 de junio de 2010
TODOS PONEN, POCOS GANAN
Propuestas electorales de Santos y Mockus
Juan Alberto Sánchez Marín
Antanas Mockus es una derecha a carta cabal, disimulada de centro y agazapada en lo que se ha dado en llamar “una ideología moderada”, lo que es un desatino más bien desmesurado.
Juan Manuel Santos, por su parte, es una derecha asumida sin tapujos “de los ricos, por los ricos y para los ricos” que, además, se ufana hasta el empalago de continuar la armazón de la extrema derecha de Álvaro Uribe.
En pocas palabras: En Mockus la derecha, con claro tinte de autoritarismo, "escuelismo", neoliberalismo, y unos cuantos ismos más igual de azarosos. En Santos, una derecha aún más a la diestra (por ende, más siniestra), que se debate entre los extremos desgraciados de la infalibilidad de Uribe y José Obdulio, y el culebreo oportunista del propio candidato.
Muy mal deben de andar las cosas en un país en el que lo esperanzador de una propuesta de gobierno es la sencilla promesa de respetar la Constitución y las leyes, algo inherente a una democracia y que es un supuesto que debería ser precepto para cualquier gobierno medianamente honorable.
Y donde lo reseñable de la otra es la falacia de una “unidad nacional” que sofríe en una misma sartén politiqueros, parapolíticos, hamPINnes (del Partido de Integración Nacional), ex presidentes caramboleros de Colombia y de la OEA y, claro está, al inevitable y próximo ex presidente y sus secuaces.
No hay que ser muy astuto para saber que Juan Manuel Santos es un buen vendedor de ilusiones. Apela y explota sin piedad las características malditas de unos ciudadanos (clientes, compradores) condenados a 200 años de vida republicana y de soledad, sí, dos veces los cien del ilustre García Márquez:
Desmemoria, olvido, atraso, ignorancia, ausencia de los servicios básicos y de todos los otros y de todo, son sólo algunos de esos elementos que, con el apoyo ya casi innecesario de la coacción, la amenaza y el chantaje, mueven la maquinaria continuista de Juan Manuel.
Como buen prestidigitador, jugador de póker, tramador de “falsos positivos” (asesinatos ciertos), urdidor de entelequias y otras picardías, Juan Manuel también miente sin empacho. Y ahí enreda al otro, a Mockus, un candidato que, cocinado en la salsa propia de mucha filosofía y matemáticas, y pocas nueces, procura vender a punta de verdades (más impuestos, por ejemplo) una gran mentira: la de un sistema que no apunta a transformar, modificar, o, por lo menos, revisar las estructuras fundamentales, sociales, políticas, económicas, de un país al que otra farsa, la de la seguridad democrática, no le ha frenado, no le frena, ni le frenará así nunca, la caída de culos al estanque.
Y la gran mayoría de los otros electores descastados, la clase media, la del voto de opinión, la que sigue los debates electorales por la televisión, lee la prensa y hasta inspecciona las secciones política o económica, tiene Internet en casa y se expresa gustosa en las encuestas, cree a Santos a pies juntillas. Incluso, se fanatiza y aguanta la idea de que el delfín de Uribe atacará la corrupción, significará progreso y sacará a flote, no se sabe de dónde ni con qué alientos, un talante reformista.
Peor aún, una buena parte de esa clase media, intelectual, pensante, de tanto ver la tele y leer El Tiempo, cree a ojos ciegos en la coherencia de Santos, entre lo que dice ahora y lo que hará después, como si la hubiera habido entre lo que hizo ayer y lo que hoy mismo dice que hizo.
Apenas la minoría pudiente y poderosa de Colombia, los pocos grandes grupos económicos, los parvos habitantes del estrato 6 y hacia arriba, hacen sus apuestas por ambos, no tienen pérdida, no corren riesgos. Con Santos ganan Ardila Lule y Sarmiento Angulo, con Mockus gana Santodomingo. Frente al país entero, con cara gano yo, con sello pierdes tú. Con Santos o con Mockus, siempre salen airosos.
Ellos, que son pocos, poquitos, poquísimos, en un país de inequidades, donde el 49,1% de los ingresos va a parar a las arcas del 10% más boyante, frente al 0,9% que se queda en el lado enjuto de los más miserables.
Miserables que creen que eligen presidente. Boyantes que saben bien que eligen candidatos a su talla y medida.
http://www.juanalbertosm.blogspot.com/
Juan Alberto Sánchez Marín
Antanas Mockus es una derecha a carta cabal, disimulada de centro y agazapada en lo que se ha dado en llamar “una ideología moderada”, lo que es un desatino más bien desmesurado.
Juan Manuel Santos, por su parte, es una derecha asumida sin tapujos “de los ricos, por los ricos y para los ricos” que, además, se ufana hasta el empalago de continuar la armazón de la extrema derecha de Álvaro Uribe.
En pocas palabras: En Mockus la derecha, con claro tinte de autoritarismo, "escuelismo", neoliberalismo, y unos cuantos ismos más igual de azarosos. En Santos, una derecha aún más a la diestra (por ende, más siniestra), que se debate entre los extremos desgraciados de la infalibilidad de Uribe y José Obdulio, y el culebreo oportunista del propio candidato.
Muy mal deben de andar las cosas en un país en el que lo esperanzador de una propuesta de gobierno es la sencilla promesa de respetar la Constitución y las leyes, algo inherente a una democracia y que es un supuesto que debería ser precepto para cualquier gobierno medianamente honorable.
Y donde lo reseñable de la otra es la falacia de una “unidad nacional” que sofríe en una misma sartén politiqueros, parapolíticos, hamPINnes (del Partido de Integración Nacional), ex presidentes caramboleros de Colombia y de la OEA y, claro está, al inevitable y próximo ex presidente y sus secuaces.
No hay que ser muy astuto para saber que Juan Manuel Santos es un buen vendedor de ilusiones. Apela y explota sin piedad las características malditas de unos ciudadanos (clientes, compradores) condenados a 200 años de vida republicana y de soledad, sí, dos veces los cien del ilustre García Márquez:
Desmemoria, olvido, atraso, ignorancia, ausencia de los servicios básicos y de todos los otros y de todo, son sólo algunos de esos elementos que, con el apoyo ya casi innecesario de la coacción, la amenaza y el chantaje, mueven la maquinaria continuista de Juan Manuel.
Como buen prestidigitador, jugador de póker, tramador de “falsos positivos” (asesinatos ciertos), urdidor de entelequias y otras picardías, Juan Manuel también miente sin empacho. Y ahí enreda al otro, a Mockus, un candidato que, cocinado en la salsa propia de mucha filosofía y matemáticas, y pocas nueces, procura vender a punta de verdades (más impuestos, por ejemplo) una gran mentira: la de un sistema que no apunta a transformar, modificar, o, por lo menos, revisar las estructuras fundamentales, sociales, políticas, económicas, de un país al que otra farsa, la de la seguridad democrática, no le ha frenado, no le frena, ni le frenará así nunca, la caída de culos al estanque.
Y la gran mayoría de los otros electores descastados, la clase media, la del voto de opinión, la que sigue los debates electorales por la televisión, lee la prensa y hasta inspecciona las secciones política o económica, tiene Internet en casa y se expresa gustosa en las encuestas, cree a Santos a pies juntillas. Incluso, se fanatiza y aguanta la idea de que el delfín de Uribe atacará la corrupción, significará progreso y sacará a flote, no se sabe de dónde ni con qué alientos, un talante reformista.
Peor aún, una buena parte de esa clase media, intelectual, pensante, de tanto ver la tele y leer El Tiempo, cree a ojos ciegos en la coherencia de Santos, entre lo que dice ahora y lo que hará después, como si la hubiera habido entre lo que hizo ayer y lo que hoy mismo dice que hizo.
Apenas la minoría pudiente y poderosa de Colombia, los pocos grandes grupos económicos, los parvos habitantes del estrato 6 y hacia arriba, hacen sus apuestas por ambos, no tienen pérdida, no corren riesgos. Con Santos ganan Ardila Lule y Sarmiento Angulo, con Mockus gana Santodomingo. Frente al país entero, con cara gano yo, con sello pierdes tú. Con Santos o con Mockus, siempre salen airosos.
Ellos, que son pocos, poquitos, poquísimos, en un país de inequidades, donde el 49,1% de los ingresos va a parar a las arcas del 10% más boyante, frente al 0,9% que se queda en el lado enjuto de los más miserables.
Miserables que creen que eligen presidente. Boyantes que saben bien que eligen candidatos a su talla y medida.
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jueves, 10 de junio de 2010
EL VOTO, EL MIEDO Y LA ESPERANZA
Por: César Rodríguez Garavito
"LA GENTE RESPONDE MÁS AL MIEDO QUE AL AMOR", dijo Richard Nixon hace tiempo, al explicar por qué sus campañas políticas buscaban sembrar dudas y temores en los electores.
Nixon sabía lo que decía. Al fin y al cabo, pasó a la historia como el padre del juego sucio, en el que andaba cuando lo cogieron con las manos en la masa espiando a sus rivales en el hotel Watergate.
Los gurúes de la estrategia política y la propaganda negra tienen clarísima la lección de Nixon: si no puedes convencer a tus votantes, asústalos. Por eso el miedo se coló en las elecciones presidenciales colombianas: el susto al “salto al vacío” que pregonan los jinetes del apocalipsis, esas fichas del Gobierno que pasan por columnistas independientes.
Los sorprendentes resultados de las elecciones del domingo ya han sido comentados por los analistas electorales de profesión. Que los primivotantes no salieron el domingo, explican. Que los verdes cometieron errores costosos, añaden. Y recuerdan que las maquinarias de la U están bien aceitadas, que el país sigue derechizado y que la popularidad de Uribe es más endosable de lo que se pensaba.
Tienen razón los comentaristas, pero creo que su explicación es incompleta. Yo, que no me dedico al análisis electoral sino al social, lanzo una hipótesis adicional: la estrategia del miedo funcionó en la primera vuelta. En las últimas semanas, mucha gente que iba a votar por Mockus simplemente se aculilló y cambió su candidato; o recordó el consejo popular de “ante la duda, abstente” y no salió a votar.
¿Miedo a qué? A los cocos que siguen eligiendo presidentes en Colombia. Pavor a las Farc, cuyo efecto perverso se cuenta no sólo en muertes y secuestros, sino en la perpetuación de una clase política corrupta. Recelo frente a Chávez, quien en su otoño patriarcal precisa colegas beligerantes en el vecindario que le ayuden a justificar su existencia. Recelo frente a lo desconocido, así sea absurdo, como los cuentos de horror sobre la pederastia o el ateísmo de los verdes.
El problema es que el temor es un pésimo consejero en la toma de decisiones, como lo han mostrado los psicólogos y los economistas. Por ejemplo, el trabajo clásico de Daniel Kahneman, que le valió el Nobel de Economía en 2002, muestra que los seres humanos tomamos opciones irracionales por miedo a perder algo y que nos importa mucho más no experimentar una pérdida que lograr una ganancia. Puesto en cristiano, la sabiduría popular ya lo había dicho: más vale malo conocido que bueno por conocer.
Los políticos tradicionales y sus estrategas saben esto muy bien. Por eso el miedo es la carta que se juegan en lances difíciles. Basta recordar cómo Bush logró la reelección de su lamentable gobierno asustando a los estadounidenses con la guerra de Irak. De hecho, la cultura política norteamericana está dominada por el temor, como lo ha mostrado el sociólogo Barry Glassner en un conocido libro, La cultura del miedo: por qué los estadounidenses les temen a las cosas equivocadas. La respuesta de Glassner a la pregunta del título es contundente: “porque aquellos que activan nuestras inseguridades morales, ganan con ello poder y riquezas inmensos”.
Los mercenarios de la angustia, los estrategas de la propaganda negra criolla, conocen todo esto de primera mano y son expertos en el arte de oprimir los botones del temor. Por eso, el miedo es una de las emociones decisivas en estas elecciones. También por eso la otra emoción clave es su único antídoto conocido: la esperanza. En últimas, las cifras de la segunda vuelta dependerán, al menos en parte, de si los indecisos votan asustados o esperanzados.
*Miembro fundador de Dejusticia (www.dejusticia.org).
http://www.elespectador.com/columna-206216-el-voto-el-miedo-y-esperanza
"LA GENTE RESPONDE MÁS AL MIEDO QUE AL AMOR", dijo Richard Nixon hace tiempo, al explicar por qué sus campañas políticas buscaban sembrar dudas y temores en los electores.
Nixon sabía lo que decía. Al fin y al cabo, pasó a la historia como el padre del juego sucio, en el que andaba cuando lo cogieron con las manos en la masa espiando a sus rivales en el hotel Watergate.
Los gurúes de la estrategia política y la propaganda negra tienen clarísima la lección de Nixon: si no puedes convencer a tus votantes, asústalos. Por eso el miedo se coló en las elecciones presidenciales colombianas: el susto al “salto al vacío” que pregonan los jinetes del apocalipsis, esas fichas del Gobierno que pasan por columnistas independientes.
Los sorprendentes resultados de las elecciones del domingo ya han sido comentados por los analistas electorales de profesión. Que los primivotantes no salieron el domingo, explican. Que los verdes cometieron errores costosos, añaden. Y recuerdan que las maquinarias de la U están bien aceitadas, que el país sigue derechizado y que la popularidad de Uribe es más endosable de lo que se pensaba.
Tienen razón los comentaristas, pero creo que su explicación es incompleta. Yo, que no me dedico al análisis electoral sino al social, lanzo una hipótesis adicional: la estrategia del miedo funcionó en la primera vuelta. En las últimas semanas, mucha gente que iba a votar por Mockus simplemente se aculilló y cambió su candidato; o recordó el consejo popular de “ante la duda, abstente” y no salió a votar.
¿Miedo a qué? A los cocos que siguen eligiendo presidentes en Colombia. Pavor a las Farc, cuyo efecto perverso se cuenta no sólo en muertes y secuestros, sino en la perpetuación de una clase política corrupta. Recelo frente a Chávez, quien en su otoño patriarcal precisa colegas beligerantes en el vecindario que le ayuden a justificar su existencia. Recelo frente a lo desconocido, así sea absurdo, como los cuentos de horror sobre la pederastia o el ateísmo de los verdes.
El problema es que el temor es un pésimo consejero en la toma de decisiones, como lo han mostrado los psicólogos y los economistas. Por ejemplo, el trabajo clásico de Daniel Kahneman, que le valió el Nobel de Economía en 2002, muestra que los seres humanos tomamos opciones irracionales por miedo a perder algo y que nos importa mucho más no experimentar una pérdida que lograr una ganancia. Puesto en cristiano, la sabiduría popular ya lo había dicho: más vale malo conocido que bueno por conocer.
Los políticos tradicionales y sus estrategas saben esto muy bien. Por eso el miedo es la carta que se juegan en lances difíciles. Basta recordar cómo Bush logró la reelección de su lamentable gobierno asustando a los estadounidenses con la guerra de Irak. De hecho, la cultura política norteamericana está dominada por el temor, como lo ha mostrado el sociólogo Barry Glassner en un conocido libro, La cultura del miedo: por qué los estadounidenses les temen a las cosas equivocadas. La respuesta de Glassner a la pregunta del título es contundente: “porque aquellos que activan nuestras inseguridades morales, ganan con ello poder y riquezas inmensos”.
Los mercenarios de la angustia, los estrategas de la propaganda negra criolla, conocen todo esto de primera mano y son expertos en el arte de oprimir los botones del temor. Por eso, el miedo es una de las emociones decisivas en estas elecciones. También por eso la otra emoción clave es su único antídoto conocido: la esperanza. En últimas, las cifras de la segunda vuelta dependerán, al menos en parte, de si los indecisos votan asustados o esperanzados.
*Miembro fundador de Dejusticia (www.dejusticia.org).
http://www.elespectador.com/columna-206216-el-voto-el-miedo-y-esperanza
VAYA UNO A SABER
AL PRINCIPIO PENSÉ QUE DETRÁS DE Uribe estaban “los que no se rinden” a la justicia colombiana: el general retirado Rito Alejo del Río —íntimo del Alemán—; el “héroe de Invercolsa”, Fernando Londoño, y el siniestro Plinio Apuleyo Mendoza.
No me equivocaba, pero la cosa era peor. Detrás del trono estaba —y está— José Obdulio Gaviria, ahora también al lado de Juan Manuel Santos. Así, la cosa era grave, pero más al fondo ya es siniestra: quien está detrás de todos los nombrados es J.J. Rendón, experto internacional en “rumorología”, es decir, en levantar y divulgar chismes y mentiras sobre una persona, un partido, un gremio. No tiene ningún escrúpulo. Inventa y echa a correr cualquier rumor que le sirva: que fulano es de las Farc, que zutano es marica, que perencejo es basuquero. Fabrica una imagen al destajo, la divulga y cobra por ello. Debe cobrar por kilos. Ahora entiendo por fin el origen de los correos que nos escriben entre otros a Felipe Zuleta, a Ramiro Bejarano y a mí, todos iguales y diciéndonos lo mismo: maricas, basuqueros, terroristas. Lo dicho: se originan en las mismas oficinas de donde se chuzan los teléfonos.
En 2007 hubo en el Congreso un debate sobre este bandido internacional citado por un pariente del Presidente, Nicolás Uribe. Wilson Borja lo acusó de vincular a Carlos Gaviria y a Carlos Lozano con las Farc; el malogrado Castro Caicedo sugirió que J.J. tenía relación con el atentado a Vargas Lleras; Manuel José Vives denunció la relación de Rendón con José Obdulio y con Bernardo Moreno. Las piezas casan. En 2007 era ministro de Defensa Santos y J.J. era asesor del Ministerio desde 2006. Por esos días el DAS hacía de las suyas con la llamada “inteligencia ofensiva”, que no es otra cosa que una de las técnicas del terrorismo de Estado. Más claro: detrás de todo el escabroso tema de las chuzadas del DAS —que llevan por la ley de la gravedad hasta el Palacio de Nariño— debe estar J.J., como está H.H. detrás de la masacre del Naya. Más al fondo, siendo asesor del Ministerio de Defensa, también puede ser el “inventor de la metodología” de los llamados falsos positivos, que son asesinatos a jóvenes desempleados. Pero J.J. no sólo montaba operativos de “guerra política” que son parte de ella, también creaba imágenes heroicas para lavarles la cara y las manos a las FF. AA. Y lo logró: los soldaditos empujándole el carro viejo a la señora sepultaban los muertos de Ocaña, la mano de Iván Ríos y el cuerpo en pijama de Reyes en Lago Agrio. Una de las consecuencias de esta transustanciación es que el país no sabe a ciencia cierta qué es una cosa y qué es otra, porque todas son imágenes mediáticas construidas ex profeso. El efecto champú. ¿Qué hay de cierto en las bajas de insurgentes que presentan los generales? ¿Qué hay de real en los avances militares de la tal Seguridad Democrática? ¿Son una imagen ad hoc o son reales? ¿Qué guerra se está ganando y contra quién? ¿El clima bélico que vive Colombia con Venezuela y con Ecuador es producto de una estrategia de la rumorología para ganar una campaña electoral, así como el Caguán fue el caballito de batalla de Uribe para llegar a la Presidencia y sostenerse ocho largos y sangrientos años? ¿Qué realidad estamos viviendo, la creada por J.J. y sus técnicas, o la creada por unos hechos cada vez más desconocidos? Y alargando el caletre, y ya metidos en el reino de la ficción: ¿No somos víctimas de una esquizofrenia elaborada a conciencia por la trinca J.J.-Santos-Uribe? ¿Qué país real nos deja Uribe y qué país imaginario nos van a crear si se elige Santos? ¿Y si no se elige llegará por fin la hecatombe? Corren ya rumores de que si gana Mockus, los militares darían un golpe. ¿Será Santos el mismísimo Uribe? ¿O J.J. será José Roberto Prieto Uribe, el nuevo gerente de la campaña Santos Presidente, que no se rinde a la Corte Suprema de Justicia escapándosele a un fallo por fraude judicial? Vaya uno a saber.
A propósito: los dirigentes campesinos de Suárez, donde hubo una masacre hace pocos días, recibieron la siguiente amenaza, que por el estilo hace pensar que cambiaron de redactores en la oficina donde las ordenan hacer: “Nomads ddhh cut sintra unicol cric pcn latoma buenos aires polo hp auxiliadores de las milicias los tenemos no vamos a fallar bere olachiqui diego escbar wilsom machet jose milciades felician valencia goyes emriq licifredi edwar recheche villegas senen plutarco ibestrujillo att aguilas negras nueva generac”.
fuente:http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/alfredo-molano-bravo/columna202147-vaya-uno-saber
No me equivocaba, pero la cosa era peor. Detrás del trono estaba —y está— José Obdulio Gaviria, ahora también al lado de Juan Manuel Santos. Así, la cosa era grave, pero más al fondo ya es siniestra: quien está detrás de todos los nombrados es J.J. Rendón, experto internacional en “rumorología”, es decir, en levantar y divulgar chismes y mentiras sobre una persona, un partido, un gremio. No tiene ningún escrúpulo. Inventa y echa a correr cualquier rumor que le sirva: que fulano es de las Farc, que zutano es marica, que perencejo es basuquero. Fabrica una imagen al destajo, la divulga y cobra por ello. Debe cobrar por kilos. Ahora entiendo por fin el origen de los correos que nos escriben entre otros a Felipe Zuleta, a Ramiro Bejarano y a mí, todos iguales y diciéndonos lo mismo: maricas, basuqueros, terroristas. Lo dicho: se originan en las mismas oficinas de donde se chuzan los teléfonos.
En 2007 hubo en el Congreso un debate sobre este bandido internacional citado por un pariente del Presidente, Nicolás Uribe. Wilson Borja lo acusó de vincular a Carlos Gaviria y a Carlos Lozano con las Farc; el malogrado Castro Caicedo sugirió que J.J. tenía relación con el atentado a Vargas Lleras; Manuel José Vives denunció la relación de Rendón con José Obdulio y con Bernardo Moreno. Las piezas casan. En 2007 era ministro de Defensa Santos y J.J. era asesor del Ministerio desde 2006. Por esos días el DAS hacía de las suyas con la llamada “inteligencia ofensiva”, que no es otra cosa que una de las técnicas del terrorismo de Estado. Más claro: detrás de todo el escabroso tema de las chuzadas del DAS —que llevan por la ley de la gravedad hasta el Palacio de Nariño— debe estar J.J., como está H.H. detrás de la masacre del Naya. Más al fondo, siendo asesor del Ministerio de Defensa, también puede ser el “inventor de la metodología” de los llamados falsos positivos, que son asesinatos a jóvenes desempleados. Pero J.J. no sólo montaba operativos de “guerra política” que son parte de ella, también creaba imágenes heroicas para lavarles la cara y las manos a las FF. AA. Y lo logró: los soldaditos empujándole el carro viejo a la señora sepultaban los muertos de Ocaña, la mano de Iván Ríos y el cuerpo en pijama de Reyes en Lago Agrio. Una de las consecuencias de esta transustanciación es que el país no sabe a ciencia cierta qué es una cosa y qué es otra, porque todas son imágenes mediáticas construidas ex profeso. El efecto champú. ¿Qué hay de cierto en las bajas de insurgentes que presentan los generales? ¿Qué hay de real en los avances militares de la tal Seguridad Democrática? ¿Son una imagen ad hoc o son reales? ¿Qué guerra se está ganando y contra quién? ¿El clima bélico que vive Colombia con Venezuela y con Ecuador es producto de una estrategia de la rumorología para ganar una campaña electoral, así como el Caguán fue el caballito de batalla de Uribe para llegar a la Presidencia y sostenerse ocho largos y sangrientos años? ¿Qué realidad estamos viviendo, la creada por J.J. y sus técnicas, o la creada por unos hechos cada vez más desconocidos? Y alargando el caletre, y ya metidos en el reino de la ficción: ¿No somos víctimas de una esquizofrenia elaborada a conciencia por la trinca J.J.-Santos-Uribe? ¿Qué país real nos deja Uribe y qué país imaginario nos van a crear si se elige Santos? ¿Y si no se elige llegará por fin la hecatombe? Corren ya rumores de que si gana Mockus, los militares darían un golpe. ¿Será Santos el mismísimo Uribe? ¿O J.J. será José Roberto Prieto Uribe, el nuevo gerente de la campaña Santos Presidente, que no se rinde a la Corte Suprema de Justicia escapándosele a un fallo por fraude judicial? Vaya uno a saber.
A propósito: los dirigentes campesinos de Suárez, donde hubo una masacre hace pocos días, recibieron la siguiente amenaza, que por el estilo hace pensar que cambiaron de redactores en la oficina donde las ordenan hacer: “Nomads ddhh cut sintra unicol cric pcn latoma buenos aires polo hp auxiliadores de las milicias los tenemos no vamos a fallar bere olachiqui diego escbar wilsom machet jose milciades felician valencia goyes emriq licifredi edwar recheche villegas senen plutarco ibestrujillo att aguilas negras nueva generac”.
fuente:http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/alfredo-molano-bravo/columna202147-vaya-uno-saber
DOS SUCESOS DE LA POLÍTICA
Con el inicio del mes de Junio de éste año la actualidad política ha traído consigo numerosos sucesos que dejan tras de sí enseñanzas de suma importancia. De no ser grandes parangones, por lo menos se puede hablar de elementos políticos que podrían marcar de manera considerable la manera de actuar y ver la política en un futuro próximo. Los dos sucesos a los que me refiero son disímiles en el espacio y en el ámbito de influencia al que atañen, pero dada su importancia y la manera en que ocurrieron tienen redes invisibles que sirven como ejes de argumentación transversal para alimentar la acción política de la ciudadanía colombiana. Hablo por supuesto de lo ocurrido en Israel y Colombia.
Pero ¿cómo relacionar temas tan dispares y de países en apariencia tan diferentes? La conexión no la he hecho voluntaria ni arbitrariamente. Por el contrario, el mérito de ésta conexión compete exclusivamente al tino político de la Senadora Piedad Córdoba. Fiel activista en defensa de los Derechos Humanos, en las salas del Congreso de La República de Colombia denunció el ataque israelí a la flotilla humanitaria.
Evidentemente este acto desproporcionado ha suscitado la reacción y una inagotable controversia con el Estado de Israel. En primer lugar –aquí el tejido que permite relacionar las dos realidades- un Estado definido por cruentas luchas contra las insurgencias y los terrorismos fundamentalistas, Estados de Seguridad que argumentan tesis altamente controversiales, empiezan a ser acusados justamente por activistas de Derechos Humanos y por instituciones internacionales y multilaterales como actos desproporcionados y violatorios de Derechos Fundamentales. No hace mucho que el propio presidente estadounidense, de ése entonces, -George Bush- proclamara la tesis del ataque preventivo; tesis misma que no ha dejado de mostrar su inconveniencia y una contradicción casi plena con los límites del Derecho internacional Humanitario. Estados como Israel y Colombia –con la tesis de la “persecución en caliente”- sostienen doctrinas similares que han puesto de nuevo la discusión sobre los límites de la soberanía de los Estados; los límites del uso legítimo de la fuerza; la legitimidad misma de la fuerza en acciones que no la requerirían (envuelto en el misterio el ataque a la flotilla todavía se sostiene de la parte Israelí que los activistas estaban armados, mientras el Estado Turco y organizaciones defensoras de Derechos Humanos reiteran el carácter netamente humanitario de la misión); y ha centrado de nuevo la discusión sobre el terrorismo ya no sólo como un monopolio propio de fundamentalistas religiosos fuera de occidente, sino que ha centrado la atención pública sobre el Terrorismo de Estado en países de occidente, donde la obsesión por la seguridad los lleva a legitimar lo ilegítimo: toda acción de terror contra civiles desarmados, toda acción de guerra desproporcionada violentando el DIH.
Claro que éste tema tiene que llamar la atención de la Sociedad Civil colombiana. Claro que el tema de los DDHH no puede dejarse de lado en ningún país del mundo, mucho menos en Colombia donde se hace necesario revitalizar la política de elementos fundamentales para la convivencia y la construcción de una patria distinta. Lamentablemente, en plenas elecciones éstos temas adquieren sólo relevancia tangencial –cuando para nuestro país deberían ser temas centrales-. Candidatos que se abanderan de la ética y de la unidad nacional hacen oídos sordos de ésta materia tan importante. Tan sólo ayer escuché a Antanas Mockus hablar de la inconveniencia (ética) del Acuerdo Humanitario, vindicando la tesis que Gustavo Petro sostuviera en su Facebook de que el candidato Verde usa un discurso fuerte contra el Polo, y un discurso de mano firme para hacerse con los votos del Uribismo blando. De Santos mejor ni hablar, ya se puede intuir –como candidato oficial- su postura frente al Acuerdo Humanitario. ¿y quién se preocupa de las víctimas?
Aquí saltamos directamente al segundo tema que ocasiona la reflexión. La coyuntura electoral: la Senadora Piedad Córdoba en el mismo discurso –reivindicando lo sostenido en el último Congreso Liberal- hablaba de la necesidad de revitalizar el Partido Liberal.
¿La propuesta? Cumplir con el sueño del doctor Gaitán de llevar el Partido a las masas: Una gran Constituyente Liberal. Así, Perpleja frente al arribismo político de la bancada liberal, la Senadora Córdoba y el sector gaitanista del partido, fiel al ideario socialdemócrata que profesan, tienen que defender su carácter de oposición y poner en cintura aquellos congresistas que hoy abandonan las toldas del Partido sin miramientos frente a los principios que los rigen. De todas maneras hay un sector digno en el Partido Liberal que quiere llevar al liberalismo por las sendas de la equidad y acercar a la colectividad a las masas. Que considera que reivindicar la importante necesidad de “la restauración moral y democrática de la república” es una prioridad en el país –sí, parece que antes de Mockus ya existía en la política colombiana un discurso ético y moral, que no estaba divorciado de las reivindicaciones sociales y la equidad-. Si se quiere buscar nuevas formas de hacer política bien podríamos mirar el pasado, bien se podría releer a Gaitán y al gran Uribe (el bueno, Rafael Uribe Uribe), bien se podría escuchar a la Senadora Piedad Córdoba y sus propuestas innovadoras, incluyentes y democráticas (quitándonos, claro está, el sesgo mediático de verla como aliada del terrorismo y como una aliada de Chávez, bien podríamos aceptar la oposición democráticamente y sin sectarismos, olvidando lo que se ha dicho falsamente de ella, dejando de creer que son los cuernos de Satán lo que lleva bajo el turbante y aceptándola como una Colombiana digna, justa y negra, como los grandes negros a los que nunca se han dignado a escuchar en este país las élites políticas). Así, parece existir una separación sumamente preocupante entre la realidad social y la campaña electoral.
En éstos días también fue noticia (parece que para los grandes medios no lo fue, ni mucho menos para los dos candidatos que van a segunda vuelta) el informe de la ONU sobre la pobreza en Colombia. Y digo que pasó sin pena ni gloria porque ninguno de los dos ha chistado media frase de preocupación por las alarmantes cifras. Éste también debería ser un tema de discusión e incumbencia nacional que lamentablemente pasa de largo. Es lamentable que las únicas tres candidaturas que ofrecían soluciones a éste tema y lo consideraban central hayan quedado fuera de toda discusión, siendo particularmente el candidato amarillo, satanizados. Me refiero claro está a los candidatos Gustavo Petro, Araujo y Rafael Pardo.
Hay otros elementos sin los cuales no quiero finalizar esta sencilla reflexión. Creo importante que hoy se hable de corrupción como un enemigo de lo político y que su finalización se considere un objetivo de vital importancia para la Política. Lo que realmente es preocupante es que considero que el abanderado de la lucha contra la corrupción tiene nociones sumamente sesgadas al respecto. Consideremos lo siguiente para aumentar la reflexión:
Primero, toda ética democrática en contra de la corrupción no se puede considerar única y excluyente frente a otras visiones que alimenten –democráticamente y mediante el diálogo- una lucha que tiene que avocar a toda la sociedad colombiana. En segundo lugar, que la discusión partidista y democrática, y, que la negociación no son sinónimos de corrupción, que la política no implica un escenario altamente negativo, sino que por el contrario hay que rescatar la política y llevarla al seno de la ciudadanía, es decir, ser más políticos. Contrario a lo que hoy se argumenta en el partido verde, las democracias modernas se alimentan del dialogo y de concesiones que no afecten principios fundamentales; posiciones altamente sectarias pueden derivar en políticas altamente autocráticas, autoritarias y sumamente violentas. Tercero, que en un país con inequidades tan grandes como Colombia no se puede hablar de ética por un lado, y deslegitimar a partidos que piensan que la equidad social es una prioridad, una prioridad también ética.
Espero que estos temas expuestos sirvan para alimentar una noción distinta de la ética y de la política. Que nuevamente ponga el centro de la discusión no sólo en los medios (dinero y Ley) para alcanzar los objetivos sociales del Estado Colombiano (objetivos constitucionales, no se les olvide), sino que le dé su justo escenario a aquellos fines esenciales del Estado.
-Mientras escribo estas letras leo en el espectador que la Senadora Piedad, frente al futuro que se prevé con los dos candidatos, ha pedido al Presidente Uribe apostar por el Acuerdo Humanitario.
POR: BENDER
Pero ¿cómo relacionar temas tan dispares y de países en apariencia tan diferentes? La conexión no la he hecho voluntaria ni arbitrariamente. Por el contrario, el mérito de ésta conexión compete exclusivamente al tino político de la Senadora Piedad Córdoba. Fiel activista en defensa de los Derechos Humanos, en las salas del Congreso de La República de Colombia denunció el ataque israelí a la flotilla humanitaria.
Evidentemente este acto desproporcionado ha suscitado la reacción y una inagotable controversia con el Estado de Israel. En primer lugar –aquí el tejido que permite relacionar las dos realidades- un Estado definido por cruentas luchas contra las insurgencias y los terrorismos fundamentalistas, Estados de Seguridad que argumentan tesis altamente controversiales, empiezan a ser acusados justamente por activistas de Derechos Humanos y por instituciones internacionales y multilaterales como actos desproporcionados y violatorios de Derechos Fundamentales. No hace mucho que el propio presidente estadounidense, de ése entonces, -George Bush- proclamara la tesis del ataque preventivo; tesis misma que no ha dejado de mostrar su inconveniencia y una contradicción casi plena con los límites del Derecho internacional Humanitario. Estados como Israel y Colombia –con la tesis de la “persecución en caliente”- sostienen doctrinas similares que han puesto de nuevo la discusión sobre los límites de la soberanía de los Estados; los límites del uso legítimo de la fuerza; la legitimidad misma de la fuerza en acciones que no la requerirían (envuelto en el misterio el ataque a la flotilla todavía se sostiene de la parte Israelí que los activistas estaban armados, mientras el Estado Turco y organizaciones defensoras de Derechos Humanos reiteran el carácter netamente humanitario de la misión); y ha centrado de nuevo la discusión sobre el terrorismo ya no sólo como un monopolio propio de fundamentalistas religiosos fuera de occidente, sino que ha centrado la atención pública sobre el Terrorismo de Estado en países de occidente, donde la obsesión por la seguridad los lleva a legitimar lo ilegítimo: toda acción de terror contra civiles desarmados, toda acción de guerra desproporcionada violentando el DIH.
Claro que éste tema tiene que llamar la atención de la Sociedad Civil colombiana. Claro que el tema de los DDHH no puede dejarse de lado en ningún país del mundo, mucho menos en Colombia donde se hace necesario revitalizar la política de elementos fundamentales para la convivencia y la construcción de una patria distinta. Lamentablemente, en plenas elecciones éstos temas adquieren sólo relevancia tangencial –cuando para nuestro país deberían ser temas centrales-. Candidatos que se abanderan de la ética y de la unidad nacional hacen oídos sordos de ésta materia tan importante. Tan sólo ayer escuché a Antanas Mockus hablar de la inconveniencia (ética) del Acuerdo Humanitario, vindicando la tesis que Gustavo Petro sostuviera en su Facebook de que el candidato Verde usa un discurso fuerte contra el Polo, y un discurso de mano firme para hacerse con los votos del Uribismo blando. De Santos mejor ni hablar, ya se puede intuir –como candidato oficial- su postura frente al Acuerdo Humanitario. ¿y quién se preocupa de las víctimas?
Aquí saltamos directamente al segundo tema que ocasiona la reflexión. La coyuntura electoral: la Senadora Piedad Córdoba en el mismo discurso –reivindicando lo sostenido en el último Congreso Liberal- hablaba de la necesidad de revitalizar el Partido Liberal.
¿La propuesta? Cumplir con el sueño del doctor Gaitán de llevar el Partido a las masas: Una gran Constituyente Liberal. Así, Perpleja frente al arribismo político de la bancada liberal, la Senadora Córdoba y el sector gaitanista del partido, fiel al ideario socialdemócrata que profesan, tienen que defender su carácter de oposición y poner en cintura aquellos congresistas que hoy abandonan las toldas del Partido sin miramientos frente a los principios que los rigen. De todas maneras hay un sector digno en el Partido Liberal que quiere llevar al liberalismo por las sendas de la equidad y acercar a la colectividad a las masas. Que considera que reivindicar la importante necesidad de “la restauración moral y democrática de la república” es una prioridad en el país –sí, parece que antes de Mockus ya existía en la política colombiana un discurso ético y moral, que no estaba divorciado de las reivindicaciones sociales y la equidad-. Si se quiere buscar nuevas formas de hacer política bien podríamos mirar el pasado, bien se podría releer a Gaitán y al gran Uribe (el bueno, Rafael Uribe Uribe), bien se podría escuchar a la Senadora Piedad Córdoba y sus propuestas innovadoras, incluyentes y democráticas (quitándonos, claro está, el sesgo mediático de verla como aliada del terrorismo y como una aliada de Chávez, bien podríamos aceptar la oposición democráticamente y sin sectarismos, olvidando lo que se ha dicho falsamente de ella, dejando de creer que son los cuernos de Satán lo que lleva bajo el turbante y aceptándola como una Colombiana digna, justa y negra, como los grandes negros a los que nunca se han dignado a escuchar en este país las élites políticas). Así, parece existir una separación sumamente preocupante entre la realidad social y la campaña electoral.
En éstos días también fue noticia (parece que para los grandes medios no lo fue, ni mucho menos para los dos candidatos que van a segunda vuelta) el informe de la ONU sobre la pobreza en Colombia. Y digo que pasó sin pena ni gloria porque ninguno de los dos ha chistado media frase de preocupación por las alarmantes cifras. Éste también debería ser un tema de discusión e incumbencia nacional que lamentablemente pasa de largo. Es lamentable que las únicas tres candidaturas que ofrecían soluciones a éste tema y lo consideraban central hayan quedado fuera de toda discusión, siendo particularmente el candidato amarillo, satanizados. Me refiero claro está a los candidatos Gustavo Petro, Araujo y Rafael Pardo.
Hay otros elementos sin los cuales no quiero finalizar esta sencilla reflexión. Creo importante que hoy se hable de corrupción como un enemigo de lo político y que su finalización se considere un objetivo de vital importancia para la Política. Lo que realmente es preocupante es que considero que el abanderado de la lucha contra la corrupción tiene nociones sumamente sesgadas al respecto. Consideremos lo siguiente para aumentar la reflexión:
Primero, toda ética democrática en contra de la corrupción no se puede considerar única y excluyente frente a otras visiones que alimenten –democráticamente y mediante el diálogo- una lucha que tiene que avocar a toda la sociedad colombiana. En segundo lugar, que la discusión partidista y democrática, y, que la negociación no son sinónimos de corrupción, que la política no implica un escenario altamente negativo, sino que por el contrario hay que rescatar la política y llevarla al seno de la ciudadanía, es decir, ser más políticos. Contrario a lo que hoy se argumenta en el partido verde, las democracias modernas se alimentan del dialogo y de concesiones que no afecten principios fundamentales; posiciones altamente sectarias pueden derivar en políticas altamente autocráticas, autoritarias y sumamente violentas. Tercero, que en un país con inequidades tan grandes como Colombia no se puede hablar de ética por un lado, y deslegitimar a partidos que piensan que la equidad social es una prioridad, una prioridad también ética.
Espero que estos temas expuestos sirvan para alimentar una noción distinta de la ética y de la política. Que nuevamente ponga el centro de la discusión no sólo en los medios (dinero y Ley) para alcanzar los objetivos sociales del Estado Colombiano (objetivos constitucionales, no se les olvide), sino que le dé su justo escenario a aquellos fines esenciales del Estado.
-Mientras escribo estas letras leo en el espectador que la Senadora Piedad, frente al futuro que se prevé con los dos candidatos, ha pedido al Presidente Uribe apostar por el Acuerdo Humanitario.
POR: BENDER
Defendiendo la Abstención Activa
En estas elecciones tan polémicas, dónde el país se ha dividido en dos grandes personalismos, he sido increpado por mi decisión honesta y democrática de tomar una vía alterna: la abstención. ¿El argumento? No sólo hay uno, existen varios. El primero de todos lo vengo escuchando incluso con anterioridad a la coyuntura electorera actual, otros sólo los he escuchado –y he sido víctima de ellos- en éstas elecciones, es decir, parece ser un argumento meramente coyuntural. El primero que mencioné afirma que quien se abstiene de votar pierde poder de decisión, es antidemocrático y permite que otros decidan por él. Argumento notablemente contradictorio, fundamentalmente porque toda democracia representativa implica enajenar el poder popular, el poder de decisión mediante un fetiche particular: el sufragio. Votar es, entonces, transferir el poder de decisión propio y entregarlo a un tercero, a un representante. Supone erróneamente que con el voto se agota la participación política, restringe la capacidad colectiva de acción política y legitima un ideal político que -a mi modo de ver es incorrecto- excluye de la ciudadanía la obligación moral de ser un ente de control de la acción gubernamental y disminuye su capacidad política, en definitiva, establece una idealización del voto que reduce la democracia y la política a un mero acto de elección cuatrienal.
Pero debido al contexto y al tono que ha adquirido la contienda política aparecen nuevos argumentos: que con la abstención se apoya la deshonestidad, que es entreguismo político, que es complicidad con gobiernos corruptos futuros, que implica el apoyo a la ilegalidad, que con ésta se apoya un gobierno extranjero, en fin, varios tópicos que en vez de hacer un llamado a la conciencia lo que implican es un llamado al miedo y la etiquetación de las personas como “terroristas”, ”bandidos”, “corruptos” y otros apelativos claramente ofensivos. Estos llamados para conseguir votos adolecen de un grave problema antidemocrático: satanizan el pensamiento diferente.
El problema del maniqueísmo político deja consigo muchas enseñanzas históricas, entre ellas, que antes del advenimiento de gobiernos totalitarios, autocráticos y autoritarios se ha recorrido siempre el camino de la ofensa y la división entre un grupo “elegido y bueno” y un “otro” definido siempre como el enemigo que debe ser sistemáticamente eliminado –no simplemente físicamente, también mental y simbólicamente-. Léase esta columna no sólo como una defensa de la abstención activa y como una posición, legítimamente democrática, de acción política –que lo es-; sino también como una defensa del pensamiento diferente y como una alerta contra todo tipo de maniqueísmo político que puede derivar en un holocausto lamentable. Pero la división y la polarización política no es el único efecto de las tesis coyunturales manejadas hoy día para atraer votos, éstas también se alimentan y defienden una idea de política y democracia restrictiva. Casualmente la misma denunciada en el primer párrafo.
Amigos opositores al uribismo ponen en duda mi carácter de opositor. Afirman que al no apoyar a Mockus me estoy entregando a Santos, que estoy legitimando la corrupción y la violencia. ¡Argumento falaz y grosero! Respeto totalmente su posición de apoyar a un candidato como el mejor o como “el mal menor”, pero no la comparto en esta coyuntura. El Senador Jorge Robledo y el Representante a la Cámara Navas Talero –grandes enemigos de la corrupción, por lo que el argumento anti/abstencionista no se sostiene-, fueron los primeros (seguidos por la Senadora Piedad Córdoba) en denunciar la coyuntura política como incompatible con grandes principios de sus partidos. A mi entender esta elección plantea algo así como un Frente Nacional neoliberal: no me siento representado por ninguno de los dos candidatos ni en sus políticas ni en sus filosofías. Pese a ello, respeté la decisión del PDA de presentar una carta para un acuerdo programático a Mockus –decisión no sólo polémica dentro de las toldas del partido, sino además, una decisión noble luego de la satanización de la que fueron víctimas por parte del candidato verde-, posición que fue rechazada como todos los lectores y lectoras deben saber; así también respeté la posición de algunos liberales de oposición al apoyar a Mockus.
Por otro lado, creo firmemente en una política comprometida, en la defensa de mis ideales y en la acción política que se vindica a diario; que se hace real y concreta, no solamente en las grandes salas de los Poderes Públicos, sino que también la acción política y colectiva tiene que ser cotidiana. Que todo régimen democrático requiere no sólo la acción sufragista, que la representatividad tiene un límite y que los vacíos que deja sólo pueden ser llenados mediante la acción política cotidiana. Creo que existe una oposición más digna que la de apoyar un candidato que ha sido impuesto mediáticamente a la opinión pública, creo que la política está más allá de una decisión cada cuatro años y mucho más lejana de las oscuras intenciones con las que las encuestas deciden con anterioridad a las mismas elecciones. Creo que los candidatos no pueden ser impuestos a la opinión pública so pretexto del apoyo a la corrupción, al terrorismo y apelando al miedo.
Espero que todas aquellas personas que han rechazado mi posición tengan también la entereza de defender sus ideales –cualesquiera éstos sean- luego que su candidato gane o pierda; que se hagan partícipes de la vida política exigiendo a los políticos por quienes votaron que cumplan con el mandato que se les ha delegado y, que en caso de que el candidato de sus preferencias pierda, también sigan en una actitud política activa, demandando y exigiendo por el bien de la patria. Creamos en la participación ciudadana como un elemento indispensable de la democracia y desacralicemos la institución del voto que –siendo importante- es claramente insuficiente.
Por: Bender
Pero debido al contexto y al tono que ha adquirido la contienda política aparecen nuevos argumentos: que con la abstención se apoya la deshonestidad, que es entreguismo político, que es complicidad con gobiernos corruptos futuros, que implica el apoyo a la ilegalidad, que con ésta se apoya un gobierno extranjero, en fin, varios tópicos que en vez de hacer un llamado a la conciencia lo que implican es un llamado al miedo y la etiquetación de las personas como “terroristas”, ”bandidos”, “corruptos” y otros apelativos claramente ofensivos. Estos llamados para conseguir votos adolecen de un grave problema antidemocrático: satanizan el pensamiento diferente.
El problema del maniqueísmo político deja consigo muchas enseñanzas históricas, entre ellas, que antes del advenimiento de gobiernos totalitarios, autocráticos y autoritarios se ha recorrido siempre el camino de la ofensa y la división entre un grupo “elegido y bueno” y un “otro” definido siempre como el enemigo que debe ser sistemáticamente eliminado –no simplemente físicamente, también mental y simbólicamente-. Léase esta columna no sólo como una defensa de la abstención activa y como una posición, legítimamente democrática, de acción política –que lo es-; sino también como una defensa del pensamiento diferente y como una alerta contra todo tipo de maniqueísmo político que puede derivar en un holocausto lamentable. Pero la división y la polarización política no es el único efecto de las tesis coyunturales manejadas hoy día para atraer votos, éstas también se alimentan y defienden una idea de política y democracia restrictiva. Casualmente la misma denunciada en el primer párrafo.
Amigos opositores al uribismo ponen en duda mi carácter de opositor. Afirman que al no apoyar a Mockus me estoy entregando a Santos, que estoy legitimando la corrupción y la violencia. ¡Argumento falaz y grosero! Respeto totalmente su posición de apoyar a un candidato como el mejor o como “el mal menor”, pero no la comparto en esta coyuntura. El Senador Jorge Robledo y el Representante a la Cámara Navas Talero –grandes enemigos de la corrupción, por lo que el argumento anti/abstencionista no se sostiene-, fueron los primeros (seguidos por la Senadora Piedad Córdoba) en denunciar la coyuntura política como incompatible con grandes principios de sus partidos. A mi entender esta elección plantea algo así como un Frente Nacional neoliberal: no me siento representado por ninguno de los dos candidatos ni en sus políticas ni en sus filosofías. Pese a ello, respeté la decisión del PDA de presentar una carta para un acuerdo programático a Mockus –decisión no sólo polémica dentro de las toldas del partido, sino además, una decisión noble luego de la satanización de la que fueron víctimas por parte del candidato verde-, posición que fue rechazada como todos los lectores y lectoras deben saber; así también respeté la posición de algunos liberales de oposición al apoyar a Mockus.
Por otro lado, creo firmemente en una política comprometida, en la defensa de mis ideales y en la acción política que se vindica a diario; que se hace real y concreta, no solamente en las grandes salas de los Poderes Públicos, sino que también la acción política y colectiva tiene que ser cotidiana. Que todo régimen democrático requiere no sólo la acción sufragista, que la representatividad tiene un límite y que los vacíos que deja sólo pueden ser llenados mediante la acción política cotidiana. Creo que existe una oposición más digna que la de apoyar un candidato que ha sido impuesto mediáticamente a la opinión pública, creo que la política está más allá de una decisión cada cuatro años y mucho más lejana de las oscuras intenciones con las que las encuestas deciden con anterioridad a las mismas elecciones. Creo que los candidatos no pueden ser impuestos a la opinión pública so pretexto del apoyo a la corrupción, al terrorismo y apelando al miedo.
Espero que todas aquellas personas que han rechazado mi posición tengan también la entereza de defender sus ideales –cualesquiera éstos sean- luego que su candidato gane o pierda; que se hagan partícipes de la vida política exigiendo a los políticos por quienes votaron que cumplan con el mandato que se les ha delegado y, que en caso de que el candidato de sus preferencias pierda, también sigan en una actitud política activa, demandando y exigiendo por el bien de la patria. Creamos en la participación ciudadana como un elemento indispensable de la democracia y desacralicemos la institución del voto que –siendo importante- es claramente insuficiente.
Por: Bender
miércoles, 9 de junio de 2010
¿Por qué es importante Aranguren para el Presidente?
Me hice, una y otra vez, esta pregunta la semana pasada al ver la impresionante arremetida del presidente Uribe contra la justicia. Primero acusó a los altos tribunales de presionar la detención de Mario Aranguren y luego se sacó de la manga una temeraria denuncia contra la jueza Jenny Jiménez, quien había ordenado la reclusión del director de la Uiaf.
Recordé que actitudes similares había tenido cuando se consolidó el proceso contra Jorge Noguera, director del DAS; en el momento en que se hizo inminente la orden de captura contra el senador Mario Uribe Escobar por 'parapolítica'; y con ocasión del proceso a Yidis Medina por el delito de cohecho en el trámite de la ley que dio vía libre a la primera reelección.
Me puse a examinar los momentos en que han ocurrido estos episodios de enfrentamiento agudo con la justicia y el papel que juegan las personas que suscitan la controversia, y saqué dos conclusiones fundamentales: han ocurrido en las dos crisis del gobierno de Uribe y los personajes que defiende son de su círculo más cercano y conocen al dedillo acciones indebidas fraguadas en el Palacio de Nariño.
La primera gran crisis de la coalición de gobierno se dio a finales del año 2007 y a principios del 2008. El 27 de septiembre del 2007, la Corte Suprema de Justicia llama a indagatoria a Mario Uribe y el 22 de abril del 2008 se expide la orden de captura; es el momento culmen de las investigaciones por 'parapolítica'. El 16 de noviembre del 2007 es destituido e inhabilitado por 16 años Jorge Noguera. El 25 de abril del 2008 la Corte Suprema dicta auto de detención contra Yidis Medina. En esos meses se dio también la ruptura de las negociaciones entre el Gobierno y los paramilitares y una andanada de acusaciones mutuas que develaban negociaciones debajo de la mesa y escabrosas promesas incumplidas a última hora.
Fue en ese tiempo en el que se gestó el complot contra el magistrado Iván Velásquez, principal investigador de la 'parapolítica', en el cual resultaron involucrados alias 'Tasmania', Mario Uribe Escobar y Santiago Uribe, hermano del Presidente. En esos meses se produjeron, igualmente, las tres visitas al Palacio de Nariño de Antonio López, alias 'Job', para entregar información que permitiera enlodar a la Corte Suprema. Y, según la Fiscalía, es también el periodo en que se realiza la reunión entre funcionarios del DAS y la Uiaf con Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria y César Mauricio Velásquez para organizar o perfeccionar las interceptaciones telefónicas y el espionaje a la vida y a las cuentas de magistrados, periodistas y miembros de la oposición.
La segunda gran crisis del uribismo se ha producido en estos primeros meses del 2010 con la caída del referendo que buscaba autorizar la segunda reelección; el proceso judicial contra los promotores de la iniciativa; la declaratoria de inexequibilidad de buena parte de las medidas de la emergencia social; la medida de aseguramiento contra Mario Aranguren, director de la Uiaf; las acusaciones del mayor Meneses, que ubican a Santiago Uribe como miembro del grupo paramilitar denominado los 12 apóstoles; y la conformación de un gran movimiento de opinión encabezado por Antanas Mockus, que reclama angustiosamente restaurar la legalidad y limpiar las instituciones colombianas de la aberrante corrupción en que se han hundido.
De la primera crisis el uribismo salió avante con la extradición de los 14 jefes paramilitares y la seguidilla de golpes a las Farc que culminaron en la deslumbrante 'Operación Jaque'. Las aguas se calmaron por un tiempo. La segunda crisis empezaron a superarla con el triunfo de Juan Manuel Santos en la primera vuelta y aspiran a conjurarla definitivamente con la instauración de un "Gobierno de Unidad Nacional" que debilite o anule a la oposición política y con una reforma de la justicia que coloque a la Fiscalía bajo el mando del Presidente y ponga una mordaza de hierro a las cortes.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/lenvalencia/por-que-es-importante-aranguren-para-el-presidente_7744675-1
Recordé que actitudes similares había tenido cuando se consolidó el proceso contra Jorge Noguera, director del DAS; en el momento en que se hizo inminente la orden de captura contra el senador Mario Uribe Escobar por 'parapolítica'; y con ocasión del proceso a Yidis Medina por el delito de cohecho en el trámite de la ley que dio vía libre a la primera reelección.
Me puse a examinar los momentos en que han ocurrido estos episodios de enfrentamiento agudo con la justicia y el papel que juegan las personas que suscitan la controversia, y saqué dos conclusiones fundamentales: han ocurrido en las dos crisis del gobierno de Uribe y los personajes que defiende son de su círculo más cercano y conocen al dedillo acciones indebidas fraguadas en el Palacio de Nariño.
La primera gran crisis de la coalición de gobierno se dio a finales del año 2007 y a principios del 2008. El 27 de septiembre del 2007, la Corte Suprema de Justicia llama a indagatoria a Mario Uribe y el 22 de abril del 2008 se expide la orden de captura; es el momento culmen de las investigaciones por 'parapolítica'. El 16 de noviembre del 2007 es destituido e inhabilitado por 16 años Jorge Noguera. El 25 de abril del 2008 la Corte Suprema dicta auto de detención contra Yidis Medina. En esos meses se dio también la ruptura de las negociaciones entre el Gobierno y los paramilitares y una andanada de acusaciones mutuas que develaban negociaciones debajo de la mesa y escabrosas promesas incumplidas a última hora.
Fue en ese tiempo en el que se gestó el complot contra el magistrado Iván Velásquez, principal investigador de la 'parapolítica', en el cual resultaron involucrados alias 'Tasmania', Mario Uribe Escobar y Santiago Uribe, hermano del Presidente. En esos meses se produjeron, igualmente, las tres visitas al Palacio de Nariño de Antonio López, alias 'Job', para entregar información que permitiera enlodar a la Corte Suprema. Y, según la Fiscalía, es también el periodo en que se realiza la reunión entre funcionarios del DAS y la Uiaf con Bernardo Moreno, José Obdulio Gaviria y César Mauricio Velásquez para organizar o perfeccionar las interceptaciones telefónicas y el espionaje a la vida y a las cuentas de magistrados, periodistas y miembros de la oposición.
La segunda gran crisis del uribismo se ha producido en estos primeros meses del 2010 con la caída del referendo que buscaba autorizar la segunda reelección; el proceso judicial contra los promotores de la iniciativa; la declaratoria de inexequibilidad de buena parte de las medidas de la emergencia social; la medida de aseguramiento contra Mario Aranguren, director de la Uiaf; las acusaciones del mayor Meneses, que ubican a Santiago Uribe como miembro del grupo paramilitar denominado los 12 apóstoles; y la conformación de un gran movimiento de opinión encabezado por Antanas Mockus, que reclama angustiosamente restaurar la legalidad y limpiar las instituciones colombianas de la aberrante corrupción en que se han hundido.
De la primera crisis el uribismo salió avante con la extradición de los 14 jefes paramilitares y la seguidilla de golpes a las Farc que culminaron en la deslumbrante 'Operación Jaque'. Las aguas se calmaron por un tiempo. La segunda crisis empezaron a superarla con el triunfo de Juan Manuel Santos en la primera vuelta y aspiran a conjurarla definitivamente con la instauración de un "Gobierno de Unidad Nacional" que debilite o anule a la oposición política y con una reforma de la justicia que coloque a la Fiscalía bajo el mando del Presidente y ponga una mordaza de hierro a las cortes.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia
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